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EMPRESAS Viveza brasileña detrás de la creación de Easy Taxi
domingo, 4 de mayo de 2014
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El Observador - Montevideo

El no contar con una batería para su banda de rock fue lo que convirtió al brasileño Tallis Gomes (27), en un emprendedor cuando tenía 14 años. Hoy, y tres emprendimientos después, es el CEO y fundador de la aplicación Easy Taxi (www.easytaxi.uy), y visitó Uruguay el lunes pasado para realizar la presentación oficial del desembarco local del producto. Easy Taxi hoy es considerada la aplicación móvil de servicios más grande del mundo. Está presente en 32 países; en diciembre pasado llegó a Uruguay y ya está presente en 2.000 de los 3.000 taxis que circulan en Montevideo. Uruguay tiene 5.000 unidades en todo el país y Easy Taxi se propone llegar a todos. Se estima que en el país hay un taxi cada 300 personas. 

Está disponible para iOS, Android, Windows Phone y Blackberry, y en la web. La aplicación puede ser descargada de forma gratuita por el pasajero o por el conductor.
“Es un orgullo mostrar que (los sudamericanos) somos más que churrasco, fiesta… somos también proveedores de tecnología y podemos mostrar al mundo la economía creativa de Sudamérica”, manifestó. 

Gomes recordó que Jorge Paulo Lemann –uno de los propietario de Inbev, la mayor fabricante de cerveza del mundo, y Burger King-, suele decir que soñar grande o pequeño da el mismo trabajo. Así que hay que hacerlo en grande. “Soñaba con que sería gigante pero no pensaba que fuera tan rápido”, confesó en diálogo con C&N Emprendedores.

La loca idea
En 2001, Gomes tenía 14 años y vivía en Carangola, una pequeña ciudad del estado de Minas Gerais, al sureste de Brasil. Decidió formar una banda de rock con amigos, pero les faltaba la batería, y ninguno tenía dinero para adquirirla. Gomes planteó crear una empresa para ganar dinero. Sus compañeros le respondieron con risas: “Bueno, vos ponela, nosotros vamos a estar aquí esperando”.En ese momento, había recién desembarcado en Brasil el sitio de compras online, MercadoLibre, y los celulares con cámara eran toda una novedad. 
En la ciudad de Gomes todavía no se comercializaban esos teléfonos. Las personas que accedían a esa tecnología eran las que viajaban y los compraban en otras ciudades. 

A Gomes se le ocurrió entrar a MercadoLibre y comprar esos aparatos para luego venderlos. 
La idea era buena, pero había un problema: no tenía capital para empezar. Su abuelo, por quien fue criado Gomes, le dijo que no lo iba a apoyar con esa ‘loca’ idea. Por lo tanto, tuvo que arreglárselas solo. Decidió hacer capturas de pantallas de los novedosos celulares, imprimirlas y formar un book con ofertas de como catálogo de venta. Con su libro bajo el brazo fue al liceo y se los ofreció a amigos, docentes y padres de alumnos. 

Logró su primera venta con su profesor de biología, quien le entregó el dinero correspondiente. “Le aseguré que tenía el modelo escogido y que se lo traería en una semana”, recordó Gomes en un portuñol acelerado. Enseguida realizó el encargo y lo logró entregar en tiempo y forma. A los pocos días, recibió otros pedidos y comenzó a crecer el emprendimiento. “Lo que hacía era encontrar ofertas. Comparaba los smartphone a un determinado precio y le agregaba un 5% al monto final. Vendía en las ciudades pequeñas cercanas a Carambola”, explicó Gomes.Dos años después, el negocio funcionaba bien y tenía dinero suficiente para mantenerse. Gomes se mudó a Río de Janeiro para cursar la universidad, a la que ingresó con 17 años, un año antes de lo habitual, ya que lo habían adelantado un grado por sus conocimientos en matemáticas. 

El panorama empezó a cambiar. La empresa de Gomes comenzó a perder mercado y el negocio se estancó. Fue allí cuando optó por ingresar al mercado de trabajo y pasó por grandes empresas, entre ellas Unilever.

Su espíritu emprendedor seguía fuerte, por lo que decidió iniciar otra compañía. La llamó E-spartan, y se trataba de una agencia de gamificación en medios sociales. No prosperó. 
“Tenía el producto correcto, pero en un momento errado. Fue un momento de mi vida de mucho aprendizaje. No tenía dinero para pagar la renta y tuve que salir a buscar empleo de nuevo”, relató.

En 2010 fundó su tercera empresa: Techsamurai, una agencia en la nube con foco en el desarrollo colaborativo de software. La compañía tuvo éxito y hoy continúa en el mercado. El primer año, facturó US$ 500.000.

Más tiempo de vida
Para muchos la meta es ganar dinero, pero no es el caso de Gomes. No estaba satisfecho: quería hacer algo para ayudar a la sociedad. Una de sus inquietudes era el excesivo tráfico en Brasil, que provoca que la gente pierda mucho tiempo de su vida. Así que en 2011 decidió vender su participación en Techsamurai e idear algo para resolver este problema. La primera idea fue hacer una aplicación de ómnibus. Uno establecía el origen y el destino, y el sistema conectaba ambos puntos mostrando los buses que servían. Además, permitía ver el trayecto del vehículo en tiempo real. 

Participó en la primera edición de Startup Weekend Brasil. En un fin de semana tenían que desarrollar un Minimum Viable Product (MVP) –versión de un producto nuevo que permite a un equipo recolectar la máxima cantidad de conocimiento validado sobre clientes con el menor esfuerzo posible–. Estaba decidido a enfocarse en esa aplicación de buses, pero en el primer día del programa le dijeron que Google estaba haciendo una solución muy parecida, así que desistió. 

Esa noche, cuando salió del Startup Weekend, llamó un taxi. La operadora le dijo que en 30 minutos llegaría el móvil; pero nunca apareció. Volvió a llamar y le dijeron que no tenían unidades disponibles, porque estaba lloviendo y había mucho tránsito. Salió a la calle a intentar conseguir uno, pero sin éxito. “En ese momento, bajo la lluvia, pensé que podría crear una aplicación parecida a la idea anterior para conseguir taxis”, recordó. 

Desarrollar la idea
Al día siguiente volvió a Startup Weekend y desarrolló el MVP. Luego, con uno de los miembros de ese equipo decidió seguir adelante con la creación de Easy Taxi, una aplicación para pedir un taxi a través de un smartphone o una computora. Luego de ingresar y confirmar el punto donde se lo debe pasar a buscar, el pasajero recibe en la pantalla de su dispositivo la información del conductor que va ir a recogerlo, con foto, nombre, número de celular, modelo del vehículo y número de placa. Además puede ver la estimación del tiempo que requerirá. Mientras, espera, el usuario puede visualizar el trayecto del móvil en tiempo real. Por seguridad, los pedidos se monitorean las 24 horas a través de una central.

Para desarrollar el sistema, Gomes y su socio empezaron llamando a radiotaxis para hacer contratos, pero les exigían exclusividad y requisitos que no les convenían. Como no contaban con mucho capital, compraron 20 celulares para brindárselos a taxistas. Los emprendedores pasaban horas frente a hoteles, vestidos con una camisa que decía ‘pide taxi conmigo’ en inglés, y les explicaban a los huéspedes como funcionaba la aplicación. Así obtuvieron sus primeros pasajeros, en su mayoría estadounidenses. 

Los taxista que no usaban la aplicación comenzaron a reaccionar y sumarse: “Preguntaban la razón de que tuviéramos tantos gringos en Easy Taxi. Les decíamos que éramos una multinacional muy grande para comenzar a correr la voz y que se haga viral en Río de Janeiro”.

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