Con la tasa de propagación del virus y las proyecciones, el sistema de salud colombiano enfrentará un desafío sin precedentes

José Fernando Hoyos*/Guillermo Franco**

Casi todos los escenarios que hacen los gobiernos de los países en los que ha llegado el coronavirus se ubican entre dos extremos: o el caso de Wuhan (China), donde la propagación con medidas radicales se frenó y las muertes se minimizaron, o el de Lombardía (Italia), donde las autoridades se relajaron, la propagación se desmadró, el sistema de salud colapsó y los médicos terminaron decidiendo quién podía vivir y quien debía morir.

¿Dónde está Colombia entre estos dos extremos? El excandidato presidencial Germán Vargas Lleras, en su columna del periódico El Tiempo, aseguró que “no menos de 20% de la población puede llegar a ser infectada” con el coronavirus en Colombia, citando un escenario del Ministerio de Salud. En otras palabras: esos son 10 millones de colombianos.

Vargas Lleras no especificó el dato más importante: en qué período de tiempo se alcanzaría esa cifra de contaminados, si es en un periodo corto con lo que se ha llamado una profunda campana o en un largo periodo de tiempo, algo que marca una gran diferencia sobre cómo debe y puede responder el sistema de salud. Si ese es un escenario, ¿cuáles otros tiene proyectados esa cartera y el Gobierno Nacional?

Como parámetro de comparación, funcionarios de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, y académicos de varias universidades del mundo, calcularon que en el peor de los escenarios, si no se toman medidas, entre 160 millones y 214 millones de personas podrían contaminarse en ese país. “Eso podría durar meses o incluso más de un año, con infecciones concentradas en períodos más cortos, escalonados en el tiempo en diferentes comunidades”, según expertos citados por The New York Times. De esos contaminados, entre 200.000 y 1,7 millones de personas podrían morir. Y entre 2,4 y 21 millones podrían requerir hospitalización, “lo que podría aplastar al sistema médico de la nación, que solo tiene 925.000 camas”. A la luz de estas cifras para Estados Unidos (partiendo de 331 millones de habitantes), donde entre un 48% y un 64% podría contagiarse, el dato suministrado por Vargas Lleras no luce descocado.

Escenario colombiano
A falta de escenarios suministrados por el Gobierno (que ha dado lugar a que funcionarios a título individual den sus propias versiones, como la directora del Icbf que dijo que entre 60% y 70% de los colombianos se contaminarán), y las estrategias para hacer frente a la propagación del virus en cada uno de ellos, académicos colombianos han hecho proyecciones.

Por ejemplo, Nicolás Avilán, PhD en Física de la Universidad de los Andes y profesor de la Maestría en Modelado y Simulación de la Universidad Central, hace seguimiento de los datos y proyecta el comportamiento del Covid-19 a partir de un modelo propio mediante el uso de datos públicos revelados por el Ministerio de Salud. Según Avilán, hasta el momento las proyecciones con su modelo se han cumplido.

A la fecha ha confirmado un crecimiento exponencial del número de infectados en Colombia, hecho preocupante si se tiene en cuenta que, a pesar del posible subregistro de los casos, se observan aumentos como el que ocurrió del sábado 14 al domingo 15 de marzo donde el número de infectados pasó de 24 a 45, casi el doble de un día para otro.

La palabra ‘exponencial’ también ha sido usada en Estados Unidos para describir la propagación del virus allí.

“El crecimiento exponencial es un patrón clásico en el que los números se mantienen pequeños inicialmente, pero luego terminas con números muy grandes muy rápidamente. Si comienza con un número determinado y luego multiplica ese número por un factor de crecimiento todos los días, dependiendo de cuál sea esa tasa de crecimiento, verá que el número acumulado se duplica durante un período de tiempo determinado. Lo que realmente importa es qué tan alta es esa tasa de crecimiento. En los Estados Unidos en este momento (…) los casos confirmados de Covid-19 aumentan entre un 30% y un 40% por día y el número total se duplica cada dos días”, dijo Britta Jewell, epidemióloga de enfermedades infecciosas al periódico The New York Times.

LR pidió a Avilán hacer una proyección para determinar cuándo se alcanzarán los 10.000 contagiados, incluidos los portadores asintomáticos, para poder contrastar estos datos con la capacidad del sistema de salud colombiano.

“En el más optimista de los escenarios, el número de infectados en Colombia cruzará el umbral de los 10.000 el 2 de abril. Si se mantiene la tendencia actual podríamos llegar a dicho umbral en diez días (marzo 26 de 2020)”, dice Avilán.
De acuerdo con el médico Carlos Francisco Fernández, asesor de salud del periódico El Tiempo, “entre 10% y 20% de los casos de coronavirus requieren hospitalización y cuidados intensivos con períodos que oscilan entre 15 y 20 días promedio. Esta demanda resulta insostenible para cualquier sistema de salud”.

Expertos de Estados Unidos son más conservadores y calculan que los pacientes que requerirán hospitalización en ese país serán del orden de entre 5% y 10%.

Usando los dos estimativos, eso querría decir que para comienzos de abril podría haber entre 500 y 2.000 personas que requerirían hospitalización, exclusivamente por causa del coronavirus.

Camas en cuidados intensivos
En el caso colombiano, las cifras de infraestructura respaldan la afirmación de que la demanda para el sistema de salud será insostenible.

Según el Ministerio de Salud, en 2018 en el país había 84.556 camas hospitalarias, de las cuales 39.961 eran para atención de adultos; 10.057, para pediatría; 7.543, para obstetricia; y 5.684, para cuidados intensivos.

Ahora bien, en último reporte de esa cartera, en reuniones preparatorias para enfrentar la llegada del coronavirus, el inventario de camas de cuidado intensivo e intermedio, a donde llegarían los casos más graves, era de 13.572.

En cuidados intensivos terminan los pacientes en estado crítico que “exigen monitoreo continuo, asistencia médica y de profesional de enfermería permanente, además de equipos altamente especializados”, según la definición de expertos.

Lo complicado es que ese número de camas en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) no están totalmente disponibles: la mayoría permanecen ocupadas por pacientes crónicos o con complicaciones médicas, sin contar que están concentradas en las ciudades más importantes y en las regiones más pobladas de Colombia.

Por ejemplo, hay muchas ciudades grandes y medianas que no tienen UCI.
¿Cuántos de esos entre 500 y 2.000 pacientes requerirán una cama en cuidado intensivo? Literalmente: ¡Averígüelo Vargas (Lleras)! Una respuesta vaga, porque no se puede dar una mejor: ¡Muchos! ¿Y qué pasará con los pacientes que sufren otras patologías, por ejemplo ataques cardíacos, que también necesitan un cupo en unidades de cuidado intensivo? Los pacientes de coronavirus disputarán los cupos con ellos.

Cuando eso ocurra en abril, si se mantiene la actual tasa de crecimiento y no funcionan las medidas de aislamiento y autocuidado, el virus se seguirá propagando y la demanda por cama en las unidades de cuidado intensivo seguirá creciendo. En cuestión de semanas, si no días, no habrá cama para tanta gente, en especial aquellas que cuenten con respiradores.

En una entrevista el domingo, el presidente Iván Duque aseguró que la prioridad del Gobierno “es proteger la vida de todos los ciudadanos, sin perder de vista la necesidad de salvaguardar los empleos y la continuidad de las actividades cotidianas”.

Frente a lo primero, es tiempo de que el Gobierno asuma un control absoluto sobre el manejo que se les está dando a las UCI en Colombia, pues hay evidencias de que solo entre 25% y 40% de las personas que terminan allí realmente lo necesitaban. El resto, lo hacen más por un control posoperatorio innecesario, prevención o por mantener los altos costos de inversión, operación y rentabilidad en el que han incurrido los hospitales, clínicas y grupos.

De todas formas, cabe preguntarse en esta crisis qué otros espacios ha planeado el Gobierno para habilitar como unidades de cuidados intensivos, cuando se agoten la disponibilidad de camas en hospitales y clínicas.

Recurso humano escaso

Y lo peor del caso es que conseguir una unidad en cuidado intensivos es solo la mitad de la historia. La otra mitad es si hay recurso humano suficiente para atender a los pacientes.

De acuerdo con datos consignados en una tesis de maestría en Derecho Médico de la Universidad Externado de Colombia, de Jesús Andrés Ramírez Zúñiga (2019), el país no solo tiene uno de los índices más bajos de enfermeras por cada 1.000 habitantes en América Latina y en el mundo, sino también un número bajo de enfermeras por paciente en unidades de cuidados intensivos.

El índice de enfermeras por cada 1.000 habitantes es de 1,1, absolutamente bajo si se compara con los de Brasil, México, República Dominicana, Jamaica, Ecuador, Panamá, Honduras y Nicaragua, que oscilan entre 1,2 y 7,4. Y ni qué decir con los países de primer mundo. “En el continente europeo, los coeficientes están entre 12 y 18 profesionales de enfermería por cada 1.000 habitantes”, dice Zúñiga.

Respecto al número de enfermeras por paciente, Zúñiga, cita dos estudios, uno de ellos realizado en las UCI de Ibagué y Bogotá, que determinó que la proporción era de “5,4 pacientes por cada enfermera profesional”.

Eso lo lleva a concluir que la relación entre número de enfermeras por paciente en las UCI está “muy por debajo de los estándares normativos internacionales” y que la consecuencia de esto es que “el cuidado directo lo está brindando personal técnico o auxiliar de enfermería incluso en condiciones complejas”, a pesar de que legalmente estos procedimientos deberían ser ejecutados por enfermeras profesionales.

Otra consecuencia, como lo demuestran otras investigaciones citadas por Zúñiga: a medida que aumenta la carga de trabajo, aumenta la probabilidad de que los pacientes mueran.

Para hacer el panorama más oscuro, como reza la sentencia popular: “los médicos también se mueren”.

Como lo demuestra la experiencia internacional, entre los mayores contagiados con el Covid-19 han estado los internistas, especialistas, médicos, enfermeras y demás personas que trabajan en las UCI o atendiendo a los enfermos de coronavirus.

En algunos hospitales de España, hasta 70 % del personal médico terminó contaminado con el virus, en sus casas.

Además de poner a disposición el mayor número de camas y respiradores, dado que según la experiencia internacional 1% de los pacientes los requerirán (algo que los proveedores de equipos están haciendo su agosto como lo hicieron hace años un par de farmacéuticas con los antiretrovirales del H1N1), el Gobierno, el Ministerio de Salud y las IPS deberían pensar en reincorporar por un tiempo al personal médico retirado para que soporten una eventual crisis.

En un recetario para hacer frente a la crisis, Nicholas Kristof, columnista de opinión de The New York Times, recomienda: “Cancele las vacaciones de los trabajadores de la salud, traiga de regreso a médicos y enfermeras retirados, y reutilice a los cardiólogos y pediatras para tratar con un torrente de pacientes con coronavirus, a la espera de un número récord de médicos enfermos. Deberíamos prepararnos para permitir que los médicos militares también ayuden en emergencias”. Todas estas recomendaciones son aplicables a Colombia.

*Hoyos es periodista, editor y creador de contenidos. Durante más de 25 años ha cubierto e investigado sobre el sistema de salud en Colombia.

** Franco es periodista con énfasis en medios digitales. Cuenta con formación en ciencias. Dentro de su trayectoria incluye haber dirigido secciones de ciencia, salud y tecnología por casi 10 años en El Tiempo