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Analistas 27/07/2021

Buscando América

Vicente Echandía
Diplomático

Estando en la Universidad, y siendo un fan de Rubén Blades, no fue difícil engancharme con la utopía de la integración regional. Aún hoy, la letra de “Buscando América”, sigue siendo inspiradora. Era tan grande el sueño, que nos motivó, siendo aún estudiantes, a lanzar una revista buscando fomentar el debate. Logramos publicar algo así como cinco ejemplares, pero fallamos en despertar mayor interés en el proyecto. Tal vez era un anuncio de lo que se vendría con la integración.

Años más tarde tuve la fortuna de trabajar desde el Gobierno aportando en la construcción de los distintos procesos de integración, entre los cuales la Comunidad Andina era sin duda el que más prometía. La construcción de un mercado común, con la definición de un arancel externo para los cinco países, la definición de una política exterior andina y el lanzamiento de la Iniciativa de Infraestructura Regional de Sur América, que contemplaba la construcción de vías para conectar a Bogotá con Caracas en 16 horas, fueron algunos de los temas que Colombia promovió para la celebración de los 30 años del Acuerdo de Cartagena.

Era 1999, Hugo Chavéz Frías acababa de llegar a la Presidencia de Venezuela, y nadie sabía de su intención de dedicarle todas sus energías a la creación de una organización alternativa que sirviera a sus intereses revolucionarios: la Alianza Bolivariana para América - Alba.

Esta semana, 22 años después, el Presidente Iván Duque entregó la Presidencia Pro - Temporé al Presidente Guillermo Lasso de Ecuador, y aunque Colombia hizo un gran esfuerzo para mover diferentes temas, las dificultades que impone la pandemia, sumadas a la cada vez menor importancia de la Comunidad Andina, resultaron en pocos avances.

El Estatuto Migratorio Andino, con pocas novedades reales (suele ser el caso con nombres pomposos), y la entrada en aplicación de la norma que reduce gradualmente los costos de roaming internacional entre los cuatro países, son de lo poco que hay para mostrar.

Lejos estamos de los tiempos en los que Venezuela era el segundo socio de Colombia, con un comercio cercano a los US$7 billones, con la ventaja de que una mayoría de las exportaciones colombianas se componían de bienes manufacturados. Lejos también de aquellas épocas en las que invocando la cláusula democrática, Colombia y los demás países miembros empujaron la salida del Presidente Alberto Fujimori en Perú.

Hoy, la Comunidad Andina está debilitada por la salida de Venezuela, por un comercio intraregional mediocre y por la profusión de organismos de integración que nacen a cada rato sirviendo un propósito político: Unasur, Prosur, Celac y no sé cuantos más. Claro, en estas cosas es mejor estar adentro que afuera. El problema es que se debilita todo lo demás.

Y la solución no pasa por crear un organismo diferente. La Alianza del Pacífico ha traído cosas positivas, pero más por la coincidencia política de los gobernantes de los cuatro países que por un entendimiento renovado de los beneficios de la integración. La llegada de Amlo a la presidencia de México ha tenido un impacto que posiblemente se sentirá más con la llegada de Pedro Castillo al Perú.

Estamos en donde estamos como consecuencia de consideraciones políticas de corto plazo y visiones individualistas rigiendo la política de integración de los países de la región. No es que no veamos los beneficios. Es que no somos capaces de anteponer cosas mejores en el largo plazo a necesidades coyunturales. Después de más de 52 años de integración andina, me quedo con el sueño de universitario y la canción de Blades.