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Así fue el primer año del segundo mandato de Donald Trump como presidente de EE.UU.
Trump asumió como el 47º presidente de Estados Unidos el 20 de enero de 2025. Desde ese día el mandatario dejó claro que su retorno no estaría marcado por la moderación
Hoy se cumple el primer año del segundo mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. En apenas doce meses, el mandatario republicano ha vuelto a tensionar el sistema internacional, a redefinir el rol de Washington en el mundo y a sacudir los equilibrios internos del país con una agenda marcada por el unilateralismo, la confrontación y la búsqueda explícita de un legado personal.
Desde su regreso al Despacho Oval, Trump ha roto acuerdos multilaterales, reactivado el uso de la fuerza como herramienta diplomática, rediseñado la política comercial y debilitado instituciones históricas, tanto dentro como fuera de Estados Unidos.
Lejos de un mandato de transición o de continuidad, el primer año de Trump -en su segundo mandato- ha sido una sucesión de decisiones de alto impacto que han redefinido alianzas, abierto nuevos frentes de conflicto y acelerado una transformación profunda del orden liberal que Estados Unidos ayudó a construir tras la Segunda Guerra Mundial.

Trump asumió como el 47º presidente de Estados Unidos el 20 de enero de 2025. Desde ese día el mandatario dejó claro que su retorno no estaría marcado por la moderación, tanto así que en cuestión de horas, anunció la suspensión por 90 días de la ayuda internacional gestionada por Usaid, la salida de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud y el abandono de los Acuerdos de París sobre cambio climático.
Esto ya daría las primeras pistas de lo que vendría para su primer año, ya que Washington volvería a priorizar una visión nacionalista, escéptica de los organismos multilaterales y abiertamente crítica de la cooperación internacional.
Semanas después, la política exterior comenzó a tomar un tono provocador. A finales de febrero, Trump difundió un video generado con inteligencia artificial que mostraba una hipotética "Riviera de Gaza" convertida en un destino turístico de lujo tras el fin de la guerra, con imágenes del propio mandatario compartiendo cócteles con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Sin embargo, este mensaje fue interpretado como una trivialización del conflicto y una reafirmación de su alineamiento total con Israel.
Luego de su primer mes como presidente del país norteamericano, la relación con Ucrania marcó otro punto de quiebre. El 28 de febrero, Trump junto a su vicepresidente, J.D. Vance, reprendieron públicamente al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en el Despacho Oval, acusándolo de “jugar con la tercera guerra mundial”.
Este episodio dejó en evidencia el cambio de tono de Washington frente a Kiev y anticipó un repliegue del respaldo político tradicional.
Días después, durante su discurso ante el Congreso, Trump confirmó sus intenciones de “hacerse con Groenlandia” y volvió a cuestionar el control del Canal de Panamá, al insinuar una supuesta influencia china; estas declaraciones, sumadas a posteriores amenazas de anexión, tensaron las relaciones con Europa y Dinamarca, y reforzaron la percepción de una política exterior basada en la presión.
Este distanciamiento con Europa también se vio reflejado en el terreno comercial. El llamado “Día de la Liberación”, el 2 de abril, Trump anunció aranceles masivos sin precedentes: una tasa universal de 10% a todos los países, con gravámenes adicionales para economías específicas.
China enfrentó un arancel de 34% y Camboya de 49%, mientras que la Unión Europea terminó pactando meses después un arancel general de 15% tras una negociación directa con la Comisión Europea.
Dentro del país, Trump también ha tocado un tema sensible y es la reactivación de la agenda migratoria. El 15 de marzo inició una política de deportaciones masivas, comenzando con la expulsión de 238 venezolanos a una prisión de máxima seguridad en El Salvador, acusados de pertenecer al Tren de Aragua.
La dureza de estas medidas derivó en protestas masivas en varias ciudades, especialmente en Los Ángeles, donde el presidente ordenó en junio el despliegue de la Guardia Nacional para contener las manifestaciones contra las redadas del ICE.
A lo largo del año, la demostración de poder militar fue una constante. En junio, Trump ordenó el bombardeo de tres instalaciones clave del programa nuclear iraní, alineándose de forma explícita con Israel.
Además, ese mismo mes, la Otan acordó elevar el gasto en defensa a 5% del PIB de sus miembros, una concesión clave para evitar el distanciamiento de Estados Unidos de la Alianza Atlántica.
Posteriormente, en septiembre, Estados Unidos lanzó su primer ataque contra narcolanchas procedentes de Venezuela, con un cercano de 11 muertos, bajo el argumento de la lucha contra el narcotráfico.
Ya en octubre, Trump ordenó retomar las pruebas de armas nucleares por primera vez desde 1992, en un contexto de creciente rivalidad con China y Rusia.
El momento más extremo llegó el 3 de enero de 2026, cuando Trump ordenó una operación militar en Venezuela que derivó en la captura de Nicolás Maduro y su esposa, trasladados a Nueva York para enfrentar cargos judiciales. La acción marcó uno de los episodios más audaces de intervencionismo estadounidense en décadas.
En el frente económico, Trump impulsó una ambiciosa reducción fiscal de US$4,5 billones, conocida como la “Big Beautiful Bill”, que benefició a las rentas más altas y aumentó el déficit público en US$3,3 billones.
Paralelamente, firmó acuerdos estratégicos para la explotación de materias primas en Ucrania y promovió el proyecto de la “Cúpula Dorada”, un escudo antimisiles basado en satélites para proteger el territorio estadounidense.
La obsesión por el legado personal también se hizo tangible. En octubre ordenó la demolición del ala este de la Casa Blanca para construir un salón de baile que llevará su nombre y, en diciembre, inauguró el llamado Muro de la Fama, donde reescribió la historia de sus predecesores con placas críticas.
Tras varios meses de tensiones diplomáticas y desacuerdos ideológicos, el miércoles 7 de enero, el presidente Gustavo Petro sostuvo una llamada con su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, en la que abordaron varios temas, entre ellos el plan que tiene Colombia para combatir el narcotráfico y la producción de drogas.
En principio fue la cancillería en confirmar que los mandatarios sostuvieron este primer acercamiento tras un año marcado por la crisis diplomática y varias llamadas a consultas de los embajadores de ambos países, luego fue el propio mandatario colombiano el que no solo confirmó, sino que dio detalles de su conversación con Trump.
El presidente Gustavo Petro destacó en su intervención en la Plaza de Bolívar que durante la llamada, abordó dos temas principales y realizó una solicitud: que se restablezcan las comunicaciones directas entre las cancillerías y los presidentes de ambos países.
China fue el mayor destino de los hidrocarburos venezolanos, recibiendo alrededor de 144 millones de barriles, equivalente a 68,1%
Durante días, las tropas sirias se habían concentrado en torno a un grupo de aldeas situadas justo al oeste del sinuoso río Éufrates