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FINANZAS PERSONALES Universidades, expertas en finanzas responsables
martes, 24 de septiembre de 2013
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Manuel Cabeza Lambán

“Más de doscientos altos directivos de Bancos y Cajas de Ahorro españoles están acusados ante los tribunales por administración desleal, estafas, etc…” “El consejero delegado de un banco español se duplicó el salario y bonus semanas antes de que fuera intervenido y rescatado con el dinero de los contribuyentes. Al mismo tiempo propuso el despido de 2.800 empleados” (Notas de diarios económicos españoles).

Caminábamos mi hijo y yo entre campos de trigo y maíz en la comarca de Sobrarbe, cerca de los Pirineos de Aragón. Vimos que se acercaban dos personas en bicicleta que resultaron ser dos antiguos conocidos míos. Eran profesores -doctores en finanzas- de universidades españolas que se distinguen por la formación ética y humana de sus estudiantes y que se habían formado en Harvard y Berkeley. La ermita donde rezaba su Santo Fundador quedaba no lejos de allí. Se alojaban al lado, en el Santuario de Torreciudad, provincia de Huesca, donde la Obra ha construido una iglesia moderna y una hospedería.

Nos alegramos de encontrarnos en esos lugares tranquilos, en una tarde preciosa y calurosa de este verano. Hablaron de sus esfuerzos para animar a una juventud ilusionada, pero que ha tenido en los últimos años ejemplos de codicias financieras, comportamientos poco éticos, búsqueda del beneficio a corto plazo y especulación a toda hora.

Por mi parte les comenté que había estado con un grupo de expertos que estudian cómo hacer que las principales universidades del mundo no se vean indirectamente acusadas de falta de formación en finanzas responsables. Muchos de los personajes americanos, ingleses, etc. (y también españoles) que se han visto envueltos en recientes escándalos financieros de todo tipo -como los citados al comienzo del artículo- habían pasado por las aulas del grupo de las ocho Universidades americanas pertenecientes a la “Ivy League” y de muchas otras de altísimo prestigio (algunas de inspiración religiosa). ¿Qué habían aprendido, además de ser expertos financieros? ¿A ganar dinero a cualquier precio? ¿A buscar fisuras en las leyes para despreciarlas? ¿A pagar a lobbies para que los reguladores no les molestasen? ¿A ignorar las graves consecuencias de su inmoral conducta? ¿A no aceptar ninguna responsabilidad por lo que han hecho?

Estas preguntas flotan en el aire en los últimos años y la prensa internacional las ha aireado en lo más crudo de la crisis. Muchos miraban de reojo a Harvard, Yale, Cornell, etc. pensando lo que algunos decían en voz alta: estas universidades forman expertos en finanzas, pero ¿forman financieros responsables? Tal vez aprendieron excelentes técnicas financieras y olvidaron el alma de las finanzas.

Porque las finanzas, al igual que la electricidad o la energía nuclear entre otros muchos inventos, son fuente de grandes bondades pero también de terribles efectos si se utilizan mal. (¿Recuerdan Uds. lo que dijo Warren Buffett “armas de destrucción masiva…”)

Desde que estalló la crisis hace seis años, el tema ha preocupado a los responsables de las Universidades serias. Es como en aquella preciosa balada de Paul McCartney, de los Beatles, titulada “She´s leaving home” en que los padres se preguntan “¿Y qué hemos hecho mal para que nuestra hija se vaya de casa?” Merece la pena volver a escucharla.

¿Y qué hemos hecho mal para que algunos de nuestros alumnos -mujeres y hombres estudiosos- no hayan aprendido que viven en un mundo solidario y que sus decisiones afectan a miles de personas? ¿Son conscientes que con su locura absoluta por el dinero y el desprecio por los demás arrastran a otros a la miseria, a privarles de sus casas y sus trabajos? La respuesta está en los diarios y en los juzgados y es que no, que no son conscientes o no quieren serlo.

A muchas universidades nos toca una parte -pequeña o grande- de responsabilidad por lo sucedido. Así como no se permite manipular residuos nucleares a cualquiera, no debemos otorgar titulación a quienes no acrediten una sólida formación humana, antes que técnica. Debemos ser estrictos en este asunto: no podemos dar patentes de piratería a quienes pueden destruir millones de familias.