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El interés estadounidense se explica por la magnitud de las principales cuencas petroleras de Venezuela, que históricamente han sostenido la producción y el peso geopolítico del país
Luego de la captura de Nicolás Maduro, el primer pronunciamiento del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no estuvo centrado en el proceso político interno de Venezuela ni en la transición institucional, sino en el petróleo. Trump afirmó que uno de los principales objetivos de su gobierno es asegurar el control y la reactivación de la industria petrolera venezolana, subrayando que el país suramericano concentra las mayores reservas probadas de crudo del mundo y que, bajo su administración, ese recurso debe volver a jugar un papel central en el mercado energético internacional.
El interés estadounidense se explica por la magnitud de las principales cuencas petroleras de Venezuela, que históricamente han sostenido la producción, el peso geopolítico del país y su economía. La primera de ellas es la cuenca Zulia-Falcón, ubicada en el occidente venezolano, principalmente en el estado Zulia y extendiéndose hacia Falcón, con epicentro histórico en la región del Lago de Maracaibo.

Esta cuenca fue durante décadas el corazón de la industria petrolera venezolana, con producción de crudos livianos y medianos que alimentaron tanto el consumo interno como la exportación y cuenta con alrededor de 20.000 millones de barriles de reserva probada. Aunque su producción se ha reducido de forma significativa por el deterioro de campos e instalaciones, sigue siendo una de las zonas con infraestructura más desarrollada y con potencial de recuperación si se realizan inversiones sostenidas.
La segunda gran área es la cuenca Oriental, donde se encuentra la Faja Petrolífera del Orinoco, considerada una de las mayores acumulaciones de petróleo del planeta. Esta región se extiende por el centro-oriente del país, abarcando estados como Guárico, Anzoátegui, Monagas y Delta Amacuro. Allí se concentra la mayor parte de las reservas probadas de Venezuela, compuestas principalmente por crudos pesados y extrapesados. Esta zona cuenta con reserva probada de alrededor de 280.000 millones de barriles.
La Faja del Orinoco es clave desde el punto de vista estratégico, pero también representa uno de los mayores desafíos técnicos y financieros, ya que su explotación requiere tecnología avanzada, mejoradores de crudo y grandes volúmenes de inversión para ser rentable a gran escala.
La tercera zona relevante es la cuenca Barinas-Apure, localizada en el suroccidente del país, en los llanos que se extienden por los estados Barinas y Apure, cerca de la frontera con Colombia. Se trata de una cuenca de menor tamaño en comparación con Maracaibo-Falcón y la Faja del Orinoco, con producción terrestre de petróleo y gas natural. Su importancia radica en que forma parte del entramado petrolero nacional y aporta volúmenes adicionales, aunque no decisivos, al total de la producción venezolana. Esta cuenca tiene una reserva probada de alrededor de 1.000 millones de barriles.
En este contexto, Trump anunció que sostendrá reuniones con compañías petroleras estadounidenses para evaluar un eventual regreso masivo de inversiones a Venezuela,siendo Chevron la única petrolera estadounidense con operaciones activas en el país sudamericano.
Sin embargo, el entusiasmo político contrasta con el escepticismo del sector energético. Las sanciones vigentes, la pérdida de capacidades operativas y el colapso de buena parte de la infraestructura petrolera generan dudas sobre la velocidad y viabilidad de una reactivación sostenida.
Aun con acceso a las reservas, los analistas advierten que el país necesitaría años de inversión continua para recuperar niveles de producción cercanos a los de su época de auge.
El cierre de este nuevo capítulo petrolero pasa inevitablemente por la figura de Delcy Rodríguez, quien ha sido durante años la principal responsable de la política de hidrocarburos del chavismo y hoy concentra un papel clave en la conducción del sector, aparte de haber asumido como presidenta interina de Venezuela.
Rodríguez ha insistido en mantener el control estatal sobre los recursos energéticos y en definir los términos de cualquier acuerdo con actores extranjeros, pero también afirmó que tiene todas las intenciones de colaborar y dialogar con EE.UU. Su manejo de la relación con Estados Unidos y de las negociaciones alrededor del petróleo será determinante para el futuro inmediato de la industria petrolera venezolana y de la seguridad del país.
Un artículo de The New York Times encontró que la expresión fue "silenciosamente" retirada en la nueva acusación a Maduro
El mayor peso financiero recae sobre el Fondo de Pensiones, que concentra la mayor parte del presupuesto y enfrenta un faltante de varios miles de millones de dólares
El análisis señala que, pese al respaldo ciudadano e internacional de Machado, su falta de control sobre los principales engranajes del Estado limita sus capacidades