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Las ciudades y el posconflicto

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Colombia está próxima a ajustar dos siglos de vida republicana, con elementos perturbadores del progreso y de la adecuada construcción de sociedad, caracterizados por la violencia y los conflictos internos. Nacen ahora conflictos adicionales derivados de la conservación del orden institucional y de la gobernabilidad de nuestras ciudades.

De otra parte, al igual que la mayoría del mundo, Colombia se ha venido transformando de un país rural a un país urbano. Así, en el bicentenario, cerca de 80% de nuestra población vivirá en las áreas urbanas, siendo la mayor concentración la ciudad de Bogotá y sus municipios aledaños.

Por ello, buena parte del futuro de Colombia y de la calidad de vida de los ciudadanos, está ligado al futuro de las ciudades. La patria cuenta con un sistema urbano diversificado, compuesto por cerca de 50 ciudades de más de 100.000 habitantes, donde se destacan varias ciudades – regiones que aglomeran la mayoría de la población.

Pues bien, la agenda del proceso de paz que lleva el gobierno y las guerrillas de las Farc contiene acuerdos para el tema agrario, donde vive apenas algo más del 20% de los hogares colombianos, y deja de lado las ciudades donde el conflicto también ha tenido escena y grandes consecuencias.

De alcanzarse la paz, el posconflicto obliga a construir una estrategia de seguridad en las ciudades, que se le suma a solucionar los problemas que le son comunes, tales como la construcción de viviendas de origen informal, la falta de planeamiento, control urbano y la escasez de suelo urbanizable; y en general la falencia de infraestructuras y de servicios sociales. La gestión local es entonces uno de los grandes desafíos. 

A la necesidad de planear el posconflicto, se le agregan hechos recientes que perturban aún más la gobernabilidad de las ciudades.  Pues bien, a raíz de la decisión en derecho del procurador Ordóñez de destituir al alcalde Petro, por gobernar con algunas actuaciones en contra de la ley, nace una nueva discusión de si un vigilante de la función pública, mediante un acto administrativo, puede destituir funcionarios elegidos popularmente.

 Volviendo al tema del posconflicto, la planeación regional se enfatiza como un hecho fundamental para poder integrar las áreas rurales con los grandes focos de desarrollo urbano. Es decir, es necesaria una integración entre lo rural, lo urbano y las regiones que conforman la nación como un todo.  La articulación con equidad de las ciudades y las regiones, es una necesidad que se vuelve aún más prioritaria.

Es evidente que el posconflicto va a recrudecer la violencia y la inseguridad en las zonas urbanas. La ilegalidad y la delincuencia común tienen que ser controladas porque autores de la guerrilla y sus proveedores con la paz pierden su principal fuente de ingresos. Por ello, es necesario mantener el orden institucional con una política de seguridad y de oferta de empleo, salud y educación en todo el territorio patrio.

Por lo anterior, nuestras ciudades y la selección de sus mandatarios, al igual que la integración regional, serán vitales en el posconflicto colombiano.

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