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Evitar el desliz

Recientemente la calificadora de riesgo Fitch Ratings, al igual que Standard and Poors, modificó su perspectiva sobre el perfil de riesgo de la deuda pública colombiana, pasándola de estable a negativa. Esta movida no es equivalente a una reducción en la calificación de la deuda, que permanece como grado de inversión, pero sí es una advertencia de una eventual reducción si no se toman medidas. Esto se traduciría en un acceso más difícil al mercado de capitales internacional y costo del capital más elevados. 

La pregunta entonces es si Colombia podrá preservar el grado de inversión, y la respuesta no es obvia. La calificación de la deuda es un reflejo de la estabilidad macroeconómica del país, medida a través de variables como el déficit en cuenta corriente y su financiamiento, el déficit fiscal y la trayectoria de la deuda pública y la capacidad para exportar y crecer. En todas se observa un deterioro, que se desprende del choque petrolero.

El déficit en cuenta corriente, que mide la vulnerabilidad externa del país y el faltante de ahorro, alcanzó 6,4% del PIB el año pasado, y se espera sea cerca de 6% del PIB este año. De acuerdo con el Gobierno, éste se reducirá lentamente a lo largo de la próxima década, permaneciendo por encima de 5% del PIB en los próximos tres años. Este nivel se encuentra muy por encima de los pares de Colombia para los que la mediana es 1,6% del PIB.

El crecimiento en el déficit en cuenta corriente es el resultado de la caída en el precio del petróleo. El problema es que, a pesar de una devaluación sustancial, el sector exportador no ha respondido. Las exportaciones no tradicionales todavía se están contrayendo, evidenciando un problema de competitividad que va más allá de la tasa de cambio. Por lo tanto, la única forma de reducir el déficit en cuenta corriente es a través de menor crecimiento económico.

La situación fiscal tampoco luce bien. El déficit del gobierno central se incrementó a 3,9% del PIB este año y se estima en 3,3% del PIB para el próximo, mientras que el resultado para los pares de Colombia asciende a 2,5% del PIB. El déficit estimado para 2017 no incluye los gastos que traerá consigo un acuerdo de paz, y supone un recorte en la inversión sumamente difícil en la práctica, dada la coyuntura. 

Hacia adelante, la reducción del déficit fiscal depende de una reforma tributaria mediante la cual se obtengan al menos 2 puntos del PIB, y de un ajuste  en gastos. Sin embargo su aprobación no se ve fácil, en la medida en que los tiempos de la reforma tributaria están estrechamente ligados al plebiscito. 

El incremento en el déficit fiscal así como la depreciación de la moneda han resultado en mayor deuda pública que alcanzó 46,5% del PIB en 2015, por encima del promedio de 40% del PIB para los países con calificación similar. La deuda externa en Colombia alcanzó 37% del PIB en 2015 y puede que alcance 48% del PIB este año, muy por encima de la mediana para sus pares de 20% del PIB.

Los indicadores macroeconómicos en Colombia se han deteriorado de manera importante en los últimos dos años, y sus niveles actuales distan de los esperados para países con una calificación de riesgo similar. Preservar el grado de inversión es un reto mayúsculo que depende, en el corto plazo, de la aprobación de una reforma tributaria que vuelva a poner al país en un sendero de reducción del déficit fiscal, sin asfixiar la inversión privada, y de un ajuste en el gasto. Sin esto, tendremos que acostumbrarnos a la idea de que Colombia simplemente ya no sea grado de inversión.