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Fernando Perdomo, fundador de Mr. Lechón.
Fernando Perdomo, fundador de Mr. Lechón, prevé invertir US$1,1 millones para atender el mercado de colombianos en Europa y superar las ventas que registra en Colombia
Fernando Perdomo, un tolimense radicado en Cali, se propuso sacar la lechona de las ventas informales y desarrollar una agroindustria alrededor de ella. Treinta años después, Mr. Lechón tiene restaurantes en plazoletas de centros comerciales y una línea de alimentos listos para consumir.
Según el empresario, estos productos se venden en más de 1.000 comercios del país, entre supermercados y plataformas digitales como Rappi Turbo y TaDa. La compañía utiliza empaques de alta barrera y una tecnología de atmósfera modificada, que cambia la concentración de gases dentro del envase.
De acuerdo con la empresa, sus productos tienen una vida útil de hasta un año sin conservantes artificiales ni refrigeración. Además de lechona, Industria de Alimentos Encanto Colombia, la empresa detrás de la marca, ha desarrollado otros platos en este formato: tamal, caldo de costilla y arroz con pollo.
La próxima apuesta de la marca es llevar la lechona más lejos y aprovechar la nostalgia que este plato despierta entre los colombianos que viven en el exterior. El plan tiene a España como primera parada. Desde allí, esperan superar las ventas de lechona empacada que registran en Colombia y atender otros mercados europeos.
Todo empezó hace 30 años con lechona, pero hace más o menos seis años, un poquito antes de la pandemia, quisimos cambiarle la historia. Queríamos que se convirtiera en un plato más cotidiano, que pudiéramos comer a cualquier hora.
Empezamos a darle esa vuelta y hemos contribuido mucho a eso. Nuestros puntos de venta funcionan todos los días y la gente come lechona todos los días.
Contamos con certificaciones bajo las normas ISO 22000 y NTC 5830, relacionadas con la gestión de la inocuidad alimentaria. Para nosotros, tener productos típicos colombianos, como tamal y lechona, elaborados bajo estos estándares es una parte importante del proceso de industrialización.
Hoy vendemos lechona, tamales, arroz con pollo y caldo de costilla en un formato listo para consumir, con una técnica de atmósfera modificada. Lo que hacemos es sacar el oxígeno y reemplazarlo por una atmósfera rica en nitrógeno. Nuestros productos tienen una vida útil de un año y no requieren conservantes, refrigeración ni congelación. El empaque nos ha permitido entrar a almacenes de cadena y grandes superficies, y tener una exposición internacional, aunque todavía enfrentamos barreras para exportar.
Los productos están empacados en recipientes de alta barrera. Ese empaque permite conservar características como el color, el olor y el sabor. Además, son alimentos que se pueden consumir a temperatura ambiente. El caldo de costilla, por ejemplo, se puede calentar en una cacerola, en microondas o al baño María y tenerlo listo en dos minutos.
Quisimos empezar a mirar la internacionalización del producto, pero hay barreras que nos lo dificultan y que son muy complejas, como la admisibilidad sanitaria. Para llevar carne de cerdo desde Colombia a otros países, ya sea cruda o preparada como lechona, necesitamos cumplir requisitos de cada destino.
Por eso buscamos cómo producir fuera del país. Hicimos un estudio de mercado en Europa y encontramos una comunidad colombiana importante, que representa una oportunidad para nuestros productos. Esto es un negocio de nostalgia: queremos llegar a las personas que extrañan sabores de Colombia. Nuestra ambición es mostrarle al mundo la lechona.
Ahora tenemos un empaque que nos permite avanzar en esa dirección y llevar un producto típico colombiano a nuevos consumidores en el exterior.
Desde España vemos la posibilidad de producir con cerdos españoles para exportar un producto colombiano al mundo. Nosotros estamos organizando las condiciones necesarias y ya hicimos un estudio de mercado. Estamos tratando de hacer una alianza con empresas españolas para no tener que tramitar todos los permisos desde cero. Esas empresas ya tienen sus permisos sanitarios y regulatorios; lo que buscamos es trabajar con ellas y solicitar los permisos para estos productos. La maquila nos ayuda a ahorrar tiempo y creemos que sería un camino mucho más rápido que montar toda la operación por nuestra cuenta desde el comienzo.
El próximo año. Tenemos previsto comenzar a producir en España dentro de cinco o seis meses, de acuerdo con el cronograma que estamos trabajando.
La inversión está en US$1,1 millones. Ese es, aproximadamente, el monto que necesitamos para ponelo en marcha. Contamos con inversionistas que respaldan esta apuesta.
Estamos produciendo entre 30.000 y 40.000 unidades mensuales de lechona en Colombia. Aparte de eso, ya tenemos entre 10.000 y 15.000 unidades de arroz con pollo. El caldo de costilla se está comportando muy bien y estamos vendiendo entre 10.000 y 20.000 unidades mensuales de este producto.
Aspiramos a vender más en Europa de lo que vendemos en Colombia. Aquí hemos crecido: empezamos con lechona y tuvimos la fortuna de que el público entendiera qué era este producto listo para consumir, porque era una apuesta muy difícil. No es fácil llegar a un mercado donde los consumidores no están acostumbrados a encontrar este tipo de platos fuera de una nevera. Lo hicimos y funcionó bien: hay ventas y recompra.
En España existen muchas empresas de alimentos que fabrican productos de larga duración, así que el consumidor está más familiarizado con esa oferta. Se consigue de todo, desde paellas y albóndigas hasta lasañas. Creemos que esa experiencia del mercado puede facilitar la entrada de nuestra propuesta.
Podemos terminar este año con ingresos cercanos a $17.000 millones. Hemos crecido 174% en los últimos seis meses. Con el terremoto vendimos a Comfandi 33.000 unidades, que hicieron parte de los mercados que llevaron a las poblaciones afectadas. De hecho, los supermercados empezaron a registrar más ventas porque hay personas que están preparando kits de emergencia para cualquier eventualidad.
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