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Participación laboral juvenil: ¿quién será el Macron de Colombia?

Los jóvenes a nivel internacional enfrentan desafíos laborales crecientes. En ello juegan diversos factores. En primer lugar, esos jóvenes presentan la Tasa Global de Participación (TGP) más baja de la población. Por ejemplo, en Colombia esa TGP es de 57,7% en jóvenes y de 64,3% en la población total. Y, sin embargo, ellos son los que sufren la mayor tasa de desempleo, usualmente casi que duplicando la del total en los países desarrollados, probablemente por su menor “entrenamiento” y los elevados costos de enganche. Esto es particularmente angustiante en los mercados laborales “sobreprotegidos” de Europa: en España los jóvenes enfrentan actualmente tasas de desempleo del 39,9% vs. 17,7% de tasa general; en Francia es del 22% vs. 9,6% de tasa general. En el caso de Colombia, la tasa de desempleo en jóvenes está menos “castigada” que en Europa, pero aún así el desempleo juvenil ha venido promediando 17% (en lo corrido de 2017) vs. 9,8% observado en el total del mercado laboral del país.

En segundo lugar, la automatización de muchas labores (y no solo de aquellas manuales básicas) está reduciendo las potenciales fuentes de empleo de los jóvenes y/o desafiando la relevancia de sus conocimientos recién aprendidos. Aún con pocos o nulos años en el mercado laboral, se están dando cuenta que el aprendizaje requerido para desempeñarse en el mercado laboral probablemente requería mejores conocimientos “vocacionales”. Esto es particularmente cierto para aquellos que quedaron en el peligroso sánduche entre profesionales mediocres y aquellos que aspiran a ser directivos, a los cuales se les exige especializaciones o masters.

En tercer lugar, la participación política de los jóvenes suele ser bastante ingenua (… yo también tuve 20 años y participe en huelgas para apoyar a profesores expulsados de la “Nacho”). En general, los jóvenes son los más aguerridos “protestones”, pero en su ignorancia generacional terminan abogando por políticas laborales que suelen perjudicar sus perspectivas laborales (más que a cualquier otro grupo etario).

El ejemplo más conocido a nivel global tiene que ver con las elevadas contribuciones parafiscales-laborales, las cuales en Colombia todavía bordean el 50% sobre la nómina (incluso después del recorte de 13,5pp en los componentes de Icbf, Sena y salud de la Ley 1607 de 2012). Así, un empresario (especialmente de la franja Pyme) lo piensa mucho antes de contratar a jóvenes en sus nóminas a término indefinido, pues cualquier cambio bajista en el ciclo económico lo dejará no solo con ese elevado multiplicador laboral, sino también con los costos de despido (que son particularmente altos en Colombia vs. el resto de América Latina).
Dicho de otra manera, las supuestas políticas proteccionistas laborales terminan operando con un efecto boomerang sobre la porción que dicen querer ayudar. Esto es particularmente cierto en la franja de jóvenes en primer empleo o madres a las cuales se les quiere extender su período de maternidad paga (… donde la diferencia está en que los costos terminan asumiéndolos las firmas y no la tributación general de los países Nórdicos ricos).

Tal vez Francia sea el mejor ejemplo sobre lo que no se debe hacer en materia pública pro-empleo de los jóvenes. Como es bien sabido, en el año 2000 se adoptó la política de limitar la jornada laboral semanal a no más de 35 horas, con la ingenua idea de que las remanentes horas serían entonces llenadas por los jóvenes al prohibirse las “horas extras” (una forma muy francesa de “forzar la redistribución del ingreso”). Pero al no aliviarse las condiciones de sobreprotección de la contratación a término indefinido de esos jóvenes, el resultado ha sido que ellos tampoco consiguen empleo permanente. Se estima que las nuevas contrataciones de jóvenes son en un 90% de carácter temporal, dados los elevados costos de enganche y despido.

Infortunadamente, los jóvenes, desde la propia secundaria, se entrenan (en la UNES) como “protestones profesionales” y de allí han venido alimentándose los líderes de los partidos (con particular representación en el partido socialista de Hollande, ahora sustituido por la esperanza más centrista de Macron). Muchos de ellos viven de la ilusión de generar un nuevo “Mayo de 1968”, pero todavía sin sacar tiempo para analizar la desagradable matemática de la contratación laboral de jóvenes para las firmas francesas. Hasta el ídolo Thomas Piketty ha fracasado en su entendimiento de la problemática laboral francesa y le ha tocado al Premio Nobel Tirole hacer la tarea de explicarle que un abaratamiento de los costos de contratación-despido en Francia permitiría reducir la tasa de desempleo de los jóvenes de la franja 20%-30% hacia algo más razonable del 10%-15%.

Ojalá que Macron tenga éxito en su nueva tarea de emplear a los jóvenes, extender la jornada laboral y dejar en libertad al comercio francés de decidir si quiere o no trabajar los festivos. ¿Quién será el nuevo Macron en la Colombia del período 2018-2022 que evitará seguir encareciendo la jornada laboral, tal como acaba de ocurrir con la reversión del horario nocturno que concedió la Administración Santos II con tasas de desempleo urbano del 11%?