Se trata de la cantidad más alta recaudada en los veinte años que el legendario inversor lleva subastando estos encuentros en su compañía con el fin de conseguir fondos para causas benéficas.

Expansión - Madrid

El poder de convocatoria del carismático Warren Buffett es algo que está fuera de toda duda. El propio magnate se encarga de demostrarlo año tras año en la reunión que mantiene con los accionistas de su conglomerado Berkshire Hathaway, cita en la que logra congregar tal multitud de seguidores en su Nebraska natal que ha pasado a ser apodada el "Woodstock de los capitalistas", en referencia al mítico -y no menos rebosante- festival de 1969.

Ahora bien, los incondicionales a los que esta oportunidad les sepa a poco o simplemente quieran encontrarse tête à tête con el Oráculo de Omaha tienen desde hace dos décadas la oportunidad de pujar por una velada privada para disfrutar en exclusiva de su compañía. Eso sí, resultar vencedor sólo está al alcance de los fans más pudientes.

Este año la ya tradicional subasta benéfica ha celebrado su 20 aniversario batiendo su propio récord ya que un comensal anónimo abonará 4,57 millones de dólares para conocer y degustar un chuletón -en solitario o acompañado de hasta siete amigos- en el restaurante Smith & Wollensky de Nueva York con el tercer hombre más rico del mundo. Se trata de la cifra más alta que se ha pagado desde que surgió esta iniciativa y supera en más de un millón la que, hasta ayer se alzaba como la más generosa (los 3,46 millones que se llegaron a desembolsar tanto en 2012 como en 2016).

Por su puesto, nada de lo recaudado va a parar a la ya abultada cuenta corriente del octogenario gurú, sino a la organización Glide, que desde su sede en San Francisco (California) provee de comida, alojamiento y atención sanitaria a personas desfavorecidas de esa zona. En todos estos años, Buffett ha ayudado a aumentar en más de 34 millones de dólares el presupuesto de esta asociación.

La original idea de premiar al mejor postor con un almuerzo o cena presididos por el veterano inversor partió de su primera esposa, Susie, que falleció en 2004. El empresario se ha comprometido con Glide a seguir contribuyendo a su causa con esta subasta siempre que su salud se lo permita. Cabe mencionar que a sus 88 años sigue una particular dieta que sorprende a todos aquellos que han compartido mesa con él y en la que lo que más llama la atención es su "adicción" a la Coca-Cola (un valor seguro que nunca falta ni en su vaso, ni en su cartera de activos). El directivo ha destacado que sólo "ha sacado cosas buenas de estas experiencias". "Los encuentros me han dado la oportunidad de conocer a gente interesante de todos los rincones del mundo", puntualizó.