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Cuba se debilita mientras se intensifica crisis petrolera
Según los datos de Unión Eléctrica, el colapso del suministro coincide aproximadamente con la captura del principal aliado de Cuba, Venezuela
El problema del apagón en Cuba se ha agravado de manera significativa en el mes transcurrido desde que Estados Unidos cortó los envíos de petróleo a la isla. La situación energética, ya delicada, entró en una fase más crítica tras esa decisión. La red eléctrica cubana era frágil incluso antes de que, a principios de diciembre, una falla crítica en la línea de transmisión interrumpiera temporalmente la conexión entre La Habana y las principales centrales termoeléctricas ubicadas en Matanzas. Ese incidente dejó en evidencia las limitaciones de un sistema que depende de manera considerable del suministro de combustible.
Posteriormente, la administración Trump bloqueó los envíos de petróleo que abastecen 60% de los aproximadamente 100.000 barriles diarios de crudo que Cuba necesita para alimentar su envejecido sistema eléctrico. La interrupción de este flujo de energía ha tenido efectos inmediatos en la capacidad de generación del país, reduciendo de forma marcada la electricidad disponible desde comienzos de año.
Según un análisis de imágenes satelitales realizado por Bloomberg News, las zonas rurales y los centros provinciales han sufrido de manera desproporcionada la caída del suministro. El nivel de luz emitida durante la noche en ciudades del este como Santiago de Cuba y Holguín se ha reducido hasta 50% en comparación con el promedio histórico.

En estas ciudades, el alumbrado público y las redes residenciales que anteriormente iluminaban calles y barrios prácticamente han desaparecido. Santiago de Cuba, la segunda ciudad más grande del país, alberga un puerto que en otro tiempo fue bullicioso, además de diversas instalaciones industriales. Holguín, por su parte, es una capital provincial y un centro turístico que sirve de puerta de entrada a los destinos de la costa norte. En ambas localidades, la reducción del suministro eléctrico ha alterado de manera visible la actividad nocturna y la vida cotidiana.
La excepción más evidente es La Habana. Aunque los suburbios orientales de Cojímar y Alamar presentan niveles de oscuridad mayores, los datos muestran que el centro de la capital ha mantenido en gran medida sus luces encendidas. En esa zona vive una quinta parte de los aproximadamente 10 millones de habitantes de la isla, gobernada por un sistema comunista.
La Habana concentra zonas industriales, instalaciones militares y la sede del gobierno, lo que explica que la administración del presidente Miguel Díaz-Canel la priorice frente a otras regiones. Esta decisión ha acentuado la brecha visible entre la capital y el resto del país.
De acuerdo con Michael Bustamante, presidente de estudios cubanos en la Universidad de Miami, la diferencia en los niveles de iluminación nocturna también podría reflejar desigualdades en ingresos y en capacidad de adaptación tecnológica. “Dadas las ya precarias condiciones de la red eléctrica, muchos cubanos han encontrado maneras de importar paneles solares”, señaló en una entrevista, aunque advirtió que “no es una propuesta necesariamente barata”.
Los datos de Unión Eléctrica, la autoridad estatal encargada de la infraestructura eléctrica, indican que el colapso del suministro coincide aproximadamente con la captura del principal aliado de Cuba, Venezuela. El 3 de enero, fuerzas estadounidenses expulsaron de Caracas al dictador venezolano Maduro para que enfrentara cargos de narcotráfico en Nueva York. Tras ese hecho, el presidente Trump ordenó al gobierno interino que permaneció en el poder suspender todos los envíos de energía y la financiación hacia sus aliados en La Habana.
Algunos analistas estiman que Cuba tiene suficiente petróleo almacenado para menos de 20 días, pero no hay cifras oficiales disponibles. La semana pasada, el gobierno anunció una serie de medidas de contingencia, entre ellas la reducción de las rutas del transporte público, la reducción de la semana laboral a cuatro días, el cierre de centros turísticos y la limitación de la venta de gasolina a los consumidores que puedan pagar en dólares. Ahora es un juego de espera entre Washington y La Habana para ver quién cede primero.
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