En 1994, el hurto por $24.072 millones que sufrió el Emisor de Valledupar causó incertidumbre en la banca y obligó a que las aseguradoras respondieran

Juan Sebastian Amaya

‘El robo de siglo’ se llevó a cabo el 16 de octubre de 1994 en la bóveda principal de la sede Valledupar del Banco de la República. Tras varios meses de inteligencia, complicidad de empleados y de la misma policía, una banda de ladrones sacó $24.072 millones. Una historia tan espectacular que llevó a Netflix a hacer una serie.

La producción despertó el interés de los colombianos por la historia del hurto en papel moneda más grande jamás visto. Una noticia económica que la prensa no cubrió desde esa perspectiva, sino que la abordó con óptica judicial y criminal a raíz de las investigaciones a los principales miembros del Emisor, a 26 personas relacionadas directamente con el robo y por la captura del gerente de la sucursal.

Pero la relevancia del hecho se revela al revisar que, teniendo en cuenta el aumento de la inflación de los últimos 25 años, hoy, el monto hurtado superaría $165.000 millones. Esta cifra sobrepasa el presupuesto de inversión para la cultura que el Gobierno propuso para 2021 ($146.000 millones); se equipara a los recursos que usa la Fiscalía ($170.00 millones); y es la mitad de lo que tendría el sector de ambiente y desarrollo sostenible, y lo dispuesto para deporte.

En las páginas de LR los reportajes económicos no se despegaron del tinte judicial, y los titulares usados fueron “Ordenan retener lo billetes robados” y “Sin orden judicial, la banca no tendrá billetes robados”, mostrando el caos que invadió al país y, principalmente, al sector financiero.

Con tal solo dos meses en el cargo de secretario general de la Junta Directiva, el hoy codirector del Emisor, Gerardo Hernández, relató que tras el hecho se desató un ambiente de duda e incertidumbre entre los ciudadanos y los bancos, pues nadie quería recibir los famosos billetes ‘vallenatos’, como los bautizó la sociedad, que se habían robado en denominaciones de $10.000, $5.000 y $2.000. Había miedo a las repercusiones.

“Se buscó a nivel internacional si había casos similares y no los había. Los bancos comerciales empezaron a quejarse y a decir que no podían revisar uno por uno todos los billetes; la Fiscalía pidió que se retuvieran esos billetes, y la personas comenzaron a desconfiar y rechazar todos los billetes”, recuerda.

Aunque $18.560 millones del total robado no habían sido emitidos, es decir, no tenían validez, después de una reunión de 10 horas (la más larga que haya tenido una Junta del Banco), se optó por avalar su circulación para defender la buena fe de los terceros; y también se les pidió a quienes recibieran los ‘vallenatos’, entregarlos al Emisor para cambiarlos por otras unidades. “Hubo casos de personas que tramitaron los cambios, pero nunca fueron”, mencionó.

Fue así como el ‘robo del siglo’ hizo que se cambiaran los billetes de esas denominaciones, como receta para acabar el mal.

“Quedamos todos paralizados del susto y entender qué había pasado fue una incertidumbre muy grande”, dijo María Mercedes Cuéllar quien por esa época trabajaba en la entidad, y resume el sentimiento que invadió a cada trabajador del Banco Central.

En medio de las investigaciones, se pudo recuperar 97% de la totalidad de los billetes y, después de varios pleitos, las aseguradoras respondieron por el robo, lo que calmó las aguas en varios sectores del Gobierno.

El desenlace del hurto de película llegó con algunos miembros de la banda presos; una demanda a la Nación de Marco Emilio Zabala, exgerente de la sucursal, y el aprendizaje de manejar una de las mayores crisis reputacionales de la historia.