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El país cuenta con reservas de 303.000 millones de barriles, cerca de una quinta parte del total mundial, pero produce solo alrededor de 1 millón de barriles al día
Luego de la captura de Nicolás Maduro, el petróleo volvió a ocupar el centro de la agenda internacional ya que este hecho reactivó el debate sobre el control de los recursos energéticos venezolanos y su impacto en los mercados globales. A pesar que Venezuela hoy tiene un peso limitado en la oferta mundial, sus enormes reservas y la posibilidad de una reconfiguración política colocan nuevamente al crudo venezolano bajo la lupa de las grandes potencias y trae consigo la incóngita de cómo se comportó el crudo durante el régimen de Maduro.

En 2023, Venezuela exportó 211,6 millones de barriles de petróleo crudo y China se consolidó como el principal comprador al importar 144,1 millones de barriles, equivalentes a 68% del total exportado; Estados Unidos ocupó el segundo lugar con 48,5 millones de barriles, cerca de 23%; España y Cuba representaron cada uno alrededor de 4%; y, el resto de los países apenas absorbió 1% de las exportaciones del país.
Este predominio del país asiático es consecuencia directa de las sanciones impuestas a Pdvsa en 2019, que limitaron el acceso de Venezuela a los mercados tradicionales y al sistema financiero internacional. A partir de ese entonces, gran parte del crudo se canalizó hacia Asia mediante acuerdos de petróleo por préstamos, especialmente con China, que ha financiado al país con cerca de US$50.000 millones en la última década.
A pesar de las tensiones políticas que tuvo Donald Trump y Nicolás Maduro en los últimos años, Estados Unidos es uno de los principales socios comerciales ya que, el país norteamericano recibe crudo venezolano, aunque en volúmenes reducidos y casi exclusivamente a través de Chevron, la única gran petrolera occidental con licencia para operar en el país. Sin embargo, ahora el panorama es diferente, ya que, tras la captura del líder venezolano, EE.UU. tomó el control de los ingresos y las petroleras que podrán operar en el país, lo que permitirá aumentar las exportaciones de crudo hacia Estados Unidos.
Venezuela cuenta con unas reservas probadas de 303.000 millones de barriles, cerca de una quinta parte del total mundial, pero produce solo alrededor de 1 millón de barriles diarios, es decir, menos de 1% de la oferta global. A pesar que la Constitución establece que el petróleo pertenece al pueblo venezolano, en la práctica el control lo ejerce el Estado a través de Pdvsa, una empresa que ha sufrido décadas de subinversión y deterioro operativo.
En un escenario de transición, la producción venezolana podría duplicarse hasta 2 millones de barriles diarios en los próximos cinco años. Sin embargo, el impacto inmediato sobre los ingresos internos sería limitado, dado que una parte de la renta quedaría en manos de operadores internacionales.
Se espera que las importaciones de petróleo de China desde Venezuela se desplomen a partir de febrero, después de que menos petroleros hayan logrado partir hacia el principal comprador de crudo de Caracas después de que Estados Unidos declarara el control del país productor de la Opep. El número de petroleros que salen de Venezuela con destino a China ha caído bruscamente después de que Donald Trump impusiera un bloqueo a los buques sancionados que transportan petróleo venezolano.
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