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Los agricultores están blindados contra los efectos del cambio climático. Desde 2011, año en que se presentó la ola invernal que devastó diversos cultivos, el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y el Ministerio de Agricultura iniciaron el proceso de adaptación frente al fenómeno natural.
De este modo, se fortalecieron los sistemas de prevención que permitían hacerle un seguimiento, o al menos prever, las amenazas que el medio ambiente cernía sobre la tierra, en espacial sobre los cultivos. Así, Alexánder Martínez, subdirector de desarrollo ambiental del DNP, aseguró que una de las acciones más importantes fue “el fortalecimiento del programa que brindaba información agroclimática, puesto que permite no solo prever la ocurrencia de fenómenos naturales, sino la vulnerabilidad de los sistemas productivos”.
La ventaja de este sistema radica en que los agricultores pueden anticiparse a los daños y aplicar las medidas pertinentes a tiempo, como lo sería recoger una cosecha. No obstante, cada región aplicó sistemas diferentes. Según el DNP, “se buscó hacer un énfasis en el carácter regional de las estrategias, con el fin de que tengan impactos diferenciados, dependiendo de la zona del país o la actividad productiva en las que se adopten”. Esto se hizo teniendo en cuenta las cualidades del suelo y el clima así como de cultivos.
Asimismo, los productores agrícolas le indicaron al DNP que urge el censo agropecuario, ya que con él se identificarán impactos diferenciados, dependiendo de la zona del país o la actividad productiva en las que se adopten. Esta iniciativa, que busca incentivar la productividad del sector, contó con la participación del el Ideam, Corpoica, y el Incoder, entre otras.
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