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Los desastres naturales producen caídas de hasta 0,7% en el PIB de los países afectados
Estimaciones del Fondo monetario internacional aseguran que en países de ingresos medios-altos el gasto público puede aumentar hasta 15% después de un fenómeno extremo
La historia ha demostrado que, al hablar del impacto económico de un desastre natural, pesa más la fortaleza institucional y económica de un país que la magnitud del evento.
Basta con mirar los casos de México y Haití, dos economías que sufrieron terremotos de magnitudes similares, con apenas 0,1 puntos de diferencia en la escala de Richter, pero con resultados abismalmente distintos para sus economías.
En 2010, Haití vivió un terremoto de magnitud 7, un desastre natural que ocasionó daños valorados en US$8.000 millones, equivalentes a 120% de su PIB de ese momento. Ese año, su economía se contrajo 5,5%, lo que significó que el país perdió durante el terremoto el equivalente a todo lo que producía en más de un año.

Al año siguiente (2011), la economía creció 5,1%, impulsada por la ayuda internacional. Sin embargo, enfrentó una destrucción masiva de empleos, una enorme dependencia de esa asistencia y una recuperación muy lenta, que tardó casi una década en consolidarse.
Al otro lado está México, donde un terremoto de magnitud 7,1 dejó pérdidas por poco más de US$2.400 millones, equivalentes a 0,15% de su PIB. Aun así, el impacto sobre la economía fue limitado: ese año el Producto Interno Bruto creció 1,9% y al siguiente avanzó 2%.
En el caso de México, una de las economías que mejor ha resistido un desastre de esta magnitud, el desempeño posterior respondió a una mayor capacidad fiscal, acceso a financiamiento, cobertura de seguros frente a desastres e instituciones sólidas que pudieron responder de manera efectiva al terremoto.
El caso de México es una excepción, pues crecer económicamente después de sufrir un terremoto no es la regla. Así lo muestran los datos del Fondo Monetario Internacional, FMI, que al estudiar los efectos de estos eventos concluyó que los desastres naturales reducen el PIB real per cápita hasta en 0,6% en promedio, cifra que se acerca a 1% en los países de bajos ingresos. Asimismo, el PIB puede registrar una caída de 0,7% en su tasa de crecimiento durante el primer año posterior al evento.
En cuanto a la capacidad fiscal, en los países de ingresos medios-altos el gasto público puede aumentar hasta 15% después de un desastre. Sumado a una reducción de los ingresos cercana a 10%, esto podría generar un incremento del déficit presupuestario de hasta 25%.
Factores como los niveles de educación, una mayor apertura económica y la profundidad del sector financiero también resultan determinantes al analizar los costos derivados de los desastres.
Para Juan Ariel Jiménez, economista y profesor de Harvard Kennedy School, “la rapidez de la recuperación depende de variables económicas, sociales e institucionales. Los países más desarrollados, tanto económica como institucionalmente, se recuperan más rápido”.
Además, señaló que, tras un desastre natural, los indicadores macroeconómicos más relevantes para evaluar serán el PIB per cápita, la inversión pública como porcentaje del PIB y las estadísticas de eficiencia del gobierno, variables que darán una idea de cuáles serán los impactos económicos.
El economista agregó que un desastre termina convirtiéndose en una prueba de la capacidad económica e institucional de un país, “tanto por la prevención, mediante mejores estándares de construcción, como por la eficiencia de la respuesta pública y privada”.
El más reciente terremoto de Venezuela ha develado la importancia de contar con instituciones fuertes para afrontar un evento de este tipo, tanto para reaccionar al momento del desastre, como para trabajar por la reconstrucción del país. Cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Pnud, estiman que las pérdidas ascienden a US$6.700 millones, lo que significaría 6% de su PIB, que para el primer trimestre de 2026 presentó un aumento de 2,51%, pero que ahora su rendimiento es incierto de cara a la reconstrucción de las zonas afectadas.
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