martes, 5 de febrero de 2013
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luis fernando vargas alzate

Por estos días se hace referencia a la posibilidad que tiene la nación boliviana de contar nuevamente con una salida directa hacia el Océano Pacífico. Sin embargo, el presidente Evo Morales, junto con algunos de sus funcionarios, se pronunció para indicar que el tema no es como múltiples medios lo presentan.

Todo parece más bien una jugada mediática en la que se resiente el interés nacional boliviano y se crean falsas expectativas frente a lo que puede suceder con un tema neurálgico como el de su acceso al mar. Incluso, existe ya un malestar generalizado en su país, pues se está interpretando el ofrecimiento del presidente chileno como una estrategia política únicamente favorable a su imagen en el contexto latinoamericano.

Tal como la historia lo dejó reseñado, Bolivia perdió su salida al mar en el desarrollo de la guerra del Guano y del Salitre (Guerra del Pacífico) entre 1879 y 1883. El gobierno chileno tomó ventaja de las circunstancias del conflicto para que con la firma del Tratado de Ancón, Perú perdiera las tierras más meridionales y Bolivia viera frustradas sus ilusiones de mantener acceso al océano. Dicho acuerdo, con una prolongación plebiscitaria que nunca se cumplió, le despojó de una importante porción territorial que pudo rondar por los 125.000 kilómetros cuadrados. Lo anterior benefició directamente a Chile. Sin embargo, la nación inca alega por espacios marítimos y terrestres que hoy todavía se debaten en cortes internacionales.

Así las cosas, los rumores e informaciones gestadas sobre un retorno de Bolivia a jurisdicciones marítimas que hoy demandan Chile y Perú, son asunto de complejidad. De acuerdo con algunos medios chilenos, es real que el presidente Sebastián Piñera se expresó en la línea de facilitar el acceso boliviano al mar, a través de una zona que se halla en litigio con Perú. A lo que muchos análisis coinciden en un asunto inocuo e insulso, pues de generarse un fallo que afecte las posibilidades chilenas de dominar la zona en disputa, dicha opción quedaría resumida a términos sin validez. El presidente Ollanta Humala ya se pronunció para que los dos asuntos no se mezclen, puesto que una cosa es el ofrecimiento que pueda hacerse a Bolivia y otra el litigio entre los gobiernos de Santiago y Lima.

Efectivamente, para los próximos meses se dará una decisión final por parte de la Corte Internacional de Justicia (mismo tribunal que falló con Colombia y Nicaragua) en lo que tiene relación con la demanda peruana sobre áreas marítimas que considera de su jurisdicción, pero que poseen injerencia y presencia chilena. Se trata de una disputa que involucra unos 36.000 kilómetros cuadrados de superficie marina, a través de los que -aparentemente- está pensando el gobierno chileno avalar una salida al mar para el pueblo boliviano sin otorgarle soberanía.

En medio de estas circunstancias, podría señalarse que el presidente chileno empieza a percibir que los argumentos presentados en el alegato de la fase oral que recién terminó en la Haya no fueron tan contundentes como para imponerse sobre su par peruano. Y aunque la Corte no tendría en cuenta el hecho de que la opinión pública latinoamericana abogue por un corredor boliviano, quizá el señor Piñera esté a la espera de que sea un argumento a tenerse en cuenta para la decisión final.

Por lo pronto, Bolivia seguirá sin mar. La economía de Iquique y Arica es altamente dependiente de la relación comercial con las poblaciones bolivianas más cercanas y con el país en general. De presentarse un cambio en el statu quo de la zona, habría afectaciones directas para ambas poblaciones; asunto que seguramente no está contemplando el gobierno chileno.