martes, 25 de febrero de 2014
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Colprensa

La mano del hombre ha precipitado profundos cambios ambientales durante los últimos 50 años y el campo colombiano no escapa de esa realidad que además debe sortear.

La variabilidad del clima tiene incidencia directa sobre la producción y, por ende, en la remuneración de los cultivadores.

Según estudios del Centro Internacional de Agricultura Tropical (Ciat), para el 2050 es probable que se presenten aumentos significativos de la temperatura, precipitaciones más erráticas y mayor prevalencia de plagas. 

Sin embargo, Daniel Jiménez, ingeniero agrónomo, científico del Ciat y doctor en Agricultura de la Universidad de Ghent (Bélgica), preve un “escenario más positivo en departamentos como Nariño, Boyacá, Norte de Santander y Putumayo que se perfilan como zonas que contarán con mayor adaptabilidad a cultivos que se siembran en Colombia desde hace varios años”. 

El reto radica en prepararse con variedades resistentes para evitar que el sector agropecuario, responsable de 40% de las exportaciones colombianas, pierda competitividad; más aún considerando que 21% de la población depende directamente de esta actividad en diferentes sectores como fuente de empleo.

Por ello el Ciat trabaja desde ya con campesinos y entidades de control, para formular planes de mitigación y adaptación, buscando que los cultivos resulten afectados lo menos posible con la variabilidad.

La entidad tiene un convenio con el Ministerio de Agricultura por $17.000 millones para este fin.

En términos de adaptación revisan las plantas de diferentes cultivos para ver cuáles ofrecen resistencia a estos fenómenos.

Otro componente está orientado a buscar cuáles son los factores de clima, suelo y manejo del cultivo que pueden ayudar a los productores a adaptarse mejor.