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ANALISTAS 26/09/2026

Aprender a soltar con la exhalación

Tatiana Arango M.
Macroeditora digital de Diario La República
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Exhalamos aire unas 20.000 veces en el día. Pero ¿en cuántas de esas exhalaciones realmente soltamos lo que pasa en nuestro día? Exhalar nos permite liberar físicamente dióxido de carbono y, como hemos visto en estas columnas, con exhalaciones más largas podemos relajarnos. Son una herramienta para soltar tensiones, enojos o preocupaciones.

Necesariamente tenemos que exhalar luego de inhalar. No podemos conservar indefinidamente el aire que recibimos. El problema es que mientras nuestro cuerpo practica constantemente un ciclo de recibir y soltar, nosotros podemos pasar años aferrándonos a cosas que ya deberían haber salido de nuestra vida. Pensemos en una discusión que seguimos reconstruyendo mentalmente, en un trabajo que ya terminó, en una relación pasada, en un error que no superamos, en una expectativa sobre cómo debía resultar algo; incluso en una versión anterior de nosotros mismos, que ya no existe.

En el tapete de yoga, durante la práctica la exhalación acompaña determinados movimientos y la atención sobre ella puede funcionar como recordatorio de liberar tensión innecesaria. Imagine esta situación: está en un salón que tiene calentadores y su temperatura llega a unos 40 grados centígrados; lleva 30 minutos de una práctica de yoga con una intensidad alta, es decir, con posturas retadoras donde se integran fuerza, equilibrio, flexibilidad y resistencia; y está sintiendo que no da más. Pero le falta otra media hora de clase.

Los profesores (buenos) de yoga son muy conscientes de eso. Entonces, cuando llegan esos momentos en los que se requieren grandes esfuerzos, dicen algo como “respira la postura”. Otros hacen la exhalación mucho más vívida: ofrecen la posibilidad de suspirar (sitkari o exhalación de liberación), exhalar como un león, sacando la lengua (simhasana), relinchar como un caballo relajando los labios y la mandíbula (bhramari modificado) o zumbar como una abeja (bhramari pranayama).

Tal como en la clase de yoga de nuestro ejemplo, soltar no es olvidar. Solemos pensar que soltar una rabia, una persona, un fracaso o una pérdida significa dejar de sentirlo, justificarlo o borrarlo de nuestra memoria. Pero no necesariamente. Soltar puede significar dejar de invertir energía en intentar cambiar algo que ya ocurrió.

Cuando note que está aferrándose a una preocupación, no tiene que convencerse inmediatamente de que debe dejar de importarle. Puede empezar simplemente observando una exhalación. No porque el problema vaya a salir mágicamente con el aire, sino porque durante unos segundos el cuerpo le recuerda físicamente una posibilidad: no todo tiene que ser retenido.

En este punto, le propongo un ejercicio. Inhale por su nariz en cuatro tiempos, retenga el aire por siete y exhale lentamente en ocho. Esta técnica es conocida como el pranayama 4-7-8, y generalmente se usa para liberar la tensión física y la frustración. Incluso, si logra mantener esta respiración por varias repeticiones, en un punto se podría agregar una retención corta después de la exhalación en ocho tiempos, para agregar una exhalación de un tiempo más.

Llevémoslo a la vida: ¿cuántas veces queremos que llegue algo nuevo sin hacer espacio para ello? Queremos una nueva relación mientras seguimos viviendo emocionalmente en otra, o empezar una etapa mientras seguimos negociando con la que terminó. Por eso soltar no es perder, sino hacer espacio para la siguiente inhalación.

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