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Las mujeres siguen ganando participación en el mundo empresarial y político, pero aun está lejos la meta de superar las brechas género
Daniela Konietzko, presidente de la Fundación WWB Colombia
Daniela Konietzko, presidente de la Fundación WWB Colombia, dijo que la distribución de las labores del cuidado es esencial para mitigar las brechas de género
La Fundación WWB Colombia, como institución independiente y autónoma, trabaja desde hace cuatro décadas para cerrar las brechas de desigualdad para las mujeres y promover su participación activa en el desarrollo económico. Daniela Konietzko, presidente de la entidad, afirma que es imposible transformar lo que no se entiende, y por ello resalta la importancia de levantar información y evidencias para conocer los contextos en sus dimensiones reales, y propiciar acciones que generen cambios.
Hemos visto que las mujeres tienen mayores niveles de educación y participación en la economía, pero la brecha se trasladó y pasó de ser un problema de acceso a la educación, a uno de calidad, condiciones y autonomía económica real.
La jefatura femenina en Colombia está alrededor de 46,5%, es decir, 8,5 millones de hogares tienen una mujer como jefa de familia. Sin embargo, a 39% de ellas no les alcanza el dinero para cubrir lo básico, y el ingreso promedio de un hogar con jefatura femenina es de $1,3 millones, frente a $1,4 millones en los de jefatura masculina.
En la ruralidad, la brecha es mayor, las mujeres trabajan 14 horas diarias y solo reciben ingresos equivalentes a 39% de su tiempo. El Foro Económico Mundial dice que alcanzar la plena paridad tomará 134 años. ¿Estamos dispuestos a esperar o podemos hacer un esfuerzo para acelerar?
Nuestro trabajo se articula en tres ejes. El primero es la intervención directa. Durante 2025 trabajamos con alrededor de 25.000 personas en todo el país. En profundidad estamos en el Pacífico (Valle, Cauca, Nariño y Chocó), donde acompañamos 3.551 micronegocios, 80% liderados por mujeres. Hacemos fortalecimiento personal y empresarial porque la autonomía no es solo económica, sino también la capacidad de decisión sobre los proyectos de vida. Tenemos Yarú, una ruta de emprendimiento que obtuvo un NPS (Net Promoter Score) de 90 frente a 64 en América Latina.
El segundo eje es el conocimiento. Generamos evidencia sobre brechas para incidir en política pública. El tercero son las inversiones, en 2011 creamos el Banco WWB y movilizamos capital con lente de género.
Vemos que 97,3% de las mujeres microempresarias asume responsabilidades de cuidado, frente a 69,2% de los hombres. Las mujeres dedican en promedio ocho horas diarias al cuidado no remunerado y los hombres tres. Por eso los micronegocios de mujeres venden 40% menos en las mismas condiciones. Por cada $100 que venden los negocios de hombres, los de mujeres venden $60.
No es por capacidad ni porque no entiendan el negocio, es el tema del cuidado. Para atacarlo hay tres R: reconocer que el cuidado es un pilar económico y social y no un asunto privado; redistribuirlo involucrando al Estado, a los hombres, al sector privado y a la comunidad; y reducirlo con servicios asequibles y modelos de cuidado comunitario remunerado.
Diseñamos el taller “Finanzas sin etiqueta” para ver cómo los analistas de crédito tienen sesgos inconscientes de género, teniendo en cuenta que las mujeres pagan mucho mejor los créditos que los hombres. Los sesgos bajaron 89% y eso hizo que se originaran mejores líneas de créditos.
También necesitamos scoring alternativos que tengan en cuenta las realidades de las mujeres, microseguros para sus riesgos y productos ajustados a sus ciclos productivos.
En Colombia, 95,6% de los hombres tiene acceso a productos financieros frente a 88,7% de las mujeres. Si hablamos de crédito, la brecha es aún mayor.
La participación de mujeres en juntas de empresas emisoras de valores alcanzó 23,1% en 2024. Hemos mejorado, pero no es suficiente. Una junta debería tener al menos 30% de mujeres.
Lo digo por experiencia propia: una mujer sola en junta no alcanza, se necesitan al menos tres para que esa visión compartida entre hombres y mujeres pueda surgir. En el ámbito público la brecha es aún mayor, menos de 20% de las alcaldías y gobernaciones están lideradas por mujeres. Las decisiones estratégicas se toman desde la Junta Directiva, entonces es supremamente importante hacerlo de manera genuina y decidida.
Para las elecciones legislativas se postularon 1.303 candidatas, 40,9% del total de candidatos. La representación femenina elegida es menor a la de la anterior legislación
La presencia femenina en las Juntas Directivas ya superó 30% según cálculos de la Asociación Nacional de Empresarios
La distribución del trabajo de cuidado muestra que mujeres que no tendrían más destino que cuidar deciden acudir al mercado laboral y, cuando lo hacen, mejoran la vida de ellas y sus familias