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Analistas 10/11/2022

Del Fentanilo

Vicente Echandía
Diplomático

La semana pasada el Wall Street Journal publicó un artículo sobre la muerte de tres neoyorquinos en 2021, una abogada, un banquero y una trabajadora social, por consumir cocaína mezclada con Fentanilo. Al parecer los distribuidores están usando esta mezcla para volver la cocaína más adictiva y con mayor potencia, lo que también la vuelve mortal. Las muertes en esa ciudad se han triplicado en la última década por cuenta del Fentanilo y para 2020, el 81% de las muertes por consumo de cocaína estaban vinculadas al opioide.

Toda muerte es una tragedia para la familia, los amigos y la comunidad y en ningún momento el planteamiento que sigue a continuación busca irrespetar su dolor.

El articulo describe la manera en la que se efectuó la compra de la droga (pedido por domicilio) y ofrece algunos detalles de las circunstancias en las que fallecieron estas tres personas. Lo que no hace es mencionar la ilegalidad del consumo, el impacto de la criminalidad por cuenta del narcotráfico ni el daño ambiental, humano y social que se genera en los países productores. Nada.

Atrás quedaron los esfuerzos realizados durante décadas para generar conciencia sobre el problema que implicaba el consumo. Se olvidaron los mensajes informando sobre el daño a las personas, las muertes de policías y soldados en los países productores, la contaminación de ríos o la tala de bosques. Queda claro que el problema no es el consumo de cocaína sino la adición del Fentanilo.

Al final, es una muestra más del cambio que desde hace años se viene dando en torno al tema de la prohibición de las drogas. Resulta evidente que vamos en el camino hacia la legalización del consumo. Se escuchan propuestas y anuncios que resultan fáciles de hacer cuando no existe claridad en la estrategia ni el entendimiento de que esto es un tema de largo plazo en el que se necesitan muchos aliados e inteligencia para manejar los obstáculos. No por esto se puede obviar esa discusión. Será un tema para varios gobiernos, pero iniciarla de manera seria es un gran primer logro.

Sin embargo, legalizar la cocaína no es la solución a los problemas de Colombia como muchas veces se trata de hacer ver. Es una política que hace sentido, y por eso merece ser evaluada. Destruir mas vidas, alimentar la corrupción y continuar debilitando a los Estados no tiene ningún sentido. Pero eso no implica que los problemas del país se vayan a solucionar.

El mayor problema de Colombia no es el narcotráfico sino la precariedad del Estado en extensos territorios del país. El narcotráfico es solo una consecuencia de esa precariedad. Si este se legaliza, otras actividades criminales conocidas como la minería ilegal, la tala indiscriminada de bosques y cualquier otra innovación con la que salgan los delincuentes lo reemplazará. Claro que hay condiciones específicas del país de las que se beneficia la producción y el tráfico de cocaína, pero sin la presencia del Estado es fácil adaptar las condiciones para cualquier actividad ilegal.

Ese sigue siendo el verdadero desafío del país. Desafortunadamente no hemos logrado un consenso que permita definir una política de Estado, de largo aliento, que defina lo que se requiere para insertar esos territorios dentro de los circuitos económicos, políticos y sociales del resto del país. Cada cuatro años tenemos borrón y cuenta nueva. Es una lástima que la consolidación del Estado no haya logrado reunir el consenso acerca de su necesidad.

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