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Nicanor Restrepo visto desde sus manos derechas

lunes, 23 de marzo de 2015
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El Colombiano

Humildad, generosidad y sencillez, fueron carismas con los que trató a las personas que tuvo a su cargo el directivo, con el que hace 11 años dejaron de trabajar, solo hasta que se jubiló de la empresa y emprendió de bluyín y morral su aventura académica en París (Francia). 

Ese mentor cazatalentos que cuando estuvo en la Gobernación de Antioquia tuvo como secretario privado a un jovencito llamado José Alberto Vélez, a quien formó hasta llevarlo hoy a ser el presidente del Grupo Argos; o a David Bojanini, que después de hacer su práctica en Sura lo acompañó en su aprendizaje para ser hoy el presidente del Grupo Sura; e inclusive a Gonzalo Pérez, que también ingresó joven a Sura para apostar por él y tenerlo como presidente de una de las compañías de seguros más importantes de América Latina, también supo ver en otros colaboradores su talento con el que podían brillar. 

Por eso el boyacense Ramiro Santos Corredor, exhombre de seguridad que conoció a Nicanor Restrepo como gobernador de Antioquia y que en ese entonces fue designado por la Policía Nacional para cuidarlo, lo siguió como su sombra durante 17 años. 

Empezó a trabajar con el doctor Nicanor el 28 de diciembre de 1983. Cuidarlo era la misión encargada por la Policía, pero en abril del año siguiente (1984) cuando asumió la Presidencia de Suramericana, lo acompañó inicialmente por unos días, pero se terminó quedando un año a su lado, hasta que sus deberes policiales y obediencia a la institución le hicieron dejar el cargo. 

Fue trasladado a otros lugares del país mientras obtenía la jubilación, pero antes de partir el doctor Nicanor le prometió que lo recibiría de nuevo cuando saliera de la Policía. Su retiro tardó 4 años en llegar y aunque ya era un jubilado con 37 años de edad, el doctor Nicanor le cumplió la promesa de volver a recibirlo, pero esta vez se quedó hasta que se jubiló el presidente de Sura. 

“Fue el mejor jefe del mundo, como ser humano, generoso y especial. Era un amigo antes que jefe. Así aprendí las cosas que tenía qué hacer, incluso sin que él me las dijera”. 

EXPERIENCIAS VIVIDAS 

Viajó por todo el país junto a él, era su acompañante e inclusive, “la única vez que he salido del país fue gracias a él. Me sacó el pasaporte y como tenía una reunión de banqueros por cuatro días en Panamá, solo lo vi en el aeropuerto cuando llegamos y después cuando nos regresamos”. 

Puso a sus órdenes al conductor del entonces Banco Industrial Colombiano en Panamá, “me movilizó por todas partes, pasé espectacular y eso solo lo hacía el doctor Nicanor Restrepo”. 

Además de su seguridad, debía estar pendiente de su maletín, de sus cosas, a tal grado de confianza que lo mandaba a sacar plata al cajero. 

En ese manejo de dinero su exescolta llegó a ser su “banco”, como jocosamente decía Nicanor a sus amigos. “Le manejaba la plata, le pagaba las cuentas y nunca hubo ningún problema de malos entendidos o pérdida de dinero. Su confianza hacia mí era total”. 

Siguiendo con el manejo del dinero, recuerda a su exjefe como una persona caritativa, desprendida del dinero, evidente cuando iban a la finca de Fredonia, “la cual tenía en compañía con los doctores Juan Felipe Gaviria y Jorge Londoño. Era de los pocos ejecutivos que mantenía platica en el bolsillo, siempre tenía la billetera gordita”. 

Un día se la entregó toda y lo mandó con el hijo del mayordomo de la finca para que lo llevara al hospital del pueblo porque estaba enfermo, y así podría pagar la cuenta. 

Otra virtud que destacó del doctor Nicanor fue su capacidad de oratoria, al recorrer prácticamente todo el país escuchando sus conferencias con auditorios llenos donde nadie se dormía. “Tampoco se salía nadie de los auditorios hasta que acabara. Hubo una conferencia que hizo en Cali donde la gente se rió todo el tiempo, finalizó pero la gente no se iba”. 

PRIMERO LOS ESTUDIANTES 

Anita Duarte Botero, exsecretaria de Presidencia en Sura, laboró 10 años junto al doctor Nicanor, de los 30 que en total trabajó en la empresa. Recuerda que fueron solo momentos agradables, que a su jefe lo vio como un amigo, por ser cercano, con gran trato humano y por su forma de ser bonita y tranquila. 

“Con todo el respeto puedo decir que ante todo fue un gran compañero de trabajo, no era un jefe inalcanzable, si uno cometía un error le ayudaba a salir adelante”, recuerda Anita. 

Por eso destaca que nunca se estresó con su jefe ni nunca lo vio perder la calma, además porque era una persona completamente sensible. “A mí me ponen a hablar del doctor Nicanor y no paro. Es imposible en poco espacio poder describir todo lo que fue. Doy gracias a Dios de poder haber compartido con un ser tan excepcional”, agrega. 

Entre las virtudes mencionadas, su exsecretaria resalta un detalle particular y es su disposición para hablar con la gente, indiferente del rango que tuviese. Se evidenciaba con los empleados de bajo rango en la compañía o cuando estudiantes universitarios o de posgrado, lo buscaban para entrevistarlo. 

A ningún estudiante miraba mal o despreciaba. Era muy usual que fueran en su búsqueda para alguna asesoría o para una entrevista. 

Anita recuerda que “las personas comunes y corrientes llamaban a la Presidencia y les parecía que fuera un imposible conseguir una entrevista con el doctor Nicanor Restrepo Santamaría. Pero para sorpresa de ellos, las cosas no eran así, para él era motivo de felicidad que lo buscaran. Puedo decir que a ningún estudiante le rechazó una visita, incluso acomodaba su agenda a la disponibilidad del estudiante para poder tener la asesoría”. 

Hubo una anécdota que su secretaria quiso destacar y fue cuando el doctor Nicanor se despidió definitivamente de la empresa cuando salió jubilado. Anita, con su extrovertida forma de ser, hace una pausa y recuerda que cuando “le hicimos esa despedida en la oficina central, aprovechando que él estaba en Cali en una cita de negocios, pudimos decorar la sede y organizarle la despedida con bombas, arreglos y pancartas con mensajes especiales”. 

No dudó en aclarar que para su jefe fue muy sorprendente encontrar a todos los empleados despidiéndolo. “Lo primero que me dijo era que no quería entrar, pero finalmente disfrutó del acto aunque ese día no pudo empacar nada de su oficina para llevárselo definitivamente, aunque eran poquitas cosas las que él mantenía en su escritorio, le gustaba lo mínimo en su espacio de trabajo”. 

Sin embargo, tuvo que regresar días después a recoger sus pertenencias ya no como presidente de Sura, ni siquiera de cachaco. Llegó de bluyín y de morral con la pinta con la que posteriormente partió hacia París a estudiar. 

Anita Duarte no le perdió el rastro al que fue su jefe. Incluso le siguió atendiendo asuntos personales, le colaboró con temas ocasionales, así él estuviera estudiando en Francia. Reitera con alegría su agradecimiento a Dios, de haberlo tenido como jefe y por eso ahora que no está, se le llena la boca hablando de ese ser humano que le enseñó tanto. 

VIVENCIA DE CALIDAD 

Ángela Montoya Chavarriaga, trabajó en la Secretaría General y con él preparó informes de juntas directivas y asambleas generales de la compañía. También se reunía con él para planear las actividades de la Fundación Sura y de estos momentos recuerda su excelente memoria, al acordarse de todo lo que tenía que ver con la labor de impacto social. 

“Cogíamos los listados de las comunidades y fundaciones que se iban a atender. Nos pasábamos tardes enteras hablando de cada una de ellas, porque conocía cada historia en particular, además tenía anécdota incluida”. 

Para “Angelita” como cariñosamente le decía el doctor Nicanor, el presidente de Sura era un encantador de culebras por la gran oratoria que poseía, “pasaban horas y horas de conversación con él, haciendo acotaciones, pero siempre hilaba la conversación, no perdía el tema y lo mantenía a uno conectado”. 

También destacó de este hombre ejemplar que era muy cálido con la gente. Por ejemplo a Juan Guillermo Restrepo, el esposo de “Angelita” y quien también trabajó en Suramericana como jefe de compras, cada que lo veía lo saludaba y le decía “quiubo Juancho”, así de cercano era, a pesar de que ambos no se veían frecuentemente. 

Ángela recuerda que un día el doctor Nicanor la llamó para pedirle el favor de llamar a su mamá para que le ayudara con una obra de caridad que estaba haciendo, así vivía él el amor por el servicio y la ayuda a las personas necesitadas. 

Tanto secretarias como conductor se quedan con ese recuerdo del hombre que supo vivir en este mundo el amor desde la caridad, el servicio y el trabajo por los demás. 

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