martes, 10 de marzo de 2020

En medio de esta coyuntura es difícil hacer nuevos pronósticos, pero no descartamos devaluaciones adicionales que podrían elevar un poco más la tasa de cambio, incluso a niveles cercanos a $4.000

Wilson Tovar

Los mercados financieros vivieron un ‘lunes negro’ que no se observaba desde la guerra del Golfo Pérsico con una estrepitosa caída del petróleo superior a 30% y que se reflejó en el ámbito local, en una ‘trepada’ en el precio del dólar por encima de $3.800, además, los rostros de desconcierto de inversionistas tratando de entender el rumbo de su dinero.

Vamos por partes. La expansión del coronavirus comenzó a golpear con fuerza los mercados financieros internacionales: el temor a una crisis económica global es evidente y se empieza a notar en varios sectores empezando por el turismo y el transporte aéreo. Esta desaceleración esperada de la economía global también influyó al observar el fracaso de la ronda de negociaciones que finalizó el viernes en Viena entre los miembros de la Opep. Al no ponerse de acuerdo con un recorte en la producción para sostener el precio del barril de crudo Brent por encima de US$50, quedo a la vista cómo la actual coyuntura afecta a cada país de manera diferente, pues Rusia y Arabia Saudita tienen posiciones encontradas al interior del cartel.

Una vez el mercado mundial conoció que la ronda de negociaciones había fracasado, el precio del petróleo se derrumbó en los mercados 9% hasta acercarse a US$45 pb, el nivel más bajo desde 2017. Pero el efecto no terminó allí: en la noche del domingo, las cotizaciones en el mercado de futuros se desplomaron 30%, la mayor caída intradiaria desde 1991, que provocó caídas en las bolsas asiáticas y anticipaba un lunes negro en los mercados accionarios al inicio de la semana. El lunes el retroceso se frenó: el Brent disminuyo 22% frente al cierre del viernes a US$35,32 el barril, y el WTI se operaba al cierre en US$32,29 pb. La aversión al riesgo anoche ya había impulsado los bonos del Tesoro a 10 años, haciendo caer sus rendimientos a menos de 0,50%. Incluso se especulaba con una nueva reducción de la Fed.

Telenovela petrolera
“A partir del 1 de abril nadie estará obligado a reducir la producción”, fue lo que dijo el ministro de Energía ruso Alexander Novak, el delegado del gobierno de Rusia que se opuso a la propuesta árabe de aplicar un recorte de 1,5 millones de barriles diarios hasta finales de 2020, equivalente a 1,5% de la oferta mundial (a principios de 2020 ya se había hecho otro de 2.1 millones de bpd).

La propuesta contemplaba que, de ese total, un millón era contenido por Arabia Saudita y los demás miembros de la Opep, mientras que el resto del ajuste quedaba en manos de Rusia y los otros nueve países asociados al organismo. Sin embargo, para aprobar la medida, hacia falta que el representante ruso diera su visto bueno, por lo que, luego de la negativa rusa, los mercados ahora enfrentan el fantasma de una producción descontrolada.

En ese sentido, estimamos que el consumo mundial de crudo caería en unos 2,7 millones de bpd durante el primer trimestre de este año, el mayor retroceso desde la crisis hipotecaria en 2008. Además, los inventarios se siguen acumulando en territorio chino: con 782 millones de barriles diarios superando el récord alcanzado en mayo de 2019. Ahora mismo nadie conoce la intensidad del impacto del virus sobre la demanda ni cuánto tiempo durará la epidemia, por más que la actividad económica en China muestre señales de recuperación.

Y la gran pregunta: ¿por qué a Rusia no le interesa mejorar los precios a los que vende el barril de petróleo?

Creemos que sus intereses divergen sustancialmente de los de Arabia Saudita y las monarquías petroleras de medio oriente. En el caso ruso, su moneda, el rublo, fluctúa libremente y cae a medida que baje el precio del crudo, por eso, frente a las sanciones económicas que sufre su economía por parte de EE.UU. luego de invadir Crimea, dejar caer el valor del petróleo permite hacer más competitivas las exportaciones rusas . Además, las grandes compañías petroleras nacionales como Gazprom y Rosneft, no quieren reducir sus ingresos y por eso están en contra de los recortes propuestos por Arabia Saudita.

En cambio, para la monarquía del rey Salman, la situación es bien diferente: el riyal saudí (moneda local) está anclado al dólar, como lo estuvo el peso argentino durante la convertibilidad y su gobierno alcanza el equilibrio presupuestario con un barril a USD$8,4 mientras que Rusia lo consigue a tan solo la mitad de ese valor. Por eso el gobierno de Putin todavía tiene margen para dejar caer un poco más los precios actuales.

Es evidente que para Rusia, mientras se ha embarcado en una tarea titánica de equilibrar los precios ante una demanda del petróleo deslucida, los competidores norteamericanos han incrementado su producción y ventas. Por lo tanto, creemos que sus intereses podrían intentar dar una probada de los costos asumidos a los pares del norte; sabemos que los precios de equilibrio “break-even” del Shale norteamericano bordean los US$40 pb de tal suerte que como aseguran algunos analistas, Rusia y Arabia podrían embarcarse en un aumento de oferta tal, que pudiera llevar los precios a niveles cercanos a US$20 pb.

En Colombia, la gran pregunta es: ¿y del dólar que? Aunque en la historia reciente el país ya habría vivido volatilidades similares en el precio de la divisa, este nuevo sacudón, ha trepado el dólar arriba de los $3.800, algo que sorprende a muchos, incluso a nosotros cuando en noviembre habríamos lanzado una expectativa de un máximo de $3.780 para 2020.

En medio de esta coyuntura es difícil hacer nuevos pronósticos, pero eso sí, no descartamos devaluaciones adicionales que podrían elevar un poco más la tasa de cambio, incluso a niveles cercanos a los $4.000 por dólar de no encontrar medidas especiales que pudieran tomar los hacedores de política y a medida que el precio del petróleo siga cayendo cerca a US$20 por barril.

*Director de investigaciones económicas en Acciones & Valores