lunes, 30 de marzo de 2020

La atracción de la inversión extranjera debe convertirse en una obsesión; por cada dólar de inversión vendrá un nuevo dólar de exportaciones de valor agregado. Mientras unos lloran otros hacen pañuelos

Martín Gustavo Ibarra

Es increíble ver como la historia se repite. Por un virus, la peste negra, que mató a la mitad de la población Europea, se canceló para siempre la ruta de la seda en 1437, la más importante ruta del comercio internacional de ese tiempo, que llevaba 1.500 años de funcionamiento desde que en el año 100 A.C. el emperador WU la inauguró.

70 años después, Cristóbal Colón en su desesperado intento de restablecer una nueva ruta hacia la China, equivocadamente descubrió a América.
Con la creación del concepto “made in the world”, como resultado de la Organización Mundial del Comercio hace 25 años, se pusieron de moda las cadenas globales de valor (hoy las manufacturas que representan las 2/3 partes del comercio mundial, son fabricadas con materias primas e insumos de múltiples países).

El “Just in Time” se convirtió en un axioma que hizo posible, gracias a la eficiencia de la logística y de la velocidad del transporte internacional, de los mega puertos y los súper buques de contenedores, reducir los inventarios a cero y producir en tiempo real.

Sin embargo, durante el último año han ocurrido dos acontecimientos imprevistos que han demostrado que la mayor fortaleza de las cadenas globales de valor, el “Just in time”, se ha convertido en su principal debilidad: la guerra comercial entre China y los Estados Unidos, y recientemente el coronavirus.

La guerra comercial hizo que durante el año de 2019, China redujera sus exportaciones a Estados Unidos en US$91.000 millones (16,1%).

De esta cifra, US$80.000 millones se repartieron entre diversos países, siendo los grandes ganadores Vietnam, con US$18.000 millones y México, con US$12.000 millones de crecimiento, y en menor cuantía Taiwan, Francia, Holanda e Irlanda, entre otros.

Colombia fue el segundo país de América Latina que mas creció en sus exportaciones a Estados Unidos con cerca de US$400 millones de incremento.

El coronavirus será aún mas disruptivo que la guerra comercial, pues conceptos como las nuevas fuentes redundantes de producción; la cercanía al productor final y al consumidor; la confianza comercial y los acuerdos de libre comercio, serán en el futuro las nuevas reglas del juego.

Y dentro de todo este nuevo escenario Colombia está en una posición privilegiada.

Sin embargo, será indispensable hacer varios ajustes internos: la flexibilización del Plan Vallejo que ya empezó mediante la expedición del decreto 285 del pasado 26 de febrero, que permite al Ministerio de Comercio Exterior modernizar el mecanismo mediante la incorporación de nuevos bienes de capital para la producción de bienes y servicios; la modernización de las normas sobre comercio electrónico las cuales serán dentro de los próximos cinco años, la tercera parte del comercio internacional y la atracción de nuevas anclas con sus proveedores de primer y segundo anillo, que permitan diversificar de manera rápida nuestras exportaciones minero energéticas.

Y por último, la simplificación del régimen de Zonas Francas para hacerlo más amable y que permita de manera sencilla atraer grandes proyectos de inversión que bien cabrán en las 113 Zonas Francas ya autorizadas.

La atracción de la inversión extranjera debe convertirse en una obsesión; por cada dólar de inversión vendrá un nuevo dólar de exportaciones de valor agregado.

Crisis y oportunidad son sinónimos, y mientras unos lloran otros hacen pañuelos.

Llegó el momento de Colombia.