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A las Farc se les han incautado o han entregado más de 50.000 armas: Juan Manuel Santos

domingo, 2 de julio de 2017
Foto: SIG
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En entrevista con El País de Cali, el mandatario reconoció que fue un hecho histórico el desarme de esta guerrilla.

Colprensa

Juan Manuel Santos tiene la convicción de que quien lo suceda en la Presidencia de la República no va a poder echar para atrás los acuerdos suscritos con las Farc.

El Mandatario dio un balance al diario El País de lo que para él fue un hecho histórico: el desarme de la guerrilla y explicó lo que viene hacia adelante con los acuerdos.

¿Usted les cree a las Farc cuando dicen que entregaron todas sus armas?

La Misión de Verificación y Seguimiento de la ONU certificó la entrega de 7.132 armas individuales por parte de los miembros de las Farc en las Zonas Veredales.

En ningún proceso de paz anterior se había tenido una proporción tan alta de armas por miembro de la organización. A los escépticos y críticos les recuerdo que a las Farc se les han incautado o han entregado más de 50.000 armas en los últimos años. La recuperación de las armas en las caletas está en marcha y –como lo dijo el representante de Naciones Unidas el martes— el proceso debe acelerarse.

Pero un tuit suyo de hace unos meses, en el que afirmaba que las Farc iban a entregar 14.000 armas, ha contribuido a aumentar esas suspicacias. ¿Por qué dio esa cifra?

Esa cifra se dio sobre la base de unas estimaciones que se tenían preliminarmente sobre el número potencial de integrantes de las Farc, la cual después fue corregida.

El ex ministro Juan Carlos Pinzón, quien lo acompañó en casi todo su gobierno y es precandidato presidencial de su partido, dijo que “es un error celebrar la entrega de armas como si fuera la totalidad. Es claro que las Farc y la disidencia tienen armas”. ¿No es desconcertante que alguien tan cercano a usted haga esa afirmación?

Juan Carlos Pinzón me ha acompañado a lo largo de mi carrera pública. Entiendo que ahora tiene intereses electorales que sin duda juegan un papel en sus posturas públicas.

¿Pero no es raro que una persona tan cercana a usted haga esa declaración justo el día en que se acaban de entregar las armas?

Sí, es muy raro, sobre todo cuando él sabe perfectamente que durante los últimos quince años, de los cuales once ha estado conmigo como viceministro, ministro de Defensa o secretario general de la Presidencia, todos los días se incautaban armas, todos los días se desmovilizaban miembros de la guerrilla y que sumadas todas esas armas daban más de 50 mil.

Entonces sí es muy raro que él, a estas alturas, diga lo que está diciendo, pero eso tiene que ver con la campaña política.

Como lo he dicho muchas veces, citando a los clásicos: “La lucha por el poder de la política infortunadamente saca lo peor de la condición humana”.

¿Eso lo que quiere decir, Presidente, es que él está comenzando a marcar distancia de su gobierno?

Esa es una pregunta para él. Yo trabajé con él toda la vida, 25 años ha estado a mi lado en todos los puestos, y espero que aprecie eso, que defienda lo que él ayudó a construir, que son muchísimos resultados no solo en materia de seguridad sino en todos los frentes. Eso es lo que yo esperaría de una persona que ha estado a mi lado 25 años.

¿No tendría él un poquito de celos en el sentido de que usted parece estar más cercano a otros candidatos como Humberto De La Calle?

Yo no soy cercano a ningún candidato, soy el Presidente y me corresponde estar por encima de las contiendas políticas. Lo que este país necesita es reconciliación, es dejar a un lado los odios, dejar a un lado esas envidias, esos miedos, el país necesita reconciliarse y ojalá esta contienda política sea civilizada, con argumentos más que con emociones.

¿A qué atribuye el hecho de que buena parte de los colombianos no valoren en su justa medida lo que significa haber logrado que la guerrilla más antigua del mundo haya dejado las armas y se esté convirtiendo en un partido político?

La bruma, la neblina que producen los odios, las divisiones y la política no han dejado ver bien la realidad de los hechos. Desde el exterior no se tiene esa distorsión, por eso valoran tanto lo que aquí se ha hecho.

Yo espero que cuando esa neblina se disipe, más colombianos reconozcan no solo el resultado de la paz, sino todo lo que se ha hecho para modernizar el país, para mejorar las condiciones sociales, para fortalecer la economía y nuestro reconocimiento internacional.

Yo he visto mucha alegría y emoción. Sin embargo, creo que para muchos es difícil conectarse con algo aún desconocido. Los colombianos quieren –y a eso debemos dedicarnos todos— ver cómo las oportunidades que nos trae la paz se hacen realidad con más presencia del Estado en las regiones afectadas, con el regreso de los campesinos a sus tierras, con más inversión y más turismo. Estoy convencido de que el país entero va a sentir y a vivir la diferencia entre el conflicto y la paz.

La decisión que tomamos como colombianos de acabar esta guerra es reconocida en el mundo entero, más aún en momentos de tanta convulsión y violencia. Como dijo el expresidente uruguayo José Mujica, ‘Colombia es un laboratorio de la historia y no podemos fallar’.

¿No será que el rechazo a los acuerdos de paz se origina en gran parte en el odio que los colombianos le tienen a las Farc? ¿Usted dimensionó ese odio durante el proceso?

Eso es cierto, la gran mayoría de los colombianos no tienen sino un sentimiento negativo frente a las Farc, no les creen y por eso cualquier argumento a favor del proceso recibía una mala receptividad, porque se hacía en un ambiente de incredulidad y escepticismo debido a eso que usted menciona.

Algunos analistas, basados en lo que ha ocurrido en otros procesos de paz en el mundo, dicen que un país tarda entre 15 y 20 años en perdonar los delitos que cometió una guerrilla que se desmoviliza.

¿Usted siente que ya perdonó a las Farc por los crímenes que cometieron?

Los colombianos estamos aprendiendo a convivir, a respetar las diferencias, a debatir sin violencia. Habrá justicia, verdad, reparación y garantía de no repetición para las víctimas, pero el perdón es una decisión personal e individual. Si dejaron las armas, es hora de dejar los odios.

¿Los que dicen que volverían trizas el acuerdo están equivocados?

Quienes manifiestan eso están haciendo política porque no se puede hacer trizas un acuerdo que ya es parte de nuestra Constitución. Les hago una pregunta muy sencilla: ¿ustedes creen que alguien en sus cinco sentidos va a volver a armar a las Farc, les va a devolver todos los fusiles para que vayan al monte a seguir secuestrando, a seguir atacando a la población civil y a seguir volando oleoductos? Por eso digo que esas manifestaciones son producto de esa política que ha generado una bruma, una neblina, que no deja ver las cosas en su verdadera dimensión.

Hay personas que temen que las zonas veredales, que se concibieron como transitorias, terminen convirtiéndose en permanentes y en una especie de pueblos de las Farc. ¿Ese riesgo existe?

Las zonas veredales van hasta el 1 de agosto. A partir de esa fecha se convertirán en Centros Comunitarios de Capacitación y Reincorporación para las comunidades y los excombatientes, bajo control del Gobierno.

Pero más allá de cómo se llamen, van a seguir existiendo. ¿No se corre el peligro de que se conviertan en unos pueblos de las Farc y que los exguerrilleros no se integren a la sociedad si no que se queden viviendo en esos 26 lugares?

Mi gran reto ahora es eso que usted acaba de mencionar: la reintegración. Para ellos es muy importante y para la sociedad colombiana es muy importante que ellos sientan y tengan las posibilidades para reintegrarse, para volverse ciudadanos comunes y corrientes.

Vamos a aprovechar que están en las zonas para ofrecerles esa posibilidad y eso es lo mejor que le puede pasar a ellos y a los colombianos en general.

En la medida en que podamos utilizar esas zonas para hacer esa transición, van a ser muy útiles.

Mientras la oposición parece estar muy unida de cara a las elecciones del 2018, quienes defienden el proceso de paz están atomizados. ¿No es grave eso para la implementación definitiva de los acuerdos?

Estamos avanzando con lo que nos corresponde para cumplir el acuerdo y saldando la deuda histórica con aquellos territorios a los que el Estado no había podido llegar. Las inversiones para las comunidades en las zonas más afectadas por el conflicto hacen posible las oportunidades reales que trae la paz.

El 15 de julio se inician los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial en 16 zonas que van a permitir que las comunidades, con las autoridades locales y el Gobierno Nacional, prioricen las obras de infraestructura más urgentes para ellas.

También iniciamos el programa de sustitución de cultivos con más de 80 mil familias que van a tener por fin una alternativa legal y sostenible para cultivar la tierra. También va a poder llegar la inversión para carreteras, colegios, hospitales. Este camino es irreversible y las zonas más afectadas por el conflicto están sintiendo ya los beneficios de la paz.

¿Qué tanto le preocupan los bajos índices de aprobación que, según las encuestas, tiene su labor de Gobierno?

Siempre he creído que mi deber es hacer lo correcto, no lo que sea popular. Uno no puede tomar las decisiones importantes mirando las encuestas. El capital político es para gastarlo o para invertirlo y eso es lo que hemos hecho.

Y si no le preocupan las encuestas, ¿qué lo trasnocha?

Cuando uno hace lo correcto, cuando tiene paz en su conciencia, eso se traduce en tranquilidad, porque si hubiese hecho algo indebido, algo incorrecto, eso sí me trasnocharía, sí me quitaría el sueño.

Pero creo que en estos siete años que vamos a cumplir, he tomado las decisiones de buena fe. Por supuesto que me he equivocado, por supuesto que, como cualquier ser humano, hemos cometido errores, pero creo que en lo fundamental hemos obrado bien y eso le da a uno una gran tranquilidad de conciencia.

¿Cuál es el balance que usted hace de la Cumbre de la Alianza del Pacífico que acaba de concluir?

Muy positivo. Colombia recibió la Presidencia de la Alianza del Pacífico. Los presidentes reafirmamos nuestro compromiso con este proceso de integración, el más exitoso de la historia de la región. Además, es una gran plataforma para nuestra economía.

Por ejemplo, al crear la figura del Estado Asociado se amplían las oportunidades comerciales para nuestros empresarios. Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Singapur serán los cuatro primeros en esa categoría.

¿Qué papel puede jugar la Alianza para la redención del Pacífico colombiano, una región que tantos problemas tiene?

El Estado tiene una deuda histórica con la región, pero estamos cambiando esa historia. En este Gobierno hemos invertido más que ningún otro en los cuatro departamentos. El Pacífico está recibiendo la inversión más alta de su historia, en carreteras, puertos, aeropuertos, colegios, puestos de salud, acueductos y alcantarillados. La Alianza del Pacífico, sumada a la paz, nos permitirá hacer mucho más.

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