Analistas

Un mundo dividido

Los acontecimientos de la última semana evidencian la inusual polarización que se vive actualmente  alrededor del mundo. En el Reino Unido, Theresa May empezó a darle forma al denominado Brexit. A pesar de que los ingleses votaron por salir de la Unión Europea en el referendo del pasado junio, prevalecía la tensión en cuanto a los tiempos y la interpretación que se le podía dar a dicha decisión. 

La semana pasada May anunció que “Brexit quiere decir Brexit”, indicando que su postura frente a abandonar la UE es más radical de lo que se esperaba. Advirtió que el proceso de salida se iniciará tan pronto como marzo del año entrante. La noticia sacudió a los mercados, que castigaron a la libra esterlina llevándola a su nivel más bajo en 31 años. Este es tan solo el comienzo de un periodo difícil en el que miles de trabajadores extranjeros se verían forzados a salir del Reino Unido, al perder el derecho de trabajar ahí. Destino similar le espera a los ingleses que trabajan en el continente. Londres difícilmente podrá permanecer como el centro financiero de Europa, si el Reino Unido escoge aislarse.

Estados Unidos esta viviendo una contienda presidencial sin precedentes, caracterizada por el odio y el resentimiento hacia ambos candidatos. El hecho de que Donald Trump pueda ser presidente de los Estados Unidos es un síntoma de la profundidad de la crisis que vive ese país. El origen, es posiblemente la crisis financiera de 2008, de la cual la economía no termina de recuperarse, y cuyo impacto fue sustancialmente más fuerte sobre las clases bajas. 

Por primera vez en años, los inmigrantes, que han ayudado a construir a los EE.UU. desde sus cimientos, no se sienten bienvenidos, y son el objeto del odio de quienes los culpan por estar “robando sus empleos”. Trump puede no ganar las elecciones, lo cual es más probable tras conocerse la grabación en la que habla de forma denigrante y vulgar de las mujeres. Pero la división que se creó y el odio que se reveló no van a desaparecer. 

Colombia es víctima de una polarización similar. No nos hemos podido poner de acuerdo sobre el precio que estamos dispuestos a pagar para que las Farc nos hagan el favor de dejar las armas. Irónicamente, el odio se concentra entre las campañas por el Sí y por el No, mientras que las Farc salen sorprendente y absurdamente bien libradas. 

Por último, la mezquindad de la naturaleza humana se hizo evidente el pasado 2 de octubre, cuando un periodista italiano se adjudicó el derecho de dar a conocer la identidad de la escritora conocida bajo el seudónimo de Elena Ferrante. La escritora, famosa por las Novelas Napolitanas, entre otras maravillosas obras, había dicho, por espacio de años, a través de su editor, que si se revelaba su identidad dejaría de escribir. Señaló que preservar su privacidad era crucial para su obra. 

Esto no detuvo a Claudio Gatti para escarbar en sus finanzas y publicar su nombre. No contento con esto, se quejó de que los libros de la escritora resultaran menos autobiográficos de lo que se creía, ya que no creció en Nápoles sino en Roma, y su mamá es alemana. Con esto, posiblemente silenció a quien es considerada una de las mejores escritoras de nuestro tiempo. Todo por la incapacidad de respetar el derecho a la privacidad. 

Los hechos de la ultima semana, si bien no guardan relación entre si, revelan una sociedad llena de odio, que no sabe respetar al otro y prefiere identificar culpables a resolver problemas. Es un comportamiento destructivo que lejos de sumar está dividiendo países y, ahora, acallando escritores.