Analistas

¿Un mundo feliz?

La economía mundial se ha vuelto crecientemente difícil de leer. Los factores políticos han ganado importancia para explicar una coyuntura global particularmente  incierta, y las expectativas frente a lo que viene son turbias. Tal parece que los economistas nos quedamos sin herramientas para entender la economía global, y ni hablar de para predecir hacia dónde va ahora. 

Habiendo dicho esto, ¿qué podemos esperar de la economía en 2017? Hay algunos optimistas que sienten que lo peor quedó atrás. De hecho, el Fondo Monetario Internacional, espera una economía mundial más dinámica este año; Japón está un poco más fuerte y la Unión Europea parece estar ligeramente mejor. Si bien se vienen dos años de negociaciones complejas en el tema de Brexit, ya el Reino Unido aclaró que le interesa preservar sus relaciones comerciales con la UE. Quieren ser parte de la unión comercial, pero no pagar el precio de libertad migratoria para frenar la inmigración de mano de obra no calificada. Un buen acuerdo comercial está en el mejor interés de todas las partes. 

El gran interrogante es EE.UU., pero aun con un Presidente del que se puede esperar casi que cualquier cosa, las expectativas pueden no ser del todo malas para 2017. El mediano plazo es otra historia. No obstante, la mayoría de los riesgos para la economía mundial parecen provenir de EE.UU.

Para este año el mundo espera un impulso a la economía de EE.UU. derivado de un fuerte estímulo fiscal. El Presidente Trump prometió un incremento sustancial en el gasto en infraestructura. Si bien no es posible crecer de manera sostenida con base en gasto público, la política fiscal expansiva puede darle un empujón en el corto plazo a la economía de EE.UU. Sin embargo, en el mediano plazo se pasará la cuenta de cobro de un deterioro en las finanzas públicas. De otra parte, la construcción de infraestructura difícilmente generará el empleo de calidad que prometió Trump, por lo que el malestar social va a persistir. 

Se espera que ante este estímulo fiscal, la Fed continúe subiendo tasas, y lo haga alrededor de tres veces este año. La preocupación entonces es el dólar, que probablemente se seguirá fortaleciendo. Esto le hará más difícil la tarea a Trump de “hacer a América grande”, ya que perjudicará las exportaciones. Tasas externas más altas y un dólar más fuerte son una preocupación para todos los países emergentes con deuda denominada en dólares. Hay quienes advierten sobre la posibilidad de una crisis financiera en países emergentes ante esta coyuntura. 

Un riesgo adicional para el mundo entero, que también se origina en EE.UU., tiene que ver con las políticas proteccionistas propuestas por el nuevo mandatario. Si Trump cumple con sus amenazas de imponer aranceles a los productos importados de China y México, entre otros, le hará un daño inmenso a la economía de su país y, por supuesto, al mundo. Es claro que EE.UU. no puede competir en costos con la mano de obra barata de algunos países emergentes. Por lo tanto si se imponen los aranceles, la consecuencia inmediata será que los precios de bienes de consumo en EE.UU. se duplicarán de precio.  El golpe para una economía que vive del consumo sería violento; el precio más alto lo pagaría EE.UU. El resto del mundo sufriría las consecuencias de una menor demanda de parte de ese país.  

En este nuevo entorno, los países cuyo crecimiento está basado en exportaciones jalonadas por mano de obra barata, van a sufrir . La competitividad la determinará la tecnología, innovación y educación. Estos serán los diferenciadores en el futuro cercano.