Tecnología

Facturación electrónica


El uso de la tecnología en la mejora de los procesos operativos y financieros de las empresas ya es una obligación

En 2019, la Dian reportó que se validaron un total de 47,5 millones de facturas electrónicas por un valor en ventas de $92,7 billones

Salomón Asmar Soto - sasmar@larepublica.com.co

Adaptarse a un nuevo procedimiento no es tarea fácil, menos cuando requiere un cambio del chip físico (el papel) hacia el digital. Esto es lo que propone la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian) a través de la facturación electrónica.

Temores e incertidumbres pueden generarse entre los contribuyentes que se acogen a esta alternativa que, según la entidad, trae consigo muchos beneficios. Entre ellos, un impacto positivo sobre el medio ambiente, un incremento en la transparencia de los negocios debido a su inmediatez y un impulso para la economía digital, cada vez más posicionada en los mercados internacionales.

Adicionalmente, la facturación electrónica permite la automatización de procesos internos dentro de la compañía, al mismo tiempo que facilita el cumplimiento de obligaciones aduaneras, tributarias y cambiarias. En general, según los expertos, este proceso no solo reduce tiempos y costos, sino que también ayuda al reconocimiento financiero en tiempo real.

“De manera electrónica, y casi que inmediata, la Dian va a tener la posibilidad de conocer los pagos o las facturas de ventas que se hagan en Colombia. Cuando se haga un proceso de compra, la idea es que la entidad conozca automáticamente cuáles son las compras o ventas que hace cada usuario, para así llevar un control sobre los ingresos de cada colombiano”, explicó Emilce Manrique, contadora.

En 2019, la Dian reportó que se validaron un total de 47,5 millones de facturas electrónicas por un valor en ventas de $92,7 billones. En total son cerca de 22.000 empresas colombianas que están generando entre 2,5 y 3 millones de estos documentos al día.

¿Qué problemas presenta el modelo en este momento?

A pesar de que miles de contribuyentes privados hayan dado el paso hacia la facturación electrónica, el trámite ha resultado “lento” a la hora de encaminar el sector público hacia esta tecnología según expertos.
“La adaptación de este sector hacia la nueva tecnología va a ser el mayor desafío, sobre todo con respecto al sector público”, indicó Edilberto Peña, economista.

¿Tiene el país la estructura para adaptarse al cambio?

Según Mayra Pabón, contadora, “deben esclarecerse muchas dudas de los colombianos antes de continuar con este proceso”. Para ella, en estos momentos, Colombia “no tiene la infraestructura”, a pesar del auge en las cifras que reporta la Dian. Eso sí, y reconociendo las ventajas de la facturación digital, explicó que deben quedar claros los conceptos para así evitar sobrecostos en todas las operaciones.

¿Qué tan seguro es este procedimiento digital?

Según la contadora Leyla Vallejo, el porcentaje de riesgo con este tipo de facturación es “muy bajo”, ya que la factura llega directamente a la Dian. Por eso, en caso de algún problema, el proceso queda registrado en los directorios IP de cada uno de los equipos. Además, a diferencia de la factura física, en la digital siempre “existirá un respaldo” que hará posible revisar la información de necesitarlo.

¿Cuáles beneficios trae la facturación electrónica?

La idea es que la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian) conozca cuáles son las compras o ventas que hace cada usuario en Colombia para así llevar un control sobre los ingresos de cada contribuyente. Emilce Manrique, contadora, aseguró que el procedimiento ayudará al reconocimiento financiero en tiempo real, pues se generará una factura electrónica cada vez que alguien compra o venda algo.

¿Qué proyecciones hay de este proceso?

Para agosto de 2020, la Dian espera que 500.000 contribuyentes paguen sus impuestos a través de medios electrónicos.
Además, se espera que el mercado alcance 54.550 millones de facturas electrónicas para 2022 con cada vez más colombianos integrados a este proceso de economía digital, al que le apuntan para la declaración de impuestos.