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GLOBOECONOMÍA Los productores de petróleo pierden el control de los precios
domingo, 8 de noviembre de 2015
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Expansión - Madrid

Durante buena parte de la Edad del Petróleo, los productores han intentado controlar su precio. Desde la década de los años veinte, esa estrategia estuvo coordinada por la Comisión de Ferrocarriles de Texas, que contaba con el respaldo de otros estados de Estados Unidos y del Gobierno central. A partir de los años setenta, fueron los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) los que asumieron el control.

La caída del precio del crudo desde el verano de 2014 ha dejado claro que nadie puede ejercer un control sobre el mercado de crudo.

La combinación de progreso tecnológico, protagonizado por el espectacular éxito de la producción de hidrocarburos no convencionales en Estados Unidos en los últimos cinco años, la preocupación sobre la ralentización de China y otras economías emergentes y el cambio de estrategia de Arabia Saudí, el principal exportador de crudo del mundo, ha provocado un excedente de petróleo que a su vez ha llevado a una caída de los precios superior a 50%.

Por ahora por lo menos, los precios dependen más de los factores del mercado que de las decisiones políticas, algo que inquieta a todas las partes implicadas, desde Houston a Riad. No obstante, no podemos decir que esta situación no tenga precedentes.

Aunque no ha habido ninguna ocasión en la que hayan coincidido las mismas circunstancias que se dan ahora mismo en los mercados, el pasado nos puede dar algunas pistas sobre lo que puede ocurrir en el futuro.

Los ejemplos anteriores
El último colapso de los precios del crudo ocurrió hace sólo siete años. La caída de Lehman Brothers en 2008 y la consiguiente crisis financiera provocaron una caída en picado de los precios del petróleo. No obstante, en aquella ocasión las caídas no duraron mucho. Aunque los precios llegaron a estar por debajo de los US$37 el barril en diciembre de 2008, el Brent ya superaba los US$70 el barril en junio de 2009.

En lo que respecta a la demanda, 2015 se asemeja bastante a 2009. Hace seis años, la rápida recuperación del crecimiento en China, tras una breve crisis a finales de 2008 y principios de 2009, propició la subida de los precios. De igual forma, este año, el crecimiento de la demanda de crudo en China ha sido sólido, aunque todo apunta a una ralentización.

Lo que ha cambiado en esta ocasión es la oferta. En 2008, la OPEP decidió tomar cartas en el asunto, recortando su producción en 4,2 millones de barriles diarios en tres fases de septiembre a diciembre, lo que supuso la mayor reducción de su historia que, a su vez, ayudó a estabilizar los precios.

Aunque la capacidad del cártel de controlar los mercados de petróleo suele exagerarse, está claro que su intervención en 2008 tuvo un impacto significativo. Cuando sus ministros se reunieron en Viena el 27 de noviembre del año pasado, coincidiendo con una de las caídas de los precios más importantes, aseguraron que su influencia había alcanzado sus límites.

Su decisión de no modificar la producción pone el sello a una política ya anunciada meses atrás por Arabia Saudí, el miembro más influyente del clan. Como explicó en diciembre del año pasado Ali al-Naimi, el ministro saudí de petróleo, un recorte en la producción de la Opep, que en ese caso hacía más referencia a la producción saudí, habría propiciado un aumento de la cuota de mercado del shale en Estados Unidos.

El precedente más claro para la estrategia de Naimi es la política adoptada por Sheikh Ahmed Zaki Yamani, su antecesor en el cargo, que decidió aumentar la producción entre 1985 y 1986 después de recortarla durante los cinco años anteriores para evitar una caída en picado de los precios.

El crudo cayó en 1986 y el mundo entró en una etapa de bajos precios que se prolongó hasta los años 2000.

Otro paralelismo con la situación que vivimos ahora mismo fue el aumento de la producción de los países no pertenecientes a la Opep. El equivalente del boom de hidrocarburos no convencionales de esta década fue la apertura de dos zonas de explotación muy importantes: el Mar del Norte y Alaska.

El desarrollo de estas zonas, que tenían costes muy elevados en comparación con los de los yacimientos de Oriente Medio, se hizo posible por la política de la Opep que provocó un alza de los precios del crudo en los setenta, al igual que el shale tuvo éxito a raíz de los altos precios de los primeros años de esta década. Aunque los bajos precios afectaron a la inversión, provocando un recorte de costes de las petroleras occidentales, la producción tardó tiempo en responder. Reino Unido, Noruega y Alaska siguieron produciendo en grandes cantidades coincidiendo con el cambio de siglo.

Al final, sin embargo, esas regiones sufrieron un declive y la demanda de China y otras economías emergentes comenzó a registrar un fuerte crecimiento, lo que dio lugar al fuerte aumento de los precios en los años 2000.

El 'shale' no ha bajado
La cuestión es con qué rapidez se materializará un ajuste de similares características. A principios de este año, muchos esperaban que la industria del shale de EEUU no tardaría en sufrir un retroceso.

Hasta ahora, no ha sido así. Las empresas productoras han conseguido recortarlos precios que pagan a los suministradores y han "actualizado" sus operaciones centrándose en zonas más productivas. La producción de Estados Unidos ha demostrado ser más resistente de lo que algunos esperaban.

No obstante, Trisha Curtis, de la Fundación de Investigación de Política Energética, asegura que el crudo por debajo de US$50 está provocando serios problemas al sector.

En otras regiones productoras de petróleo, donde los proyectos suelen prolongarse durante años y requieren inversiones de miles de millones de dólares, la producción reaccionará con más lentitud a la caída de los precios del crudo.

Philip Verleger, economista del sector energético, cree que Venezuela, uno de los principales países productores de crudo, actualmente sumido en una grave crisis financiera, podría ser el país más afectado, ya que toda su producción (2,4 millones de barriles diarios) podría estar en juego.

Por esos motivos, aunque el mercado de petróleo seguirá caracterizándose por precios a la baja a corto plazo, teniendo en cuenta la perspectiva de un aumento del suministro de Irán, el precio a largo plazo aumentará, debido en partea la situación de Venezuela. Edward Morse, analista de Citigroup, cree que si el precio del barril oscila entre los US$60 y los US$80, la oferta y la demanda volverían a equilibrarse.

La idea de que el suministro de combustibles fósiles crecerá de forma más ajustada a medida que la demanda aumente, provocando un incremento de los precios, se ha descartado, quizás de forma permanente. La lección de la pasada década es que, mientras se disponga de la tecnología adecuada y el capital, habrá petróleo y gas. Sin embargo, si el mundo quiere sustituir los combustibles fósiles, los gobiernos tendrán que tomar decisiones que lo hagan posible.

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