Analistas

Montaña rusa

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En los años 80 y buena parte de los 90, Bogotá era percibida como una ciudad inviable, con graves problemas de seguridad. Las finanzas eran deficitarias, con carencia de infraestructura, problemas en salubridad, en basuras y falta de oferta de educación pública. Al igual que la mayoría de las ciudades colombianas, desarrollada sin adecuada planificación y con alto grado de informalidad. La ciudad iba en caída y los ciudadanos así lo expresaban. La capital de Colombia era repulsiva.

Con el Estatuto Orgánico de Bogotá y su consecuente reorganización de la economía a partir de 1993, aunado a una década de buenas administraciones públicas, la ciudad toma una ruta en ascenso, que se traduce en oferta de transporte público, con la creación de TransMilenio; mejora de educación; construcción de infraestructuras, incluidas grandes bibliotecas y colegios; recuperación de espacio público; en cultura ciudadana y afecto por la capital. Bogotá pasó a ser atractiva y ejemplo mundial de transformación.

No obstante la ciudad – región sigue avanzando en su desarrollo económico, oferta de empleo, crecimiento cultural y seduciendo a inversionistas; en contraste tenemos graves problemas de calidad de vida, evidenciándose caos en la movilidad y en seguridad. La Bogotá de la última década es una ciudad en retroceso, con un rechazo mayúsculo a sus administraciones públicas, por  corrupción, improvisación y falta de gerencia. Hoy existe un gran descontento ciudadano y profundo sentimiento de frustración.

Por este absurdo vaivén, la capital de Colombia parece estar sumida en una montaña rusa de aciertos y desaciertos, con cambios bruscos de dirección.

El caos en la movilidad de Bogotá es resultado de años de atraso en ejecución de proyectos para el transporte público y el transporte privado, falta de políticas de gestión en la demanda de transporte y en general decisiones con poca planificación. Las consecuencias se perciben todos los días en el aumento del  número de carros y motos en la calle, la reducción del nivel de servicio de transporte público, el mal estado de las vías y lo peor, el aumento en el tiempo de viaje de todos los bogotanos.

La solución no es fácil, no se logra con medidas parciales. Es obligatorio obtener resultados en mejora de la oferta del transporte público y en el desestímulo del uso del vehículo particular. Tareas como la construcción de las troncales del Sistema TransMilenio que están en mora de ejecución y su ampliación, la implementación completa del Sitp, la primera línea del metro, trenes interurbanos y de políticas para incentivar mejores decisiones de viaje por parte de los usuarios de las vías, son perentorias. 

Estas obras, junto con la actividad edificadora, incidirán sobre la economía bogotana, que viene creciendo gracias al tamaño de su mercado. Se trata de una población de 8 millones de habitantes, con uno de los mayores ingresos per cápita del país y participa con más de 25% del PIB de Colombia. Factor determinante es la estructura productiva, ya que a nivel de oferta, los servicios y el comercio constituyen el mayor componente de su PIB. La industria ha perdido dinámica. Por ello, el desarrollo se ha orientado hacia el sector de servicios.

Bajémonos de la montaña rusa y tomemos un mejor camino con estabilidad institucional y gerencia pública de largo plazo.

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