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Servidor público

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Conozco un estudiante de derecho, con alto rendimiento académico, que en su corta vida ha demostrado sensibilidad social, amor por servir a los demás, con disciplina formada en el deporte, gran capacidad de convocatoria y carisma. Participa con pasión y liderazgo en una Fundación para mejorar la sociedad.

Sería un buen candidato para ser servidor público, eventualmente para participar en política, donde deberían estar los mejores colombianos, que con formación en principios y valores trabajen por mejorar las condiciones sociales y la calidad de vida de todos los ciudadanos. 

Los servidores públicos, en sus ejecutorias siempre deben actuar conforme la constitución, la ley y los reglamentos y, hacer lo correcto, con diligencia, responsabilidad y compromiso con el beneficio general. La corrupción y la ineptitud tienen que ser extirpadas de nuestra sociedad. 

Vale destacar el llamado de atención hecho por la nueva presidenta del Consejo de Estado, María Claudia Rojas, quien de manera valiente, acaba de reconocer que la administración de justicia en Colombia está en crisis y que existe deslegitimación  de sus jueces y magistrados. En este escenario de ineficiencia y desconfianza, existe una oportunidad para participar de la necesaria transformación. 

Ahora bien, el caso del exdirector del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) de Bogota, Andrés Camargo, quien fuera funcionario clave en la transformación urbana de la capital, en la Alcaldía de Enrique Peñalosa a finales de los 90, llama la atención por la contradicción derivada de ese periplo. 

  Para la época tuve la responsabilidad de ser Presidente de la Lonja de Propiedad Raíz de Bogotá y del Comité Intergremial de Bogotá y Cundinamarca, por lo que doy fe de la transparencia del manejo del IDU en avalúos, compra de predios, concepción de obras, ejecuciones y en general, trabajo público con grandes resultados.

Quizás cuando el país podría no ser viable como sociedad, la transformación de Bogotá con las alcaldías de Mockus y Peñalosa, contribuyeron al proceso de mejora general. El ejemplo de la transformación urbana y de cultura ciudadana de la capital, permeó positivamente las principales ciudades colombianas. 

Pues bien, Camargo, gran ejecutivo, hombre probo y exitoso profesional, en una muestra de compromiso con su ciudad, aceptó este cargo público con el propósito de servir a Bogotá. Lo logró. Pero una falla técnica en las losas de concreto del sistema de transporte masivo Transmilenio, lo tiene hace 14 años defendiéndose ante la justicia. 

Cuando se actúa conforme la ley, es decir, que no hay actos indebidos ni ilegales, sin corrupción, pero se le coloca en la picota pública por un tema técnico no controlable por el director, no es ejemplo para invitar a los mejores profesionales a construir su vida como servidores públicos. Dilema para dar ese consejo a los más destacados alumnos, particularmente al estudiante de derecho de marras.

Además, si se le suma la frase lapidaria de mi madre, historiadora, quien fuera dirigente cívica en Santander, máxima según la cual “en política se hacen verdaderos enemigos y falsos amigos”; francamente lo único que queda es expresar gratitud a los servidores y funcionarios públicos honestos, eficientes y eficaces. Los ciudadanos tenemos la obligación de elegir y apoyar a los mejores servidores públicos. 

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