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Analistas 17/11/2021

No perdamos el impulso

Vicente Echandía
Diplomático

La innovación destruye. Es un hecho. Nuevas tecnologías, nuevos procesos, nuevas habilidades aparecen y vuelven obsoletas las que se utilizaban hasta ese momento. Es un proceso que se ha repetido a lo largo de la historia y ha sido fundamental en el camino de la humanidad hacia el progreso y la evolución. Y en ese proceso, hay perdedores y ganadores. No es sino ver cómo se ha visto afectado el gremio de curanderos, rezanderos y magos de toda índole con la masificación de la medicina y las ciencias de la salud.

Algo parecido viene pasando con el comercio electrónico. Después de un rezago inicial de varios años, y resultado de las restricciones implementadas por la pandemia, el comercio electrónico en Colombia ha empezado a despegar. Mientras que en 2019 se contaban 8 millones de usuarios, en 2020 se sumaron dos millones más, para un total de 10 millones. En 2021 esa tendencia creciente se mantiene. Y si al principio el usuario promedio gastaba $200.000 por transacción, después de la pandemia el valor de la transacción disminuyó a $110.000, una señal más en el camino hacia la masificación del consumo digital.

Todo esto son buenas noticias para el país. Como lo recordaba Ricardo Hausmann durante el lanzamiento de la Misión de Internacionalización el pasado 9 de agosto, una de las causas de la baja productividad en el país es el incremento de la brecha tecnológica con los países desarrollados, brecha que incluye la poca difusión en Colombia del comercio electrónico. La adopción y adaptación de la tecnología no se da de manera espontánea, entre otras porque en la mayoría de los casos requiere complementariedades. El desarrollo de carros requiere de carreteras. El desarrollo de hoteles requiere de aeropuertos para la llegada de turistas.

De igual forma, el comercio electrónico necesita ciertas bases para desarrollarse. Ampliar la conectividad, mejorar el marco de protección del consumidor digital, concretar una estructura jurídica que provea seguridad a las plataformas de economía colaborativa y definir mejores reglas para el comercio transfronterizo son temas sin los cuales no se puede lograr la consolidación de los canales de venta digitales.

Falta mucho por hacer, pero desde el gobierno, el congreso y el sector privado se viene trabajando en temas que deben continuar más allá de la presente administración. Es necesario que los candidatos para las elecciones del próximo año, a la presidencia y el congreso, incluyan este tema dentro de sus agendas y se nutran de lo avanzado hasta el momento. El CONPES 4012 sobre comercio electrónico de noviembre pasado o el proyecto de modificación a la regulación para incluir el concepto de proveedor de servicio de pago agregador del Banco de la Republica son buenos ejemplos. Esto no puede ser un tema de este gobierno. Tiene que ser un tema de país.

A pesar de los avances, el éxito no está asegurado. Como tantos otros temas de moda y en un ambiente polarizado como el que vivimos, da puntos ponerse a hablar de algo, aún sin conocimiento, y cogerlo como caballo de batalla. Los perdedores, que seguro los hay, van a hacer mucho ruido. Esfuerzos por regular el canal digital, aunque bien intencionados, pueden terminar obstaculizando más que incentivando una actividad que se mueve mucho más rápido que las normas.

Esto apenas comienza.