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LEGISLACIÓN Las cuotas de género no impulsan a las mujeres en la política de América Latina
lunes, 13 de septiembre de 2021

A pesar de las cuotas que exigen una participación de 40% o 50%, las mujeres ocupan menos de un tercio del total de los puestos

Bloomberg

Han pasado tres décadas desde que se aprobó la primera cuota parlamentaria de género en América Latina y las mujeres de la región todavía enfrentan violencia política, mecanismos diseñados para excluirlas y una cultura que les atribuye la responsabilidad del cuidado de los niños. Como resultado, el progreso de las mujeres en la política se ha estancado en una de las regiones económicamente más desiguales del mundo.

No hace mucho tiempo, mujeres lideraban algunas de las economías más grandes de la región, como Argentina, Brasil y Chile. Ahora, de 33 países, incluido el Caribe, solo dos tienen presidentas mujeres. La falta de liderazgo femenino se refleja en los gabinetes y las legislaturas: a pesar de las cuotas que exigen una participación de 40% o 50%, las mujeres ocupan menos de un tercio de esos puestos. Como resultado, en algunos países se están implementando líneas de base más agresivas que no solo piden un porcentaje de participación, sino “paridad en todo”, como exige ahora la Constitución de México

“La evidencia muestra que, frecuentemente las dirigencias partidarias entendieron las cuotas como techo y no como un piso mínimo, por lo que fue preciso incrementar y garantizar el porcentaje de exigencia de mujeres en las listas”, dijo Maria-Noel Vaeza, directora regional para América Latina de ONU Mujeres, una unidad de las Naciones Unidas que trabaja por la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. “Es la hora de la paridad”.

Tabata Amaral, de 27 años, emergió como una estrella joven en las elecciones al Congreso de 2018 en Brasil. Hija de un conductor de autobús y una empleada doméstica, estudió en el ruinoso sistema de escuelas públicas de Brasil durante la mayor parte de su vida antes de obtener una beca totalmente pagada para Harvard y sumergirse en la política.

La política de centro izquierda rápidamente se vio sobrepasada por mensajes odiosos. Ha sido individualizada públicamente por asumir posiciones que sus colegas masculinos también respaldaron, y ha recibido amenazas de muerte.

“La gente todavía cree que los espacios de poder no son para nosotras”, dijo en una entrevista en la casa de su infancia en uno de los barrios más pobres São Paulo. Recordando los casos más atroces, se enjuga las lágrimas.

Las mujeres representan solo 15% del Congreso de Brasil, sólo la mitad del porcentaje que los partidos políticos están obligados a reservar en sus listas para candidatas femeninas. Las cuotas, establecidas en 1997, aumentaron el número de representantes femeninas a nivel nacional, pero el país se ha estancado en comparación con sus pares.

“Es muy raro encontrar a una mujer en una posición de liderazgo dentro de un partido político”, agrega Amaral. También se refiere a la práctica de incluir “laranjas”, o candidatas falsas que son solo nombres de relleno para que los partidos puedan cumplir con el requisito de tener suficientes mujeres en sus listas. Un indicio para identificar este fenómeno es el número notablemente bajo de votos que reciben estas candidatas. En las elecciones de 2018, 35% de las mujeres que se postulaban a la Cámara Baja obtuvieron menos de 320 votos de 107 millones de votantes.

Así que propuso una solución alternativa: un proyecto de ley que otorgaría un bono financiero a los partidos por apoyar a las mujeres en sus boletas electorales. Pero Amaral, que patrocina la legislación, no cree que se apruebe, no en el clima político de la Administración del presidente de extrema derecha, Jair Bolsonaro.

Incluso si se aprobara, nada garantiza que la regla funcione. En Chile, los estudios muestran que las mujeres todavía reciben menos dinero de los partidos, bancos y donantes que los candidatos masculinos, a pesar de una regla que dice que los partidos obtienen fondos adicionales por cada mujer que eligen, según Jennifer Piscopo, profesora asociada de política en Occidental College y editora de un libro sobre el impacto de las cuotas de género. “Cuando se una candidata no es una figura conocida, por defecto los votantes optan por la alternativa masculina”, afirma.

En toda la región, los requisitos de cuotas también se han prestado frecuentemente para prácticas retorcidas. En 2018, México suspendió a 17 candidatos masculinos a la legislatura estatal de Oaxaca por hacerse pasar por mujeres transgénero para evadir la regla de género.

“América Latina le ha demostrado al mundo que es bueno tener la intención de la paridad, pero hay vacíos en su implementación”, dice Mariana Duarte, oficial de Programas de la Alianzas de Género de la Unión Interparlamentaria.

En Brasil, las mujeres ni siquiera tenían baño en las Cámaras del Senado hasta 2016, sino que recurrían a uno en el restaurante de al lado. “El diablo está en los detalles”, dice Duarte.

Historias de éxito

A principios de este año, al menos 10 naciones de la región habían promulgado cambios regulatorios hacia la paridad, haciendo que las cuotas existentes fueran más efectivas y ejecutables. La ley electoral de Costa Rica ahora rechaza el registro de listas electorales que no incluyan un 50% de mujeres; Argentina, Bolivia y Ecuador han hecho lo mismo. En algunos países, los partidos políticos también han comenzado a incorporar voluntariamente cuotas en sus mandatos internos.

Ha habido cierto éxito. Gracias a las reformas constitucionales que obligaron a los partidos a cumplir con las cuotas, este año en México, las candidatas obtuvieron un récord de seis de las 15 gobernaciones. Chile celebró que una mujer indígena estuviera al frente de la asamblea que redactará su nueva Constitución. Gracias a un cambio de reglas, los votantes se volvieron principalmente hacia las candidatas, tanto así que 11 mujeres tuvieron que renunciar a la asamblea para dejar espacio a hombres subrepresentados.

“La conquista ha sido dramática, pero los números avanzan más rápido cuando hay cambios políticos y culturales. Donde falta eso, vemos que los hombres siguen monopolizando el entorno político”, dice Piscopo.

Cultura

En América Latina, famosa por su machismo, una de cada tres mujeres sufrirá algún tipo de violencia en su vida, según una estimación de 2019 de la Organización Panamericana de la Salud. La violencia política y el acoso en línea, que según los expertos han aumentado en la región durante la pandemia, ahora funcionan como elementos disuasorios que mantienen a las mujeres fuera de cargos políticos.

Los movimientos de base y los grupos feministas ofrecen redes de apoyo, pero no pueden hacer mucho. Este año, la organización mexicana “Auna” ayudó a siete candidatas a ser elegidas, pero 25 de las 50 que respaldó el grupo finalmente decidieron abandonar la carrera electoral, incluida Mariana Orozco.

“Pero me imaginé haciendo campaña con una bebé recién nacida, con las exigencias que tiene este país, con la violencia que se vivió en la campaña política y no quise vivirlo. No estamos preparados para apoyar a las candidatas para que combinen la maternidad con la vida pública”, dice.

En Brasil, el asesinato en 2018 de la concejala de la ciudad de Río, Marielle Franco, puso de relieve lo mucho que está en juego para las mujeres.

“La gente hablará de tu vida personal, dirá mentiras sobre ti, te hará sentir asustada, te amenazará”, dijo Amaral. “Prepárense para eso”.

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