MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Bandera de Argentina
Esto implica que más de la mitad del daño estimado está vinculado directa o indirectamente con la movilidad urbana y la imposibilidad de los trabajadores de trasladarse
El paro general convocado para este 19 de febrero tendrá un impacto económico estimado en $696.268 millones, equivalente a unos US$ 489 millones (casi US$500 millones) al tipo de cambio oficial de $1.425 por dólar.
La cifra surge de un cálculo preliminar del Instituto de Economía (INECO) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) El monto representa el 0,8% del Producto Bruto Interno (PBI) del mes de febrero y el 17,3% del PBI que se generaría en un día normal de actividad.
Se trata de una estimación neta, que ya descuenta las recuperaciones parciales de actividad que podrían producirse en las semanas posteriores.
Según el informe, dependiendo del grado de acatamiento, el costo total podría oscilar entre US$400 millones y US$600 millones. La amplitud del rango refleja la sensibilidad de la economía frente a la paralización de sectores clave y, especialmente, al funcionamiento del transporte público.
Uno de los factores determinantes en la magnitud del impacto es la interrupción de colectivos, trenes y subtes. El estudio señala que, si el transporte no se adhiriese a la medida, la pérdida económica se reduciría a aproximadamente US$180 millones.
Esto implica que más de la mitad del daño estimado está vinculado directa o indirectamente con la movilidad urbana y la imposibilidad de los trabajadores de trasladarse.
El cálculo parte de la base de que no todos los sectores ni todas las regiones sufrirán el mismo efecto. Además, contempla que alrededor del 60% de lo inicialmente perdido se recuperará dentro del mes siguiente. Es decir, parte de la actividad se reprograma, aunque otra porción se pierde de manera definitiva.
El informe aclara que la estimación sólo toma en cuenta pérdidas directas, netas de las recuperaciones previstas. Esto significa que no se consideran efectos secundarios o de largo plazo, como posibles impactos en expectativas, inversiones o decisiones de consumo futuras.
Entre los sectores con mayor incidencia en la caída de la producción se destacan la industria manufacturera, la construcción, el comercio y los servicios de enseñanza y salud.
En estos casos, la recuperación es parcial o implica mayores costos operativos, lo que limita la capacidad de compensar la jornada perdida.
En el comercio, por ejemplo, se estima que se podrá recuperar cerca del 30% de las ventas no realizadas. En cambio, en restaurantes la recuperación sería nula: lo que no se factura en el día, se pierde definitivamente. Este comportamiento heterogéneo explica por qué el análisis se realiza de manera sectorial y no como un promedio general.
La industria y la construcción, por su parte, enfrentan dificultades adicionales. La interrupción de procesos productivos, el freno en obras y la reprogramación de entregas pueden generar sobrecostos y afectar la eficiencia, aun cuando parte de la producción se recupere más adelante.
El informe también destaca que el impacto es relativamente más acotado por tratarse de febrero, un mes de menor intensidad económica. La estacionalidad juega a favor de una reducción marginal del daño, en comparación con lo que ocurriría en meses de mayor actividad.
Para elaborar la estimación, INECO tomó como referencia los relevamientos realizados ante paros generales previos, en mayo y octubre de 2024 y en abril de 2025. Esos antecedentes permiten proyectar el comportamiento sectorial frente a medidas de fuerza similares.
En términos macroeconómicos, un impacto de US$489 millones en un solo día pone de relieve la fragilidad de la actividad frente a interrupciones generalizadas. Aunque parte se recupere, el efecto inmediato implica menos producción, menos facturación y menor generación de ingresos en el corto plazo.
Desde el punto de vista fiscal, la caída de actividad también puede traducirse en una merma transitoria en la recaudación, especialmente en impuestos ligados al consumo y a la producción. Si bien el informe no cuantifica este efecto, es una derivación lógica de la contracción en la facturación.
El análisis subraya que se trata de una estimación preliminar basada en una proyección del PBI de febrero de 2026. La cifra final podría ajustarse una vez que se conozcan datos efectivos de acatamiento y desempeño sectorial.
Más allá de la discusión política y sindical, los números exponen la dimensión económica de una jornada sin actividad plena. Para una economía que busca consolidar la recuperación y estabilizar variables clave, cada día cuenta.
El debate sobre el costo-beneficio de las medidas de fuerza suele dividir aguas. Para los gremios, el paro es una herramienta de presión legítima. Para el sector empresario y el Gobierno, implica pérdidas concretas y dificultades adicionales en un contexto ya desafiante.
Lo cierto es que, según los cálculos de UADE, el 19 de febrero dejará una huella en las cuentas nacionales. Aunque el 60% de la actividad perdida pueda recuperarse en el mes siguiente, el resto representará producción que no se generó y que no volverá.
La clave, hacia adelante, será observar si el efecto queda circunscripto a un día o si se proyecta en decisiones de inversión y consumo más duraderas.
Por ahora, la cifra de $696.268 millones funciona como referencia de la magnitud económica de un paro general en la Argentina de 2026. Un número que, más allá de la coyuntura, vuelve a poner en el centro de la escena la relación entre conflicto laboral y actividad económica.
Diplomático ruso dijo que Moscú proporcionaría ayuda a La Habana para sortear las sanciones estadounidenses al petróleo
Cuatro empresas emergentes de robots humanoides mostraron sus productos en un evento televisado y referente para el país
Peña designó ayer a Giménez como nuevo jefe del Gabinete Civil de la Presidencia, cargo que se encontraba vacante desde agosto de 2024