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HACIENDA

Las grandes preguntas que tendrá que resolver Trump en su viaje al foro de Davos

miércoles, 10 de enero de 2018

Tener a Trump es sin duda un gran logro para la organización con sede en Ginebra.

Bloomberg

La Casa Blanca sorprendió al mundo político y empresarial ayer al anunciar que el presidente Donald Trump asistirá a la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos (Suiza) a finales de este mes, la primera vez que un presidente estadounidense lo hace desde Bill Clinton en el año 2000. Para Trump, que fue elegido con la promesa de arrebatar el control de la formulación de políticas precisamente a la clase de "élites" que se reúnen en la ciudad de los Alpes, es una decisión sorprendente, como poco. A continuación, les presentamos un resumen de algunas de las grandes preguntas en torno a su viaje:

¿Quién más estará allí?
El Foro Económico Mundial (WEF, por su sigla en inglés) aún no ha publicado la lista de invitados, pero si usamos los años anteriores como guía, el evento atraerá a las principales figuras de los negocios, las finanzas y la formulación de políticas. Entre los asistentes habituales en anteriores ocasiones se encuentran el máximo ejecutivo de JP Morgan Chase & Co., Jamie Dimon, el fundador de Alibaba Group Holding Ltd., Jack Ma, y la directora gerente del FMI, Christine Lagarde.

Se suponía que el primer ministro indio, Narendra Modi, sería la estrella de este año (hasta el anuncio de Trump), y probablemente promocionará a su país como un destino de inversión que puede competir con China, cuyo presidente Xi Jinping encabezó la cumbre de 2017. Todavía no se sabe si el presidente ruso, Vladimir Putin, estará presente. Si lo hace y se encuentra con Trump, podrían producirse algunos momentos memorables en los pasillos del extenso centro de convenciones.

¿Qué tipo de recepción recibirá Trump?
Es difícil de decir. Por un lado, las políticas contra el comercio y la inmigración de Trump son impopulares entre la mayoría del grupo de Davos, que tienden a compartir un cosmopolitismo fácil con independencia de su orientación política individual. Por otro lado, la única característica unificadora de los asistentes al WEF es la riqueza, y dado que los precios de las acciones están alcanzando niveles récord, muchos se sentirán mejor de lo habitual con respecto a sus perspectivas personales. Esto es aún más cierto para aquellos que se beneficiarán de la legislación fiscal que firmó Trump en diciembre, que ofrece amplias nuevas oportunidades para que el 0,01 por ciento proteja sus ingresos. Y luego está la simple cuestión del poder. Trump, aunque sea impopular y esté asediado, sigue siendo el líder del actor económico y militar más importante del mundo, y muchos empresarios tienen mucho que perder si tuvieran una mala relación con Trump.

¿Qué significa esto para el WEF?
Tener a Trump es sin duda un gran logro para la organización con sede en Ginebra que dirige el foro. A lo largo de sus cuatro décadas de historia, el WEF y su fundador, Klaus Schwab, han rechazado repetidamente las acusaciones de que el evento es una tertulia irrelevante. El foro del año pasado, que coincidió con la toma de posesión de Trump, pareció especialmente alejado de la política mundial: la atención de todos estaba centrada en los acontecimientos en Washington, donde se estaban tomando las decisiones reales. Sin embargo, si bien la asistencia de Trump atrae la atención, también altera enormemente el año de trabajo de los empleados que organizan el apretado calendario de paneles, discursos y talleres para los asistentes, que incluyen a Sheryl Sandberg de Facebook Inc. y a celebridades como Bono y Matt Damon. También podría traer de vuelta a los manifestantes que habían estado prácticamente ausentes en los últimos años. Cualquiera que sea el itinerario específico de Trump, es casi seguro que su presencia eclipsará el programa.

¿Por qué los presidentes de EE.UU. no asisten más a menudo?
La respuesta se reduce a óptica y logística. Pocos presidentes estadounidenses desean ser vistos codeándose con multimillonarios y celebridades en un glamoroso lugar de Suiza, lo que explica en gran medida por qué tanto George W. Bush como Barack Obama optaron por enviar a subordinados. Los detalles prácticos también son abrumadores. Davos se encuentra en un valle angosto a unas dos horas en coche del aeropuerto principal más cercano, en Zúrich. Sus hoteles, carreteras y restaurantes ya tienen dificultades para hacer frente a la afluencia regular de delegados del WEF, y no está claro cómo se acomodaría a la inmensa comitiva que viaja con un presidente estadounidense. Por esta razón, parece probable que Trump asista solo brevemente, llegue en helicóptero desde Zúrich para un discurso y algunas reuniones, y tal vez ni siquiera pase la noche allí. Además, no es una ciudad que tenga muchas de las comodidades preferidas de Trump. El McDonald’s más cercano, del que Trump es cliente habitual, está a varios valles de distancia, y los campos de golf de los Alpes están cubiertos de nieve.

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