miércoles, 28 de agosto de 2013
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La concientización colectiva hacia prácticas de consumo responsable pasó de ser interés único de consumidores conscientes y entendidos, a convertirse en una megatendencia con crecimiento sostenido para distintos niveles de la cadena: productores de algodón, recolectores de material reciclable, fabricantes de fibras, textileras, maquilas de confección y comercializadores.

Este mayor compromiso y visión de las grandes marcas, orientado a la gestión de impactos socio-ambientales, replanteó las estrategias de suministro y ventas, y en la actualidad, logra hacer un engranaje de influencia sobre los consumidores, empleados, comunidades y prácticas de producción de sus proveedores. 
 
A través de las certificaciones de los procesos de producción, las empresas pueden promocionar y adaptar sus programas de responsabilidad corporativa; de esta forma, logramos conocer la gestión de compañías pioneras en las prácticas concretas y valores ambientales, como H&M (Hennes & Mauritz AB) de Suecia, Patagonia y Levi’s de EEUU, C&A de Holanda, y almacenes de grandes superficies como Wal-Mart.
 
En el caso de H&M, su programa H&M Conscious declara el uso de materias primas “conscientes”, amigablemente  responsables con la sociedad y el medio ambiente. De esta forma se aprovisiona de materiales cultivados de manera orgánica (sin pesticidas ni agroinsumos químicos) como el algodón, el lino y el cáñamo pero además de fibras recicladas de post-consumo como algodón, lana, poliéster, Nylon que de otra manera podrían terminar como desechos con un alto impacto ambiental en el tiempo. 
 
El uso de fibras sostenibles, vírgenes o recicladas, ha marcado un diferenciador en la industria de la moda, ofreciendo a los consumidores amplias opciones de materiales en sus prendas de vestir y accesorios. Este reaprovechamiento de las materias primas aporta al producto un alto valor agregado, dada la importante reducción en uso de tierras de cultivo, de agua para regadíos, emisiones de gases de efecto invernadero, empleo de recursos energéticos y aplicación de sustancias químicas, entre otros. 
 
El caso Colombiano
 
En Colombia existen importantes proyectos de producción de fibras orgánicas como la seda, que ejecuta la Corporación para el Desarrollo de la Sericultura del Cauca - Corseda. Ellos, además de confeccionar prendas orgánicas de la mano de reconocidos diseñadores, tienen un alto valor de responsabilidad social por su trabajo con familias del departamento en la elaboración artesanal de sus líneas. 
 
También encontramos propuestas de apertura de mercado como la elaboración de nuestras tradicionales hamacas y sillas colgantes tejidas, hechas a partir de algodón orgánico y maderas certificadas de bosques reforestables, es así que las hamacas de LaSiesta se abren amplio espacio en el mercado europeo como un producto basado en tradición, pero con materiales responsables e innovadores de alto valor.
 
El consumo de productos certificados bajo estándares de responsabilidad social y ambiental, también apodados Verdes, se desliga de una moda en la industria para convertirse en una demanda consciente y de crecimiento continuo, en una sociedad de compradores que encuentran en éstos una opción para aportar a la solución conjunta de los retos de sostenibilidad del planeta que nos exigen las nuevas generaciones.
 
Control Unión Colombia ofrece las herramientas de acompañamiento y certificación en los principales estándares globales aplicables a la industria de la moda, a lo largo de las diferentes etapas de la cadena de valor, desde la producción primaria hasta la comercialización de los productos finales. Estamos en el momento ideal para marcar diferenciadores en nuestros productos nacionales compitiendo con estrategias sostenibles, permitiendo a las organizaciones pasar de las intenciones a las acciones responsables y a abrirse nuevos mercados en las avanzadas economías de consumo consciente.