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Goldman Sachs ajusta previsión de inflación de Colombia a 6,5% por alza del brent
Un informe de Goldman Sachs dice que la inflación en Colombia aumentará en 20 puntos básicos hasta 6,5% para fin de año. En América Latina el alza será de 28 puntos, es decir, 8%
El repunte del petróleo, impulsado por el recrudecimiento de las tensiones en Medio Oriente, empieza a sentirse en América Latina y ya obliga a recalibrar las expectativas económicas. Un informe de Goldman Sachs advierte que el encarecimiento del crudo no será un fenómeno pasajero, sino un factor persistente que elevará la inflación en 2026 y condicionará las decisiones económicas en toda la región. En este nuevo escenario, Colombia aparece como un caso clave. Aunque podría beneficiarse por su perfil exportador, también enfrenta presiones internas que impactarán directamente el costo de vida.
El ajuste central del informe parte de una revisión al alza en el precio del petróleo. La firma ahora prevé que el brent se ubique cerca de US$90 a finales de 2026, por encima de estimaciones anteriores, y que solo baje gradualmente hacia 2027. Esta proyección responde a una recuperación más lenta de la oferta global y a disrupciones prolongadas en los flujos energéticos. En términos prácticos, esto significa que la energía será más costosa durante más tiempo, un factor que termina filtrándose en toda la economía.
Según Goldman Sachs, un incremento de 10% en el precio del petróleo puede elevar la inflación en América Latina en aproximadamente 30 puntos básicos. Pero el efecto no se limita a los combustibles. Se extiende a fertilizantes, transporte, producción industrial y alimentos, amplificando la presión sobre los consumidores. Es decir, el petróleo actúa como un multiplicador de costos en toda la cadena productiva. Bajo este contexto, la entidad revisó al alza sus previsiones inflacionarias para la región.

América Latina alcanzaría una inflación promedio de 8% en 2026, por encima de cálculos previos, con una moderación esperada hasta 5,8% en 2027. Sin embargo, el comportamiento no será homogéneo.
Argentina lidera con una proyección de 29%, seguida por Brasil (5%) y Chile (4,2%). Colombia, por su parte, se ubica en 6,5%. Aunque el país se beneficia de precios altos del petróleo, ya que es exportador neto, lo que implica mayores ingresos externos, un impulso a las cuentas fiscales y cierto respaldo al crecimiento económico, ese mismo aumento encarece los combustibles y los insumos importados, trasladando presión a los precios internos.
Para mitigar ese impacto, Colombia ha recurrido a mecanismos como subsidios a los combustibles y ajustes fiscales que suavizan el traslado inmediato de los precios internacionales. Esta estrategia ha permitido contener parcialmente la inflación en el corto plazo, pero no elimina el problema de fondo.
De hecho, genera tensiones fiscales que podrían limitar el margen de acción en el futuro, especialmente si los precios del crudo se mantienen elevados por más tiempo.
El informe también advierte que el riesgo no es solo un aumento puntual de la inflación, sino su persistencia. A medida que el shock energético se filtra en distintos sectores, los aumentos de precios dejan de ser transitorios y se vuelven más estructurales. Esto complica la tarea de los bancos centrales, que deben decidir entre seguir endureciendo su política monetaria o tolerar una inflación más alta para no frenar el crecimiento. En paralelo, el contexto internacional añade más presión. Los mercados financieros han reaccionado con volatilidad: las acciones en EE.UU. retroceden desde máximos recientes, mientras el petróleo sube impulsado por los conflictos geopolíticos. Este entorno combina desaceleración económica, inflación y condiciones financieras más restrictivas.
El impacto del petróleo no se limita a la inflación. Goldman Sachs señala que el crecimiento económico de la región también se verá afectado, con una proyección de 1,9% para 2026, ligeramente por debajo de lo esperado. Aunque países exportadores como Colombia podrían amortiguar mejor el golpe, el entorno general será de menor dinamismo y mayor incertidumbre. El principal riesgo radica en la duración del shock energético. Si las tensiones se prolongan o se intensifican, el petróleo podría mantenerse en niveles elevados por más tiempo, obligando a replantear las estrategias económicas.
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