martes, 20 de junio de 2017
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Juan Carlos Cendales

Cuando vemos la foto completa notamos cómo los flujos siguen llegando a Colombia; el último rebalanceo del MSCI aumentó la ponderación a favor de las acciones en pesos, los TES continúan demandados y en términos relativos, (algo que debería ser obligatorio para todos los analistas al hablar de macroeconomía).

Colombia sigue estando en el grupo de los países más apreciados para un mundo cada vez más anestesiado por la abundancia de masa monetaria, en el que cantidades infinitas de liquidez están haciendo fila para llegar a economías con un rendimiento relativamente mejor.  

Así, la disminución de la volatilidad muestra hasta qué punto los inversionistas de portafolio esperan la calma, después de dos años en donde tuvimos todo tipo de tramas: la reforma tributaria, el proceso de paz, el tan esperado aumento de tasas de la Reserva Federal de los Estados Unidos, la elección de Trump, el déficit de cuenta corriente, el acuerdo para estabilizar los precios del petróleo, el grado de inversión, las tensiones políticas locales, las elecciones en Francia, Italia y Alemania, la novela de Odebrecht, los tan esperados movimientos de tasas locales, el Brexit, la desaceleración y el rebalanceo de la economía China o la crisis lamentable en los territorios árabes.  

De esta forma, a menos que una crisis geopolítica estalle, no vemos cómo el dólar pueda salir del descanso durante el cual el maratonista recupera sus fuerzas; mientras que los inversionistas de portafolio aprovechan la reciente alza de tasas de la Fed la semana pasada para volver a vender dólares en donde la entrada parece segura.  

Seguiremos muy cerca de los niveles vistos recientemente en $2.850 - $3.000, pues, efectivamente, si hacemos un análisis rápido de los montos negociados por el mercado cambiario, en donde se establece la tasa del dólar oficial en Colombia (TRM), notamos con preocupación cómo los volúmenes han disminuido de manera importante a pesar de que el Gobierno continúa con su interés por traer dólares; hay menos necesidad de cambio de dólares a pesos por parte de los exportadores, menos giros hacia el exterior y por supuesto, menos especulación en un activo que históricamente se ha caracterizado por ser muy volátil y generar altos rendimientos o pérdidas.  

 Algo que sí podemos rescatar este año en el mercado de la divisa norteamericana frente a su par colombiana es el importante aumento de monetizaciones, inesperadas por demás, tras la normalización de activos del exterior; en una ventana que permitió que más de nueve mil personas declararan sus inversiones en moneda extranjera y donde nuevamente el rendimiento superior de las tasas locales juega un papel importante. 

De manera sincera, en una realidad diferente, muchos capitales regresan a una tierra que los vio partir con precios por debajo de $2.000 por dólar, cuando la moneda estadounidense era castigada fuertemente por los excesos en los créditos hipotecarios y la posterior crisis financiera norteamericana.