José González Bell - jgonzalez@larepublica.com.co

Si bien con la reactivación paulatina de la economía, que empezó hace dos semanas, se ve más gente en la calle, quienes no tienen un ingreso garantizado como los vendedores ambulantes les ha tocado salir diariamente a buscar su sustento.

El más dato de informalidad más reciente indicó que 47,9% de los trabajadores son informales y según el Ipes, en Bogotá había 39.620 vendedores irregulares, hasta el 10 de marzo.

Durante el aislamiento no ha sido extraño escuchar vendedores promocionado sus productos por perifoneo o tocando los timbres. Esto se debe a que, como ha dicho la OIT, “la mayoría de los trabajadores informales no tienen otros medios de subsistencia, por ello enfrentan un dilema que prácticamente no puede ser resuelto: morir de hambre o por el virus”. Sin embargo, el Ipes consagra un protocolo para garantizar la salud una vez puedan volver a vender en su totalidad.

La preocupación que tiene Libardo Asprilla, director de la entidad, es que la cifra de informales aumente a causa del covid, por lo que continúan un proceso de caracterización y ayudas.

De acuerdo con un informe del Ipes, los vendedores de gafas, accesorios para el celular, libros, sombrillas, accesorios para el cabello son los que mejor margen de ganancia tienen, pues tienen ventas entre $1,2 millones y $1,5 millones al mes.

Entre tanto, Crem Helado, Claro, Bon-Ice, Tigo, Rancheritos, Almuercitos, American School y Avantel son las marcas que más se comercializan en el espacio público de la capital.

Un dato que llama la atención es que 75% de los vendedores informales no está interesado en vincularse a un trabajo en el sector privado. Para el especialista en derecho laboral, Iván Jaramillo, esto refleja la ausencia de incentivos al tránsito a la formalidad.

“El sistema de intervención legal está lleno de incentivos a la informalidad que, aunado a la debilidad en inspección, vigilancia y control, favorecen la prevalencia en la irregularidad del sistema laboral en Colombia”, expresó el experto de la Universidad del Rosario.

Sin embargo, a los vendedores se les preguntó por qué no les interesa un empleo en el sector privado y 77% respondió que “Me gusta manejar mis horarios”, mientras que 11% dijo que “Me gusta ser mi propio jefe”; 4% indicó que los ingresos serían menores a los ya percibidos.

De acuerdo con Asprilla, como ayuda a este sector, han generado 5.089 transferencias económicas y han acompañado la entrega de 3.182 kits de alimentos.

Chapinero (8.332), Santa Fé (7.755), Kennedy (2.677) y Suba (2.074) son las localidades que más vendedores informales registran, seguido por Engativá (2.072) y Bosa (2.064).

“Va haber una contracción económica y eso llevará a más población a la informalidad y lo que engrosará las filas de vendedores en el espacio público”, expresó Asprilla y agregó que tienen mecanismos para que puedan acceder a crédito y apoyar sus emprendimientos.