Analistas

Menos demanda

En su última a reunión, la junta del Banco de República decidió subir la tasa de interés de intervención en 50 puntos básicos, llevándola a 7%. Con esto, se completan siete incrementos desde que el Emisor comenzó a subir tasas, en octubre del año pasado. A pesar de esto, la inflación esperada se mantiene por encima del rango meta del Banco. 

Los factores detrás de la aceleración de la inflación son esencialmente tres. De una parte está el incremento en los precios de los alimentos, resultado del fenómeno de El Niño. Este debe ser un choque transitorio sobre la oferta, al cual en principio el Banco no tendría que responder.  El fenómeno de El Niño resultó más fuerte de lo esperado y pudo haber afectado las expectativas de inflación, lo cual tendría efectos más duraderos de lo inicialmente contemplado. Esa no es una circunstancia de fácil interpretación para ningún banco central. Menos aún por el hecho de que sucede esporádicamente. Sin embargo, éste ya está cerca de su fin, lo que debería precipitar una desaceleración relativamente rápida de lo precios de alimentos. Al menos así lo esperamos todos.

De otro lado está el efecto sobre el nivel de precios derivado de la depreciación del tipo de cambio. Este también resultó ser más intenso y prolongado de lo anticipado. Ahora bien, aunque  el peso permanece débil, este año no debería volver a observarse una depreciación de la moneda de la magnitud que se dio el año pasado. En este sentido, lo peor ya pasó para la inflación, dado que el Emisor cambió su postura de expansionista a contractiva. La inflación de transables debería, por lo menos, dejar  de subir, y la general iniciar una senda descendente.

El factor más sorprendente detrás del elevado nivel de la inflación es la fortaleza de la demanda doméstica. Este se refleja en la inflación de no transables, que alcanzó 5% el mes pasado. A pesar de la magnitud del choque sobre el ingreso del sector privado, con ocasión de la caída del precio del petróleo, la demanda se ha mantenido inusualmente fuerte. 

Aún cuando el desplome del Índice de Confianza del Consumidor durante el primer trimestre del año pareciera indicar una corrección de las expectativas y una moderación en la demanda, las ventas al por menor crecieron 3,3% durante el mismo período. Esto lleva a pensar que el consumo aún está fuerte. Existe una aparente disociación entre la percepción de los consumidores y su comportamiento en el supermercado. 

De otra parte, el gasto público permanece elevado, y continúa alimentando la demanda local. El Gobierno Nacional presenta cifras de moderación en la inversión, pero no ha logrado frenar el gasto en funcionamiento, y le han crecido las evocaciones ligadas al servicio de la deuda pública. Esto es parte de los dilemas de un choque de términos de intercambio. Cae el recaudo y crece el déficit fiscal y el endeudamiento; con lo cual, justo cuando hay que ahorrar, se aumenta el servicio de la deuda, deteriorando aún más la situación fiscal.

La fortaleza de la demanda justifica que el Banco haya acelerado los incrementos de la tasa de intervención. De hecho, indica que quizás comenzó a subir tasas demasiado tarde. Frenar el crecimiento de la demanda es clave no solo para llevar a la inflación a un nivel inferior a 4%, sino para corregir el desequilibrio en la cuenta corriente. Es por esto que podríamos esperar alzas adicionales en la tasa, probablemente hasta 50 pbs adicionales, que la lleven a un nivel restrictivo en términos reales, y convenzan a los hogares a restringir sus instintos compradores en el supermercado.