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Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo del CAF, resaltó que hay varios retos económicos que debe librar la región para reducir la informalidad y aumentar la productividad
Sergio Díaz-Granados, presidente del CAF, tiene varias metas fundamentales dentro del banco: que el Caribe sea tomado en cuenta como epicentro de reuniones de desarrollo y avances para la región y también que América Latina avance económica, cultural y socialmente.
No solo hizo un balance de la cumbre Celac-Unión Europea y los avances que se lograron en materia económica, educativa y de salud. También dio sus recomendaciones sobre lo que deben tener en cuenta los aspirantes a la presidencia de la República.
Fue una gran oportunidad volver a tener esta cumbre de vuelta en América Latina, pues llevaban casi ocho años sin realizarse. Fue gracias a la presidencia de España en la Comisión Europea que se descongeló el episodio de la ausencia de las cumbres y regresamos a tenerlas en Bruselas en 2023. Yo personalmente visité al presidente Pedro Sánchez y a la vicepresidenta Nadia Calviño para sugerirles que no solamente reviviéramos la cumbre, sino que tuviéramos un foro empresarial de Europa-América Latina y la primera reunión de ministros de Economía y Finanzas.
Afortunadamente, estas ideas fueron bien recibidas y se impulsaron desde el día uno, logrando que se hiciera la primera rueda empresarial, la primera reunión de ministros y la cumbre de líderes, con el compromiso de hacerlo cada dos años. El gran éxito de Santa Marta es que se haya hecho la cumbre y el foro empresarial, volviendo a acercar y ensanchar la relación entre ambos bloques.
Por lo regional, quedaron tres estructuras centrales en la conversación entre los bancos de desarrollo presentes, como el Banco Europeo de Inversiones y nosotros. El primer eje es la transición ecológica, que es adaptación y resiliencia al cambio climático asociada a crisis hídricas, problemas de sequía, inundación y el sargazo en el Caribe. Lo segundo es la transición energética para aumentar la interconexión eléctrica. Colombia está trabajando en la interconexión con Panamá y se ha trabajado entre Perú y Ecuador, porque la interconexión del continente puede elevar en 1% el PIB de crecimiento de toda la región. El tercero es lo digital, trabajando para aumentar los cables de fibra óptica que conecten Europa, África y América Latina, y también satélites para el mundo rural y las escuelas que están ausentes de conexión.
Para Colombia, anunciamos el reforzamiento de la seguridad aérea, pues es de los países que más necesita la aviación para la integración de su mercado interno. Tenemos aeropuertos que necesitan actualización, como el de Santa Marta, que tiene una pista muy corta y necesitamos colocar las ayudas de aproximación en el mar y mejorar la ampliación de la pista para conectar con mercados más distantes. Hemos hecho una operación por primera vez en la historia de un banco de desarrollo en Colombia con la Aerocivil para un crédito directo, sin garantía de la Nación, para apalancar las obras de pista en Santa Marta y hacer el aeropuerto de Tolú. El rol de la banca de desarrollo es asegurar que estos proyectos transiten más allá de los ciclos de gobierno y crear una memoria institucional para proyectos que requerirán más de uno o dos periodos presidenciales.
Sí, el diálogo con el Gobierno, autoridades locales, academia y sector privado ha sido muy activo en estos cuatro años. Anunciamos con el ministro de Educación una segunda fase de nuestro crédito de modernización de los colegios en las áreas más alejadas, con una primera fase de 80 millones de dólares ya en ejecución. Entregamos por primera vez una política integral para la construcción modular de escuelas de acuerdo al piso térmico: frío, templado y cálido. No es lo mismo construir una escuela en Timbiquí que en la sabana de Bogotá.
El equipo escogió el sitio de más difícil acceso en el Pacífico para hacer una escuela modular y entender qué se requiere para ese clima, cómo bajar la temperatura y asegurar a un niño 22 litros de agua, que es lo que necesita un colegio para llamarse así. Tenemos colegios en las planillas que no tienen agua ni electricidad; eso no es un colegio. Esto lo presenté en la Andi para entender cómo articular proveedores nacionales de paneles solares y filtros de agua. La gente tiene que entender que lo modular no significa desechable; son materiales del siglo XXI asociados a la sostenibilidad que permiten abaratar costos.

Es la primera vez que se hace esta cumbre en el Caribe en el sentido extenso de la palabra. Para la ciudad es un gran reconocimiento y un testeo de que puede seguir avanzando en acoger eventos de alto nivel. Conversando con la primera ministra de Estonia sobre economía azul, terminamos invitándola a conocer el laboratorio de reproducción sexual de corales que tenemos en Santa Marta, un proyecto único reconocido por la revista The Economist para restablecer los corales. La declaración es lo más importante; que los líderes hayan acordado una base valiosa para la relación hacia adelante, ya que hace dos años hicimos un compromiso de inversiones público-privadas y vamos justamente en el proceso de ejecución de esos recursos.
Básicamente, hemos hecho tres cosas que resumiría de esta manera. La primera, buscarle más socios al banco, es decir, más socios de América Latina y el Caribe ingresando al banco. Desde el día uno en que ingresé a la presidencia, este fue uno de los objetivos centrales porque la carta constitutiva del banco indica que todos los países de la región pueden ingresar a él. Me he dedicado gran parte de mi tiempo a invitar a otros países a sumarse o a aumentar su presencia.
Así logramos la entrada como miembros plenos de Honduras, El Salvador, Costa Rica y República Dominicana; además de Guatemala, Chile y estamos en el proceso de mayor ingreso de islas del Caribe como Bahamas, Antigua y Barbuda, Dominica y Granada. También ingresaron bancos adicionales como el Eastern Caribbean Central Bank. Esto expande la capacidad de cobertura de los servicios financieros del banco y nos permite, como banco regional, hacer una mejor planeación de los programas de integración dentro de América Latina y el Caribe.
El segundo paso es consolidar el grado de inversión del banco y su calificación. Logramos emitir más bonos en el mercado internacional a un mejor precio y traer esos beneficios financieros a los socios. Desde que entré, este ha sido el periodo de mejores calificaciones del banco; hace apenas tres días Standard & Poor's nos subió a AA+.
Hay que ver la evolución, porque el banco nace en febrero de 1968 en Bogotá solamente para los países andinos. Pero en los 90 se toma la decisión de que se abra a toda América Latina y el Caribe; de hecho, el primer país en ingresar fuera del área andina fue México hace 34 años. En los 30 años siguientes a esa decisión, el banco consolidó mucho su posición en Sudamérica, y lo que yo he tratado de hacer en estos cuatro años es consolidar más la posición en Mesoamérica y en el Caribe para terminar de hacer una cobertura total de la geografía. Cuando llegué al banco, encontré en los reglamentos que el presidente ejecutivo podía definir su ubicación en cualquiera de los países socios. Yo le hice una reflexión muy sencilla al directorio, que fue plenamente acogida: para nosotros hoy el centro de gravedad de la conectividad es Panamá.
La logística desde Panamá aérea funciona; Panamá no tiene un canal, tiene tres: el marítimo, el aéreo y el digital, pues todos los cables pasan por allí. El directorio, con mucha precaución y prevención muchos años atrás, había tomado la decisión de comprar un terreno y establecer un hub de servicios desde Panamá. Yo me presté para sacar adelante ese hub e instalar la presidencia allí, sin perjuicio de la sede que sigue siendo Caracas. Somos el único banco de desarrollo de los 500 que hay a nivel mundial que tiene más gente fuera de la sede que en la sede. 75% del personal está regado por toda América Latina.
Diría que los bancos de desarrollo en general realmente no competimos, simplemente agregamos servicios e innovamos. Las necesidades de financiamiento a nivel mundial superan por casi cinco veces las capacidades de las hojas de balance de todos los bancos sumados. El desafío y el éxito que ha mantenido CAF es la demostración de que los países prestatarios, que son los dueños del banco, pueden administrar el banco con su personal y demostrar que es sostenible financieramente.

Tenemos un buen récord de cumplimiento de obligaciones de los socios. Obviamente, la marca de CAF está más presente en los países fundadores por el tiempo que llevan allí: Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela. Pero ha ganado mucho espacio en Argentina y Brasil, y ha ganado una gran reputación en Trinidad y Tobago y en Barbados. Ha pasado también que el Banco Mundial se ha replegado por los temas de la graduación del ingreso per cápita, y eso ha hecho que los países busquen formas alternativas de financiamiento, y allí hemos aparecido nosotros.
Hoy, por los números, Colombia lidera el portafolio, junto con Argentina, Ecuador y Brasil. Vamos a tener pronto intervenciones interesantes en Bolivia para ayudar a la nueva administración a consolidar su plan macroeconómico. En Centroamérica hemos hecho cosas muy rápido; el caso de El Salvador, uno de los reconocimientos que hace Time es justamente a la operación de canje de deuda de US$1400 millones, la más grande en el año 2024 en el mundo.
Agua potable es una de las cosas más importantes para nosotros, es casi un sello e impronta del banco que se lleva un buen porcentaje de la cartera. Tenemos un grupo de especialistas muy bueno en agua y saneamiento. Pero hoy 40% de la cartera es verde; nuestros recursos están yendo a proyectos verdes y azules, grandes, medianos y pequeños. En el caso de Colombia, avanzamos una línea de crédito con el Bbva por US$100 millones para biodiversidad para la pequeña y mediana empresa. Cuando uno abre la oportunidad de dar conocimiento y las herramientas, la reacción de América Latina es muy positiva. Además, somos el único banco de desarrollo que tiene un directorio donde participan bancos privados; en los 90 se abrió un paquete de acciones para ellos.
Tenemos bancos privados de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia que son socios y tienen un director que rota todos los años. Ya ha estado con nosotros el presidente de Davivienda como director, y es importante tener esa voz de la banca privada diciendo cómo ven la región. Somos multilaterales, somos de desarrollo, pero somos banco, y tenemos que ser totalmente autosuficientes con nuestros recursos.
Tenemos una operación que ya anunció el alcalde Carlos Fernando Galán sobre la primera emisión de bono verde de una capital latinoamericana. Bogotá hizo una emisión internacional que contó con el apoyo en la estructuración de CAF y del IFC del Banco Mundial, y nosotros fuimos uno de los mayores compradores de ese bono.
Estamos financiando en Cartagena, Barranquilla, Santa Marta y Cali. Queremos seguir trabajando con más ciudades; ya vamos por US$250 millones este año y vamos a poder cerrar el año entrante en más de US$500 millones para ciudades. Eso complementa lo que hacemos con la Nación y el sector privado. Vamos a terminar probablemente hacia agosto del año entrante, habiendo aprobado y desembolsado casi US$8.000 millones al país por distintos canales.
Siempre hemos utilizado esta expresión del vaso medio lleno o medio vacío en muchos de los documentos del banco. Vemos que América Latina ha hecho unos esfuerzos enormes por reformas en los últimos 30 años que le han permitido contar con un sistema financiero más estable.
La gran mayoría de los países de la región tienen flotabilidad del tipo de cambio, gran parte tienen bancas centrales autónomas o independientes, lo cual ayuda a darle más seriedad a la política monetaria. Gran parte de los países han hecho esfuerzos importantes de liberalización comercial para fomentar más el comercio como herramienta de desarrollo. Si uno mira esto no como una fotografía, sino como una película, uno puede decir que América Latina ha hecho un gran esfuerzo por organizarse, aunque hay excepciones.
Ahora, hacia adelante también quedan problemas. Tenemos unos desbalances serios en América Latina que no hemos corregido: desbalances de baja productividad, de alta informalidad y un problema de desempleo en jóvenes que además está activando unos problemas de desesperanza y de falta de confianza en las instituciones. Creo que hay que ver a América Latina con esa doble perspectiva; si nos aplicamos a hacer las reformas necesarias, si focalizamos la atención en dónde colocar las inversiones y cómo movilizar al sector privado, podemos darle respuesta a esos desafíos.

La foto de este año es un crecimiento relativamente mediano, inclusive mediocre si se quiere, para efectos de lo que estamos viendo en el contexto global. Estamos resintiendo en América Latina y el Caribe gran parte de este desacople de China y Estados Unidos, la volatilidad de los mercados internacionales y los problemas que están pasando a nuestro alrededor. América Latina se tragó tres choques en los últimos 15 años muy grandes: el de 2008 de la crisis financiera, la crisis de las materias primas en 2015 y luego la pandemia. A la región le tocó responder a todo eso y gran parte de eso es lo que ha generado los incrementos de la relación de deuda sobre PIB.
Vienen cayendo los flujos de inversión. ¿Qué sectores pueden ser más dinámicos en atraerla? ¿Qué estamos haciendo para conseguir que la gran inversión que está yendo hoy a lo digital llegue a la región? El reporte que presentó Mario Draghi en la Unión Europea hace menos de un año era justamente una reflexión para los europeos diciendo que se están rezagando respecto a Estados Unidos en productividad.
El punto más alto de productividad de Europa con respecto a Estados Unidos fue 90% a comienzos de los 90; hoy está en 80%. La diferencia que tiene Europa hoy es la ventaja que tiene el mercado digital americano.
Europa tiene un proyecto político, monetario, aduanero y de integración; nosotros ni siquiera tenemos eso. Tenemos que pensar de qué manera América Latina encuentra un atajo para llegar a una integración efectiva, pragmática y real. América Latina tiene muchas de esas piezas en la mano: energía limpia, un mercado laboral bueno y un marco regulatorio que no está tan mal.
Sin querer dar un recetario para los candidatos, haría tres reflexiones generales. Tenemos el continente más desigual del planeta. Hay tres canales esenciales para frenar el incremento de la desigualdad. Uno son las reformas para acceder al empleo formal; se requieren reformas laborales y al ambiente de negocios, porque el empleo formal es el mejor canal para asegurarle a una familia un ingreso digno.
Lo segundo es trabajar más el canal de educación. Somos el primer banco de desarrollo en aliarse con Unicep pensando en el "banco futuro". Todavía tenemos un bono poblacional por los próximos 25 años y tenemos que invertir en esa semilla para que nos lleve a la productividad. No podemos envejecernos sin haber resuelto el problema de pobreza y desigualdad; sería la condena del siglo XXI. Hoy tenemos herramientas digitales para asegurar que nuestros niños aprendan bien, incluso en el mundo rural con un solo profesor. Es la mayor contradicción de América Latina: nos convertimos en el continente más aglomerado y de menor productividad. Se supone que la aglomeración genera productividad, pero aquí no ocurrió, así que tenemos un problema anclado en educación.
El tercero, que podemos activar muy rápidamente, es el de la vivienda. América Latina lleva 12 millones de unidades de déficit acumuladas en los últimos 10 años. Necesitamos activar el canal de vivienda para darle la oportunidad a la gente de tener techo propio, de acumular patrimonio y de activar la industria. El primer sector que tenemos que activar es el de la vivienda para cerrar los problemas de pobreza y generar empleo formal. Ese canal lo hemos dejado adormecido en toda la región.