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El Dane reportó el nuevo dato de estadísticas vitales que da cuenta de la transición demográfica que atraviesa el país: se registraron menos nacimientos y más defunciones. Puntualmente, en 2025 Colombia reporta un total de 433.678 nacimientos, 20.223 menos que en el año 2024, lo que representa una disminución de 4,5%
Desde 2020 han cerrado más de 3.700 colegios
El sector privado es el más golpeado: del total, 1.943 corresponden a instituciones privadas, mientras que 1.711 son públicas, con 52,4% y 46,1%, respectivamente
Menos cunas y más canas será la realidad de una Colombia cada vez más envejecida. La caída de la natalidad tiene impactos en todos los sectores de la economía y uno de los más afectados será el educativo.
Jardines, colegios y universidades tendrán que empezar a competir por quedarse con los pocos niños y adolescentes que habrá en el futuro y, también, por sobrevivir financieramente.

Desde 2020, según los datos más recientes entregados por el Ministerio de Educación, un total de 3.711 colegios ha cerrado sus puertas, principalmente por la caída de la natalidad registrada en la última década.
Pero el sector privado es el más golpeado: de ese total, 1.943 corresponden a instituciones privadas, mientras que 1.711 son públicas, con participaciones de 52,4% y 46,1%, respectivamente.
A esto se suman las instituciones de educación inicial, que registran un promedio anual de cierre de 90 jardines infantiles que salen del mercado.
Martha Valencia de la Roche, presidenta de la Asociación Nacional de Preescolar, Andep, indicó que solo en el primer mes del año se registraron cerca de 59 cierres de jardines infantiles, una cifra que se aproxima rápidamente al promedio anual de 90 clausuras.
Ante este panorama, Ruth Domínguez, presidenta de la Asociación de Jardines Infantiles, Jardinco, señaló que la baja natalidad es un factor transversal: “al haber menos nacimientos hay menos niños y es uno de los factores de cierre, pero no es el único”. Añadió que “el sector oficial también tiene el mismo problema”, al tratarse de una tendencia que responde a cambios en las decisiones de las familias.
Según la Asociación de Colegios Privados de Colombia, Acopricol, alrededor de 800 instituciones afiliadas a su gremio han cerrado desde 2020, de las cuales 35 corresponden a Bogotá solo en 2025.
La disminución en la matrícula ha sido uno de los principales factores: antes de la pandemia, los colegios operaban con niveles de ocupación cercanos a 90% o 95%, mientras que hoy estos rondan 60%.
Juan Pablo Santiesteban, vicepresidente de Acopricol, explicó que “esto no es una crisis puntual, sino un problema estructural que se viene acumulando desde hace años”, y agregó que cada cierre implica la desaparición de proyectos educativos construidos durante décadas.
El fenómeno también ha golpeado con mayor intensidad a los colegios que atienden a familias de menores ingresos.
Entre 87% y 90% de la educación privada está dirigida a estudiantes de estratos uno, dos y tres, donde factores como la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y el aumento de los costos operativos han llevado a muchos hogares a migrar hacia la educación oficial.
Las cifras de nacimientos respaldan esta dinámica. En 2020 se registraron 629.402 nacimientos, que descendieron a 453.901 en 2024 y continuaron a la baja en 2025, con 433.678, lo que ha reducido de manera progresiva el tamaño del mercado potencial para la educación inicial.
“La tasa de natalidad ha disminuido de forma sustancial en los últimos 10 años y se espera que, en el mediano plazo, la pirámide poblacional empiece a invertirse. Esto tiene incidencia en el sector educativo, especialmente en preescolar y básica, y más adelante en la media. Sin embargo, también representa una oportunidad”, dijo Daniel Rojas, ministro de Educación.
Sin embargo, en Bogotá estos efectos han sido más visibles, ya que entre 2018 y 2024 han cerrado 428 jardines infantiles en la ciudad, en un entorno marcado por menor demanda y mayores presiones financieras.
Entre las localidades que más han sentido estos efectos se encuentra Suba, con un total de 63 establecimientos cerrados; le sigue Engativá, con 55.
Domínguez advirtió que las instituciones enfrentan “una estructura de costos rígida, exigencias crecientes en infraestructura y mayores obligaciones curriculares”, factores que limitan su sostenibilidad. A esto se suman elementos regulatorios. En la capital operan dos esquemas de supervisión: uno bajo la Secretaría de Educación y otro bajo la Secretaría de Integración Social, lo que, según el sector, genera duplicidades normativas y mayores exigencias para los operadores privados.
Desde los colegios también se ha identificado la natalidad como un factor determinante. Natalia Zuleta, presidenta de la Junta Directiva del Gimnasio Fontana, aseguró que “estamos viendo un descenso de la natalidad que llega a 15% y con tendencia al aumento”, lo que obliga a las instituciones a replantear su oferta educativa.
Por su parte, Carolina Charry, rectora del Colegio Nuevo Cambridge, indicó que “no estamos ante un problema de calidad educativa ni de gestión institucional, sino frente a un desajuste estructural”, asociado a una pirámide poblacional que ha cambiado en los últimos años en el país.
El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, reportó que cuenta con 64.173 unidades de servicio a nivel nacional, en las que se atendió a más de dos millones de niños y mujeres gestantes el año pasado. Para el año en curso, la entidad proyecta una oferta de 1,4 millones de cupos en primera infancia. Sin embargo, la cobertura no abarca a toda la población. Según proyecciones del Dane, hay cerca de 4,4 millones de niños entre cero y cinco años, lo que refleja que la atención se distribuye entre la oferta pública, privada y otros esquemas.
El Icbf también ha implementado estrategias para ampliar su alcance en zonas rurales y poblaciones vulnerables, como la modalidad propia e intercultural, acompañamiento a distancia y redes comunitarias, con el objetivo de garantizar la atención en territorios dispersos.
Pese a esto, desde las asociaciones señalan que el enfoque no se limita a resistir la coyuntura. Valencia afirmó que el reto está en “elevar la calidad y demostrar con resultados el impacto”.
El agro, las manufacturas y la construcción ya sienten los efectos del envejecimiento poblacional: cada son menos los jóvenes que se incorporan a la fuerza laboral de estas actividades, que componen una parte importante de la economía mundial. Ante este escenario, la Cepal advirtió que el relevo generacional es cada vez más difícil, ya que la edad promedio de los trabajadores del agro y las manufacturas se ubica entre 50 y 60 años, mientras que, en algunos países, la edad media en la construcción supera los 40 años.
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