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El Mundial de fútbol no es solo un evento deportivo. La copa impulsará el PIB, beneficiando a sectores como comercio, turismo, gastronomía, hotelería y entretenimiento. Conozca cómo es la economía del Mundial
la combinación entre fútbol, encuentros familiares y actividades de entretenimiento perfila uno de los junios más dinámicos de los últimos años para sectores como gastronomía, moda, tecnología y turismo
El Mundial de Fútbol 2026 no es solo el evento deportivo más grande y apasionante del planeta. Es también uno de los hitos económicos más intensos para el comercio global y, en Colombia, además, es un fenómeno profundamente emocional. Un punto de convergencia donde la economía se acelera y también se aceleran los corazones de los colombianos, así mismo la identidad colectiva se exacerba. En el país, el fenómeno se siente con especial intensidad. La expectativa del Mundial 2026 ya está impactando al sector comercio. Las ventas de televisores y equipos de entretenimiento han registrado aumentos entre el 40% y el 57%, en los últimos 3 meses, impulsadas por hogares, establecimientos de comercio, restaurantes y bares que buscan mejores pantallas, mayor definición y potenciar la experiencia colectiva de ver los partidos en familia o con amigos.
Los certámenes de fútbol han sido históricamente grandes dinamizadores de la economía nacional, especialmente cuando participa la Selección Colombia. Las ventas de camisetas, souvenirs y prendas deportivas se disparan en todo el país. Registros de mundiales anteriores en los que clasificó Colombia muestran que estos artículos crecieron más de un 100%, frente a un año normal, convirtiendo la camiseta amarilla en mucho más que una prenda: en un símbolo colectivo de ilusión y pertenencia.
La actividad de bares, restaurantes y puntos de encuentro se intensifica notablemente cada vez que la Selección Colombia salta a la cancha. Las ventas de alimentos y bebidas, especialmente cerveza, registran incrementos significativos, impulsadas por millones de colombianos que convierten cada partido en una excusa para reunirse, celebrar y compartir. Este año, además, el comercio tendrá un impulso adicional: el Día del Padre se celebrará el 14 de junio, coincidiendo con un fin de semana festivo. La combinación entre fútbol, encuentros familiares y actividades de entretenimiento perfila uno de los junios más dinámicos de los últimos años para sectores como gastronomía, moda, tecnología, turismo y entretenimiento.
Incluso fenómenos culturales aparentemente simples terminan convirtiéndose en motores de actividad económica y social. Así por ejemplo, el impacto del álbum oficial Panini, capaz de modificar la cotidianidad de millones de colombianos. Centros comerciales, oficinas, parques y calles enteras se llenan de personas intercambiando “monitas”, reviviendo una tradición que atraviesa generaciones. Así mismo, ya se reconoce en la opinión pública mundial y en los medios de comunicación, la mancha amarilla en los estadios donde juega la Selección debido al inmenso número de colombianos que acompañan al equipo.
Sin embargo, reducir el Mundial únicamente a cifras sería quedarnos cortos frente a lo que realmente significa para los colombianos. Porque cuando rueda el balón, el país cambia de ritmo. Las diferencias sociales, políticas, religiosas o regionales parecen diluirse frente a una misma emoción compartida. En cualquier rincón del país, todos terminamos mirando hacia a una pantalla, con la misma esperanza.
La participación de la Selección Colombia en el Mundial 2026 no es solo un hecho deportivo: es un evento de identidad nacional. Es el momento en el que un país fragmentado por debates cotidianos se reconoce a sí mismo en un solo grito de gol. Es la oportunidad en la que niños, mujeres, hombres, jóvenes y adultos comparten una misma conversación, una misma emoción y, por unos días, un mismo sueño.
Porque si bien es cierto que el Mundial impulsa la economía, su impacto más profundo no aparece en los balances financieros. Aparece en la calle, en los abrazos entre desconocidos, en los silencios tensos antes de un penal, en los saltos colectivos de un gol inesperado.
En un país como Colombia, donde a veces cuesta encontrar consensos duraderos, el fútbol logra algo excepcional: construir una identidad compartida, aunque sea temporal, pero poderosa. Y en el centro de esa construcción está la Selección.
Por eso, más allá de los números, los crecimientos porcentuales o las proyecciones económicas, el verdadero “gran ganador” del Mundial 2026 no será un sector en particular. Será esa capacidad única que tiene el fútbol de recordarnos que, por encima de todo, somos un solo país cuando juega la Selección Colombia.
Al iniciar el Mundial, las selecciones reciben US$1,5 millones de entrada para gastos de concentración, a parte de los premios
La derrama económica estará sustentada en la llegada de al menos cinco millones de turistas a los tres países sede
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