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Desempeño del sector turismo en Colombia

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Los atrasos en nuestra “agenda interna” representan un lastre para que despegue el turismo.

En términos económicos, el 2017 fue un año difícil para el país. Todo parece indicar que su crecimiento se habría ubicado en la parte baja del rango 1,6%-1,8% que hemos venido pronosticando, dado que el ISE del Dane recientemente señaló que la expansión del PIB-real del cuarto trimestre estaría bordeando solo un 2% anual (vs. el 2,6% que estábamos esperando).

Para este 2018, afortunadamente, hemos arrancado con un sesgo de pronóstico alcista por cuenta del positivo efecto que tendría la rebaja de la tasa impositiva para las empresas en los Estados Unidos y la buena dinámica global, tanto en Europa como en los países emergentes.

Ello podría llevarnos a elevar marginalmente nuestro pronostico del actual 2,3% en 2018 hacia el rango 2,5%-2,6%; esto en función de la sostenibilidad que muestre el precio Brent en el rango US$65-70/barril, lo cual solo se sabrá más adelante.

A nivel sectorial, el desempeño de la industria (-1,2%) y de la construcción (-0,5%) fueron decepcionantes a lo largo del 2017. Tal vez por esta razón la opinión pública ha volcado sus esperanzas sobre el sector turismo, el cual cuenta con buena prognosis para esta etapa del llamado pos-conflicto (… aunque la verdad es que también han arreciado los episodios de violencia por cuenta del recrudecimiento del narcotráfico).

Como veremos, tanto por la precariedad de la dotación de su infraestructura como por su bajo volumen, el sector del turismo está lejos de poderse convertir en una de las “tablas salvadoras” de la economía colombiana (ver Comentario Económico del Día 28 de septiembre de 2017).

El turismo ha mostrado una dinámica interesante en los últimos años, pasando de representar el 2% del PIB en 1999 a casi el 3% del PIB en 2017. No obstante, este desempeño dista de la dinámica que se observa en México (8%-9% del PIB) o Perú (6%-7% del PIB), países referentes en la región. Veamos esto con mayor detalle.

Durante 2017, Colombia recibió 5,8 millones de visitantes, mostrando un significativo incremento del 13,5% frente a los 5,1 millones del 2016 (ver gráfico adjunto).

Sin embargo, la cifra de turistas propiamente dichos (excluyendo a colombianos residentes en el exterior y personas provenientes de zonas fronterizas, en su mayoría venezolanos) tan solo bordeó los 3,2 millones en 2017, aunque esta cifra también arrojó un incremento del 9,9% frente a los 2,8 millones de un año atrás.

Esto nos lleva a concluir que si bien se tiene un rebrote del turismo en 2016-2017, sus niveles dejan mucho que desear. Por ejemplo, la relación Turistas/Población de Colombia es tan solo del 6%, mientras que la de México se acerca al 22% y la del Perú al 14%.

La brecha de Colombia respecto de los referentes globales de turismo es igualmente grande, pues esa relación Turistas/Población ha sido del 127% en el caso de Francia y del 165% en España.

Se dirá que esas son plazas maduras (lo cual es cierto), luego debemos compararnos, por ejemplo, con el turismo emergente de Tailandia. Pues bien, allí se observa que dicha relación Turistas/Población se acerca a 50% y, además, sus ingresos por turismo representan 11% de su PIB.

En cambio, los reintegros por turismo en Colombia apenas superan 2% del PIB y se teme que esta cifra este inflada por recursos del narcotráfico (como ha ocurrido desde hace décadas).

Mucho se ha hablado del potencial de Colombia para convertirse en un destino “exótico”, más ahora que el país ha entrado en la etapa del posconflicto. Allí se habla de: i) aprovechar la habilitación de zonas biodiversamente ricas para generar proyectos ecoturísticos y ii) el despegue de la industria aeronáutica para incursionar en nuevas rutas internacionales.

Sin embargo, los atrasos en nuestra “agenda interna” representan un lastre para tal fin.

En particular, la infraestructura de transporte enfrenta grandes retos, a saber: i) mejorar la infraestructura vial del país y articularla con los demás medios de transporte, donde los desafíos continúan siendo inmensos en los referentes del Túnel de La Línea (hacia la Zona Cafetera) y Ruta del Sol I-II (hacia la Costa Caribe); ii) fomentar la competencia en el segmento de transporte aéreo, lo cual debería traducirse en menores tarifas aéreas; y iii) continuar ampliando la capacidad y modernización aeroportuaria, donde cabe destacar los avances importantes en los aeropuertos de Bogotá, Cartagena, Santa Marta, Barranquilla, Cali y Bucaramanga (siendo este el sector más destacado en la provisión de infraestructura bajo las administraciones Santos I-II).

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