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ECONOMÍA Cuando hablar de impuestos se pone de moda
martes, 10 de marzo de 2015
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Fernando Quijano Velasco

Y en Colombia todos nos hemos vuelto ‘impuestólogos’, pues cada 17 meses hay un proyecto de ley en discusión sobre la mesa de la Dirección Nacional de Impuestos, del Ministerio de Hacienda o de los congresistas de las comisiones económicas. Eso en cuanto a la formación de la opinión pública, pero dicho sea de paso que el asunto tributario está en el orden del día en casi todos los actos en la sociedad moderna y en cualquier país. ¿Se ha puesto a pensar cómo se financia el Estado? ¿De dónde sale el dinero para las obras que pedimos a gritos?

Hoy atravesamos un momento raro en la historia del país, no solo porque el posconflicto ya comenzó con sus cuentas alegres, sino porque acabamos de aprobar una reforma tributaria hace menos de tres meses y ya estamos pidiendo a gritos la tan nombrada ‘reforma tributaria estructural’. ¿Qué es eso de estructural? Creo que es algo robusto, sólido, una columna que sirva de pilar de una construcción, una piedra angular en donde se construya algo para muchos años, una cosa duradera. Es algo como ‘antifrágil’ en términos de Nicholas Nassim Taleb: casi todas las personas responden que lo contrario de frágil es robusto, resistente, sólido o algo por el estilo. Pero puesto que lo resistente y lo robusto son cosas que ni se rompen ni mejoran, debe haber un antónimo o situaciones que son antifrágiles, es decir, que se benefician de las crisis, prosperan y crecen al verse expuestas a la volatilidad, al alzar, al desorden, a los estertores y les encanta la aventura, el riesgo y la incertidumbre. Dicho de otra forma: “no existe una palabra que designe exactamente lo contrario de frágil. Aquí lo denominaremos antifrágil (...) la robustez aguanta choques, lo antifrágil lo mejora”.

Claramente tenemos un sistema tributario frágil, pero no queremos uno robusto, inquebrantable que no se pueda modificar, enriquecer o actualizar. Se necesita que la reforma tributaria estructural que está estudiando la Misión Tributaria haga un proyecto con bases de antifragilidad que pueda salir siempre ganando a pesar de las evoluciones o las revoluciones a la que será sometida con el paso del tiempo ¿Y por qué pedimos a gritos reformas estructurales en nuestro sistema tributario? Pues porque con el paso de los años se ha construido con retazos, poniéndole remiendos, colgándole de todo y esa ‘colombianizada tributaria’, no solo nos ha costado mucho, sino que  nos ha convertido en un país muy poco competitivo, donde hay impuestos antitécnicos, regresivos, repetidos, no hay seguridad tributaria en varios aspectos y toda una serie de pecados que bien detallan los tributaristas.

Vemos una reforma tributaria estructural y nos atrevemos a darle línea a la misión tributaria, recientemente conformada, que esté compuesta por elementos tributarios que se beneficien del desorden del cual debemos partir. En pocas palabras: no todo ha sido malo y a partir del desorden actual, se deben construir las bases estructurales de un futuro mejor. Más que una reforma tributaria estructural que muchos piden a gritos se necesita una reforma tributaria antifrágil, que se enriquezca de los ataques desordenados de quienes han elaborado nuestro estatuto tributario.

No es malo que el país hable de impuestos con mucha frecuencia y que sea consciente de lo mucho que le cuesta a los contribuyentes pagarlos. Lo que sí es verdaderamente malo, es que haga tradición cultural colombiana el raído argumento que reza “para qué pago impuestos si se los van a robar”, que no es otra cosa que robo porque los demás roban. Por eso hablar de impuestos debe ser una cosa normal y corriente en un país de contribuyentes que hacen valer cada peso que pagan para vivir mejor en comunidad.

Ahora bien, hay un argumento que hace más escuela por estos días y que recuerda las tesis de los años de la guerra fría en contra de la banca multilateral y sus recetas, y es que el ingreso a la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, OCDE, le está imponiendo la agenda tributaria al país. Lo vemos como una buena cosa, pues homologar políticas públicas y reformas con los países más desarrollados nos ayudan a acelerar en el camino hacia el desarrollo. No está mal compararnos con los mejores y adaptar las cosas que funcionan.

Debemos aceptar que hablaremos de impuestos, una y otra vez, porque es un asunto de bienestar, es un asunto de crecimiento y sobre todo de equidad, sostenibilidad y desarrollo. Volvemos al punto inicial y es que atravesamos por un tiempo raro, un cambio de época y no una época de cambio en donde esas palabras como equidad, desigualdad y responsabilidad deben ser los pilares fundamentales de cualquier revisión tributaria que se haga en los años venideros.

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