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¿Golpe de Estado en Turquía?

jueves, 4 de agosto de 2016
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Olga María Mutis Ordóñez

El 15 de julio a las 10 de la noche empezó la incertidumbre. Me llegó un whatsapp: “No salgan del hotel, no es seguro”. Empecé a buscar explicaciones en televisión y en internet. Todo estaba en turco y solo veía imágenes de soldados, bombas y tanques en las noticias.

Los vecinos de habitación, que entendían el idioma, se asomaron por la ventana. Su mirada se encontró con la de uno de los soldados que caminaba por la calle. El soldado les gritó en turco que cerraran la cortina y apagaran la luz apuntándoles con su arma. Nos contaron de lo ocurrido y apagamos todo. Se trataba de un toque de queda: nadie podía salir a las calles.

Aunque en un principio había teorías de que el responsable del ataque fuera Isis, poco a poco fue claro que se trataba de un golpe de estado. Una minoría de militares opositores al gobierno decidió tomarse el poder del país. Actuaron simultáneamente en Ankara (la capital) y en Estambul. Usaron armamento, aviones, tanques de guerra y provisiones del ejército turco para cumplir su cometido.

Nos decíamos a nosotros mismos y le repetíamos a nuestras familias que el hotel era el lugar más seguro en el que podíamos estar. Oíamos gritos de soldados, aviones sobrevolando la ciudad, tiros e incluso oímos la bomba que plantaron en el edificio de CNN en Estambul.

El presidente turco Erdogan apareció por medio de FaceTime en la televisión turca. En ese momento no entendí lo que decía pero supe más tarde que estaba anunciando que el golpe de estado estaba controlado y que le pedía a todos sus seguidores que salieran a las calles a luchar por su gobierno democrático.

Miles de personas salieron a la calle e incluso se pararon en frente de los tanques de guerra. Todos con banderas de Turquía, algunos con camisetas de su selección de fútbol, dispuestos a luchar por la permanencia de su Gobierno.

A las 10 de la mañana del 16 de julio decidí comprar un tiquete a Barcelona ya que había perdido mi vuelo. Había sido imposible llegar al aeropuerto porque los golpistas habían bloqueado los puentes que conectaban los dos continentes y toda la actividad aérea en el aeropuerto de Ataturk se había cancelado.

A las 12 del día salí para el aeropuerto en un taxi (taksi en turco). El taxista me dijo: “Ataturk, problem”. ¿Qué problema había en el aeropuerto, si en el hotel me habían dicho que ya estaba operando? Cuando llegamos lo entendí. Había una fila de carros de casi 3 km para llegar al aeropuerto y el taxista no quiso acercarme más de lo necesario, a su criterio. 

Tuve que caminar 2 km hasta el aeropuerto con mi maleta. Yo diría que era la única mujer en el panorama. Pasaban hombres fumando, hablando una lengua que para ese punto ya me parecía alienígena, todos con banderas de Turquía. Yo intentaba solo mirar al frente y caminar con paso firme. A mi izquierda estaban los carros con emisoras a todo volumen y a mi derecha una turba que saltaba debajo de una bandera gigante. Llegué al aeropuerto.

El aeropuerto parecía un centro de refugiados. Había personas durmiendo en cartones en el piso, llorando, corriendo, niños caminando en medio de todo y filas eternas en todas las aerolíneas. La pantalla gigante que anunciaba los vuelos estaba llena de cancelaciones y retrasos. Mi vuelo milagrosamente no salía rojo. Entré a la zona de tránsito.

Adentro, había más caos todavía porque las personas habían pasado la noche allí. No se atrevían a salir de la zona de tránsito del aeropuerto porque temían que no los dejaran entrar de nuevo.

Un español me contó: anoche fue la peor noche de mi vida. Estábamos contra la pared escondiéndonos de los tiros, la bomba y la turba turca. Estuvimos parados por horas mientras personas corrían y gritaban en turco. Una señora se vomitó donde estábamos. Olía asqueroso y hacía mucho calor.

Agradecí haber pasado la noche en el hotel. 

El aeropuerto fue uno de los centros de combate en Estambul ya que esperaban que Erdogan aterrizara allí. Los manifestantes, simpatizantes del gobierno, se dirigieron al aeropuerto a defender a su presidente contra el armamento de los golpistas.

Mi vuelo fue uno de los primeros en partir. Fui muy afortunada. Después de 2 horas de retraso arrancó. Me sentí llegando a la tierra prometida cuando pisé España. Le di un abrazo a mis papás y me entrevistaron los medios españoles. Se me quitó el estado de alerta permanente y sonreí por primera vez en dos días. Escapé.

Ya han pasado algunos días desde mi estancia en Estambul y considero que hay muchas inconsistencias entre las declaraciones de Erdogan y lo que realmente está pasando en Turquía. Fue mucho más que un golpe de estado de una minoría de las fuerzas armadas., como lo expresó la madrugada del golpe el propio presidente.

Las noticias acerca de Turquía desde el golpe de Estado, generan muchos interrogantes. ¿Por qué se detuvo a más de 70 generales y almirantes al día siguiente del Golpe? ¿Por qué hay detenidos de todas las fuerzas del país incluyendo el ejército, la fuerza aérea y la naval e incluso algunos consejeros personales del presidente? ¿No se trataba simplemente de una minoría que atacaba el Estado democrático de Turquía como lo aseguraba Edrogan? 

Otra pregunta importante es ¿el por qué de la suspensión y detención de más de 2700 jueces y decenas de profesores en los días siguientes?. En un golpe de Estado no participan ni jueces ni profesores, se trata de una actuación de las fuerzas armadas para tomarse el Gobierno del país. Es además altamente improbable que hayan tenido un juicio justo teniendo en cuenta que ya estaban detenidos y suspendidos a los pocos días del Golpe. 

Por otro lado, Erdogan anunció que busca recuperar la pena de muerte contra los golpistas. Estas declaraciones causaron reacciones de líderes políticos alrededor del mundo. La más importante, a mi juicio, fue la de la jefa de la diplomacia europea Federica Mogherini, quien declaró que las conversaciones para hacer a Turquía parte de la Unión Europea acabarían si se aceptara la pena de muerte en el país. 

Se desprende de este análisis que el presidente Erdogan está usando el supuesto golpe para restringir más las libertades de sus ciudadanos y limpiar su oposición. Si se tratara realmente de un golpe de Estado, no habría tantas preguntas sin respuesta y claramente habría un líder visible de la intentona. Se debe investigar de cerca por parte de la comunidad internacional todo lo que está pasando en Turquía para evitar que posibles violaciones a los derechos humanos de los soldados, jueces, profesores y la población civil de ese país queden impunes.

Todo aquel que camine por la ciudad mágica de Estambul estará de acuerdo con que lo que pasó el 15 y 16 de julio de este año marcó la historia de Turquía. Quienes somos ajenos a la cotidianidad del país, solo podemos esperar que su democracia se fortalezca y que Turquía pueda pasar la página de esta intentona golpista sin impunidad, con libertad de prensa y de pensamiento y especialmente con la verdad.

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