Analistas

La funcionalidad del Departamento de Planeación

Hacia finales del 2008, el Departamento Nacional de Planeación (DNP) celebró sus "primeros" 50 años y Anif se preguntaba si ellos ya habían sido suficientes para lograr impulsar la institucionalidad económica y social de Colombia (ver Informe Semanal No. 965 de Febrero de 2009). Claramente las auto-evaluaciones del DNP no constituían un buen referente para conocer sus verdaderos avances.  

Postulábamos entonces que probablemente había llegado la era de graduar al DNP como "el componedor y fiscalizador económico" del resto de los ministerios públicos, pasando a la etapa de fortalecer (por fin) la tecnocracia de lo que denominamos los "ministerios cenicientas" (incluyendo el de educación, la salud, el trabajo y el de transportes, principalmente). Así, el papel del DNP hacia el futuro debería concentrarse en la gestión-planeación de las entidades territoriales, especialmente ahora que ellas deben manejar crecientes recursos de las regalías minero-energéticas. Si el DNP asume ese nuevo papel institucional, dejaría de operar de "quinta columna", como hemos escuchado que está ocurriendo respecto a varios "ministerios cenicienta". En este sentido, cabe aplaudir los esfuerzos de la Administración Santos por fortalecer dichos "ministerios cenicienta" en materia tecnocrática, despolitizándolos, pero el DNP debe dejarlos crecer y concentrarse en ese otro oficio de carácter territorial.

A este respecto debe aprovecharse la Ley 1454 de 2011 (Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial), la cual ha asignado tareas precisas al DNP en materia organizativa y gerencial a nivel territorial. Por ejemplo, el DNP tiene tareas muy importantes por desarrollar en lo referente a la Comisión de Ordenamiento Territorial (COT; organismo técnico asesor), ejecutando su secretaría técnica. En particular, dicha Ley destaca: i) establecer las bases para el ordenamiento del país; ii) fortalecer la organización del Estado existente y la asociatividad territorial sin crear nuevas estructuras, lo cual implica trabajar en la Región como Entidad Territorial (RET) y también en las Entidades Territoriales Indígenas (ETIS); iii) promover alianzas y asociaciones; iv) promover la descentralización, según las competencias delegadas; v) propiciar la concertacion de políticas entre la Nación y regiones; y vi) definir el marco institucional para el ordenamiento territorial.

Otra amenaza a este fortalecimiento de los "ministerios cenicienta" proviene de la ley 1448 de 2011, a través de la cual se creó el Departamento para la Prosperidad Social (DPS). Esta entidad parece todo un DNP gerenciado desde la Presidencia de la República, pues es la entidad encargada de fijar políticas-planes-proyectos para la asistencia-inclusión social, con especial atención a las víctimas de la violencia. ¿Acaso no deberían ser fortalecidos directamente los diferentes ministerios de educación, agricultura, salud, trabajo y transporte-infraestructura para ejecutar dichos programas?

En materia de gerencia pública, la efectividad no puede radicar en "quitarle" funciones a los ministerios, salvo que se haya concluido que estas entidades (y su ineficiencia) definitivamente le pertenecen a la "clase política". Pero si "buen gobierno" significa poner a funcionar también al Ejecutivo, nos parece que dicho DPS sobra y, a cambio de ello, lo que debe hacerse es esa doble tarea que venimos reclamando desde el 2008: i) debe fortalecerse la tecnocracia a nivel de todos los ministerios (no únicamente en el MHCP); y ii) deben re-enfocarse los esfuerzos del DNP hacia la gerencia-planeacion de las entidades territoriales, las cuales son realmente débiles, con muy contadas excepciones.

En síntesis, la modernización del país implica fortalecer la capacidad tecnocrática y gerencial de los ministerios "del gasto" (o sea, acabar con los "ministerios cenicienta") y para ello se requiere crear una tecnocracia con ganas de permanencia en ellos, tanto porque sus labores son estimulantes, como porque sus sueldos son atractivos frente a los del sector privado. El DNP no puede ser el "único refugio" tecnocrático y sus labores deben re-enfocarse hacia el fortalecimiento territorial; de no hacerse, el DNP terminará por "castrar" la buena iniciativa de generar "buen gobierno" en dichos ministerios del gasto.