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Las dificultades económicas, falta de historial crediticio o reportes negativos en centrales de riesgo, impulsan el crecimiento del crédito no regulado, conocido como “gota a gota”, una práctica que expone a las personas a intereses excesivos y cobros intimidantes que afectan su bienestar y seguridad
En 2025, gracias a diversas iniciativas, se logró disminuir 23% los casos de extorsión en las plazas de mercado de Bogotá
El fenómeno del crédito informal es una sombra persistente que afecta a los trabajadores en plazas de mercado. Un entorno que por su flujo constante de efectivo, resulta atractivo para el crimen organizado y y son asediados por redes multicrimen que operan bajo el “gota a gota”.
En ciudades capitales, como Bogotá o Medellín, la problemática ya se ha identificado y se han lanzado estrategias para reducir la amenaza de estas redes que desembocan en delitos como la extorsión. En Bogotá, el Gaula y el Instituto para la Economía Social, Ipes reducieron en 23% los casos de este delito en estos espacios en 2025. Se trató de una estrategia integral en 18 plazas distritales con conferencias pedagógicas e intervenciones en territorio.

César Simbaqueba, gerente de la Cooperativa Coplaza, indicó que el gota a gota “ha encontrado en los mercados un cultivo ideal debido a la facilidad de propagación que ofrece el contacto diario con los comerciantes. Todo surge por la necesidad de capital inmediato para poder surtir sus puestos, recurriendo a la informalidad para conseguir”.
Por esto, presentaron alternativas como el sistema Crediya en Medellín, el cual ofrece créditos formales con pagos diarios ajustados al flujo de caja, lo que permite desplazar la delincuencia, proteger al vendedor e impulsar la economía local.
Dentro de ese ecosistema aparecen nombres como Crediscol, Vida Luja y Neo Fintech, las cuales son señaladas de ofrecer créditos sin aval oficial
El “gota a gota” sigue creciendo impulsado por la exclusión financiera y las barreras del crédito; mientras que Bre-B pueden ayudar a mejorar la bancarización
Seamos francos: la tasa de usura fracasó. No protegió al consumidor ni frenó el endeudamiento abusivo, y al ignorar el problema, empuja a los más vulnerables hacia el “gota a gota”