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ECONOMÍA Por su salud podría renunciar el vicepresidente Garzón
domingo, 21 de abril de 2013
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Colprensa

Está flaco y camina con cierta dificultad, pero, durante las dos horas de diálogo, habló con lucidez, exhibiendo una memoria prodigiosa.

Angelino, como se verá en esta entrevista, tiene grandes pesares y afronta problemas en su salud y en la de su esposa Monserrat, pero no se rinde. Aquí plantea otra vez que podría renunciar para dedicarse de lleno a la recuperación de ambos. 
¡Se ve rejuvenecido! 
Un médico dijo que me podía bajar a 40 años, aplicándome un medicamento, pero uno no cree en eso. Risa. La recuperación depende de hacer ejercicio y terapia, y eso hago. Soy afortunado, pues las personas que han tenido accidentes cerebro-vasculares salen para el cementerio, o quedan discapacitadas. 
Ha estado atravesando una etapa muy difícil... 
Sí, en 2010 sufrí un infarto. Tuve una operación de corazón abierto y me colocaron cinco by-pass. El año pasado tuve un accidente cerebro-vascular y estuve clínicamente muerto por tres días, en estado de coma inducido. También tuve un tumor canceroso en la próstata. Me sometí a 38 irradiaciones y ya estoy curado. Pero eso no fue todo, mi esposa tuvo cáncer y le extirparon un riñón y parte de la vejiga. Eso me afectó mucho, pero nos hemos ido recuperando. 
 
¿Lo ha ayudado su fe? 
Pues yo siempre me he encomendado al Dios de los cielos y al Señor de los Milagros de Buga. 
 
¿Dónde conoció a su esposa Monserrat? 
En 1978, en el Centro de la Mujer Brasilera, en Sao Paulo. Nos casamos en 1981 y desde entonces es mi compañera, mi amiga, mi centro, mi derecha, mi izquierda. Es la persona que mejor interpreta lo que pienso, en lo personal y en lo político. 
Es muy afortunado, porque eso no es fácil. 
Sí, las relaciones de pareja son complicadas. Son historias que se juntan. Las mujeres traen sus historias personales y académicas, sus novios, amantes, maridos. Eso hay que entenderlo. 
Hábleme de sus dos hijas. 
Mi hija Jenny murió cuando tenía 27 años. Era egresada de la Universidad Nacional, de Arquitectura. Trabajó siempre con Simón Vélez y aprendió la técnica de la guadua. Me dolió mucho su muerte, que fue violenta. 
 
¿Qué le pasó? 
Ella apareció muerta en la casa del novio y ese crimen permanece en la impunidad. El caso sigue en la Fiscalía y, a pesar de haber sido yo Ministro de Trabajo, Gobernador del Valle del Cauca, Embajador en Ginebra y ahora Vicepresidente, el crimen de mi hija sigue en la impunidad. Eso es inaudito. 
 
¿Qué podrán decir los ciudadanos de a pie? 
¿El caso prescribió? 
Me dijeron que tenía que aceptar las reglas que impone la Fiscalía. Yo lo que quiero es que me digan la verdad: cómo murió mi hija. Hoy no odio a los que cometieron el crimen. 
Mi segunda hija, Ángela, también es egresada de la Universidad Nacional, donde estudió filosofía y letras. Mi hijo Nicolás, estudió cine y televisión en Cuba. 
 
¿Cómo recuerda su época adolescente? 
Yo le doy gracias a mi madre, al estudio y al Dios de los cielos, por no haber terminado en un grupo delincuencial porque en los barrios donde viví, tanto en Cali como en Buga, las condiciones daban para eso. 
 
¿No fumó ni marihuana? 
No, y ni yo mismo sé por qué no lo hice. Es probable que haya sido porque crecí influenciado por el espíritu de mi madre, que era una mujer muy trabajadora y los cuatro hijos vivíamos dentro de un ambiente de tranquilidad. Yo fui cady de golf del Club Campestre de Cali. A lo mejor los padres de algunos miembros del actual gobierno eran socios de ese club. Risa. 
 
¿Cuál fue su primer empleo serio? 
Entré, por concurso a Siderúrgica del Pacífico, en el año 1968, como trabajador técnico. Me despidieron injustamente porque me negué a firmar una Convención Colectiva de Trabajo, donde se legalizaban bajos salarios para los trabajadores. Me dolió mucho porque yo era muy buen trabajador, leal a la empresa. Nada de eso sirvió, pero no guardo resentimientos. 
Luego ingresé a los Ferrocarriles Nacionales en el año 69, en Cali. Se presentaron más de 5000 trabajadores para escoger 250, y pasé. También me despidieron, y luego me pusieron preso. 
 
¿Por qué? 
Porque yo militaba con el Partido Comunista Colombiano, PCC. Estaba vivo el espíritu macartista. Y porque el partido no estaba en el Frente Nacional. Yo no entendía eso, pero lo tomaba con calma. 
 
¿Siempre ha sido tan ecuánime? ¿No ha tenido ni una emberracada alguna vez? 
Risa. Bueno, uno de vez en cuando se enoja, claro. 
 
¿Llegó a pensar en alistarse en la guerrilla? 
Sí. Yo tenía buena relación con mucha gente del M19 y del ELN. Me salvó el ingreso al PCC. 
 
¿Se alegra de que haya sido así? 
Sí. Buena parte de lo que yo he hecho se los debo al sindicalismo, a mi madre y al PCC. 
Cuando el M19 firma los acuerdos de paz, menos de dos meses después, matan a Pizarro, pero el M19 no se salió del proceso de paz. 
Así es, debemos reconocer que los dirigentes del M19 les han cumplido al país y a la paz. 
Por eso tuvieron éxito para la Constituyente: sacaron 19 miembros. 
Un millón de votos. Se cometió un error, y un año después fueron 500.000 votos para el Congreso. Nunca se analizó internamente por qué ese retroceso, pero hubo falta de organización como partido, no se definieron objetivos políticos claros. ¿Qué era? ¿Un proyecto de la derecha, de centro izquierda, de la izquierda? Se debieron establecer también los mínimos que todo partido debe tener. 
 
¿Por qué en la izquierda siempre hay luchas intestinas que dan al traste con todo? 
Es que la base fundamental para ganar y avanzar es la unidad, y la unidad la da un espíritu amplio para actuar con otras personas, teniendo claro que ellas también tienen historia y opiniones, y que eso hay que respetarlo. 
 
¿Políticamente, cómo se define hoy? 
Como un hombre de centro-izquierda. Católico, claro. 
 
¿Qué quiere decir? No es liberal, no es de la U, no es del Polo… 
Yo fui elegido en la fórmula presidencial de Juan Manuel Santos, por el partido de la U, y no tengo sino palabras de agradecimiento y lealtad por ese partido que nos avaló. 
 
¿Y se siente de la U? 
No, pero mantengo muy buena relación con sus dirigentes y militantes. 
 
¿Cómo ve el proceso de paz? 
El presidente Santos está siendo valiente al buscar la paz y no la guerra, pero para construir un acuerdo de paz se necesitan dos. El Presidente ha aceptado que en Colombia existe un conflicto armado, que solo ha servido para que haya más violencia y más injusticia social. Hoy la guerrilla tiene un deber, no con el Presidente, sino con el pueblo colombiano: firmar esos acuerdos. 
 
¿Y cree que la guerrilla siente algún deber con el pueblo colombiano? 
Yo creo que no tiene alternativa, y que si la guerrilla sigue mirándolo todo desde una óptica militar, se equivoca. En la guerra puede perder. 
 
¿Qué significará para Colombia vivir en paz? 
Yo voy a cumplir 67 años de edad, y aprendí a vivir en la violencia, como les ha pasado a varias generaciones. Colombia es un país que se ha consolidado económicamente en la violencia, y que en la violencia se fortaleció institucionalmente, elige a alcaldes y gobernadores por voto popular, avanza en el respeto de los derechos humanos, y respeta el sindicalismo como institución de la democracia. Pero hoy tenemos que hacer una reflexión sobre lo que ganaríamos con vivir en paz. 
 
¿Cuál es esa reflexión? 
Vivir en paz debería significar que trabajamos para construir acuerdos con las organizaciones sociales, que somos respetuosos de los derechos humanos, que destinamos el presupuesto a la educación, a la salud, al agua potable, a la creación de empleo, a la búsqueda de la convivencia ciudadana, a que la gente pueda vivir mejor. 
 
¿Es optimista sobre el proceso? 
Tengo un optimismo moderado. Yo creo que la paz va a depender mucho de la voluntad política de la guerrilla, que debe empezar a entender que la relación con la población no puede seguir siendo militarista, de orden y mando, como ha sido hasta ahora. 
 
El M19 demostró que la paz da réditos políticos. ¿Cree que las Farc son conscientes de eso? 
Cuando gané las elecciones en el Valle, al otro día la gente me trataba como Gobernador, sin que nadie me sacara a relucir mis antecedentes. Aquí la gente es muy respetuosa de las normas, de la ley, de los resultados electorales, y eso lo tiene que entender la guerrilla: que es mejor tener guerrilleros hablando, que disparando o muriendo. 
 
¿Qué significa que las Farc hayan mandado a Catatumbo a la mesa? 
Por mi experiencia como dirigente sindical, sé que es mucho más importante que en una mesa de negociación esté el gerente de la empresa, que el jefe de personal, con todo respeto por los jefes de personal. Y si está el dueño, mejor, porque uno negocia con “los propios”. 
Piedad Córdoba dijo hace unos días que el presidente Santos corre peligro, y hasta se dice que hay “ruido de sables”, aupado por Álvaro Uribe. 
Nuestras Fuerzas Militares no son una fuerza oligárquica, sino miembros de capas medias, de trabajadores, de campesinos. Personas que han hecho mucho esfuerzo para ser oficiales del Ejército y de la Policía, y eso hay que saberlo valorar. Nuestros militares y policías son democráticos. No hay posibilidad de un golpe militar, que sería rechazado por la población y el conjunto de la comunidad internacional. 
Según las encuestas, Angelino Garzón tiene una gran popularidad. ¿Qué significa eso para usted? 
Las encuestas son unos referentes y hay que tomarlas con calma. El presidente es Juan Manuel Santos y yo tengo que contribuir a que a él le vaya bien hasta el 7 de agosto de 2014. 
Esa popularidad puede servirle en una futura aspiración. 
Ya dije que no iba a ser candidato a la Vicepresidencia de nadie. 
 
¿Entonces iría por la alcaldía de Bogotá o la de Cali? 
Le puedo decir que si usted bota una moneda le puede caer parada. 
 
Pero, el hecho de que su hija Angelita esté en el Partido Liberal, ¿no lo matricula a usted también? Por lo pronto, ya le quitó al uribismo la posibilidad de una candidatura suya. 
Yo no tengo sino palabras de admiración y cariño por el Partido Liberal, como por todos los partidos políticos. 
 
¿Una vela a Dios y otra al diablo? 
Para nada. Mi hija ya tiene 37 años y es una mujer hecha y derecha. Ella debe tomar la decisión que considere conveniente. Yo no le puedo escoger ni los maridos, ni los novios, ni el partido. 
 
Se habla de eliminar la figura de la vicepresidencia. ¿Qué opina? 
El que quiera eliminar la figura del vicepresidente está en su derecho de promoverlo, pero eso no es una ofensa contra Angelino Garzón sino contra la democracia. 
 
¿Por qué? 
No le quede la menor duda. La Constitución del 91 quiso que la Vicepresidencia se eligiera por voto popular, para que quien reemplace, en faltas temporales o absolutas, al Presidente, sea elegido en las urnas. 
 
Cuando estuvo tan enfermo, el año pasado, muchos lo conminaron a que renunciara. En un momento dado dijo que de pronto, que tal vez, que quizás, pero después se mantuvo en sus trece. ¿Qué le dio esa fortaleza? 
Le puedo decir que mi agenda no descarta la posibilidad de renunciar, para lograr lo que más deseo hoy: la recuperación total de mi salud. 
 
¿Es que no se está sintiendo bien? 
Yo me estoy sintiendo bien, pero necesito recuperarme más y mi esposa Monserrat no está muy bien. 
 
¿No será que usted está con la mira en otro cielo, y como tiene que renunciar antes de cierta fecha, esa es la disculpa? 
No, porque lo hubiera hecho este año. Constitucionalmente ya se me habría pasado la hora. 
 
¿Entonces, dígame, de veras está pensando en renunciar? 
Yo no estoy pensando en renunciar, pero no lo descarto, por razones médicas. 
Yo no titulo mis entrevistas, pero, esta podría titularla: Angelino no descarta renunciar. ¿Eso no armaría otra vez un tierrero? 
¿Por qué, si eso es verdad? Pero tiene que agregarle para recuperar su condición de salud.

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