Analistas

Desequilibrios y ajustes

El espectro económico mundial, impactado por la caída del precio del petróleo y el menor crecimiento de la mayoría de las principales economías nacionales, especialmente la del país más populoso del mundo (la China), es sin lugar a dudas un entorno con nubarrones que hace sombría la situación interna de gran parte de países del globo, los que podrán verse en difícil situación política y económica, con consecuencias sociales insospechadas. 

Consecuencia de lo anterior, Colombia está en riesgo de tener simultáneamente déficit en cuenta corriente y déficit fiscal. Desequilibrios negativos de gran preocupación. Las exportaciones caen dramáticamente y los recaudos fiscales no alcanzan para los compromisos del gobierno y mucho menos para sortear las necesidades de gasto para el desarrollo.

Ahora bien, el crecimiento de las remesas de familiares que mandan recursos a Colombia, generalmente de origen laboral, está generando mayores ingresos al país. Las remesas crecieron el año pasado el 15%, superaron los US$4.000 millones, que equivalen al 1,5% del PIB y algo más del 8% de los ingresos corrientes de la balanza de pagos. Dichas remesas de trabajadores colombianos en el exterior provienen principalmente, y en orden de magnitud, de Estados Unidos, España, Panamá, Chile y Reino Unido. 

Las causas de este mejor comportamiento en pesos recibidos por remesas en el 2015, con tendencia positiva para este año, son el despegue de la economía de Estados Unidos y la revaluación del dólar americano en el último año, por cerca del 40% para Colombia. Para ciertos hogares que vieron aminorados, en términos reales, sus ingresos por la inflación y por la desaceleración de la economía, el aumento de las remesas alivia la situación. 

A su turno, la concreción del acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc traerá en el posconflicto una serie de afectaciones al presupuesto nacional, por mayores gastos derivados de los propios acuerdos, pero conlleva a ahorros en el largo plazo por la disminución del conflicto interno. Además, ha de ser la oportunidad para integrar al desarrollo las regiones más afectadas por la guerra y las más rezagadas en infraestructura y bienes públicos. El agro, hoy con pésimo resultado, con la paz y con políticas públicas adecuadas, debería beneficiarse.

El desarrollo rural es un reto mayúsculo y absolutamente necesario. 

La inversión que está liderando el gobierno en infraestructura educativa y en el mejoramiento de la educación, mas los resultados alentadores de la política pública de vivienda y de infraestructura, ya son cuota inicial para atender la nueva Colombia del posconflicto y deben mantenerse como política de estado. Por supuesto, entre otros grandes retos después de la firma del acuerdo de paz están la seguridad ciudadana, la lucha contra la corrupción y la adecuada administración de justicia. Serán ajustes que cuestan, pero que para el futuro representan ahorros económicos y progreso para la sociedad toda. 

Otro gran ajuste que ya comenzó es el derivado de las nuevas administraciones locales. La Bogotá que recibió Peñalosa de manos de Mockus con superávit es diametralmente distinta de la que acaba de recibir de tantos años de mala gerencia, lo que hace que no la tenga fácil; la economía de Bogotá representa más de 25% del PIB nacional, pero se encuentra en déficit de seguridad ciudadana, movilidad, vivienda y en general de infraestructura.

En resumen, 2016 estará marcado por desequilibrios y por necesarios ajustes.